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Pedro Buc Calderón.  Vicerrector de Investigación e Innovación, UNAP Más de un año después de cuarentenas, avances y retrocesos de fase, y prolongación de... ¿Y después de la pandemia qué?

Pedro Buc Calderón.  Vicerrector de Investigación e Innovación, UNAP

Más de un año después de cuarentenas, avances y retrocesos de fase, y prolongación de un estado de emergencia que tensiona la institucionalidad jurídica y restringe libertades, una tensión social se instala progresivamente entre población y gobierno. La causa principal es la falta de comprensión de las medidas decididas por la autoridad. La población, acusada de irresponsable y desordenada, no hace más que seguir el plan paso a paso del gobierno con aperturas y cierres de bares, restaurantes, centros comerciales (ahora iglesias), inicio y suspensión de clases, ventas de artículos esenciales con definiciones cambiantes de lo que significa esencial, autorización de realizar solo labores críticas, dentro de ellas la construcción, etc.

Todo esto en medio de cacofonías y confusas explicaciones de ministros, uno renegando de sus responsabilidades y responsabilizando a padres y apoderados de enviar o no a estudiantes a clases, otro mezclando altisonantes frases de triunfalismo con denuncias de complot de la prensa internacional, otro simplemente acusando de flojera al magisterio, etc.

En este marco, las y los jóvenes en particular, están saturados de cuarentenas y toque de queda, porque sienten que los están despojando de sus años de juventud. No son sensibles al argumento de las medidas adoptadas, a saber, el indicador de hospitalizaciones, la saturación de camas en las unidades de cuidados intensivos, la dificultad de atención a pacientes no Covid, el apoyo necesario para el personal médico y paramédico que trabajan bajo tensión desde hace más de un año. La necesidad de reunirse en fiestas, playas y parques no debiera ser leída como un signo de ligereza ni de frivolidad.

También hay cientos de miles de jóvenes que se comprometen trabajando duro en esta pandemia. Como bien señalan algunos pensadores, la juventud es un período esencial de transición, donde las consecuencias de los errores no son demasiado graves. Es en ese momento cuando se descubre la sensualidad, la sexualidad, el amor, y se forman los ciudadanos del mañana. Por todo eso, la construcción de la personalidad necesita de interacciones sociales críticas para descubrir una sociedad en un estado de relativa irresponsabilidad pues saben que la clase política ya no tiene ideas a proponerles.

Para nosotros, autoridades universitarias esa juventud es nuestra preocupación. Vemos con preocupación que disminuyen sus asistencias a clases virtuales (es la segunda generación universitaria que no conoce los campus, ni a sus camaradas de clase), o peor aún, han terminado sus estudios sin saber donde trabajarán. Con esta juventud estamos comprometidos a generar conocimiento y desarrollar el territorio para hacer ciudadanía formando a quienes pensarán a Chile en lo social, en lo político y en lo económico.

En el intertanto una tensión social se instala progresivamente y aparecen signos de desobediencia civil cuya expresión más elocuente es la conducta “irresponsable” de la juventud. Pero este proceso ya existía desde el estallido social y la crisis Covid no ha hecho más que acentuarlo. En efecto, ella ha golpeado a la sociedad entera, incluyendo las/los trabajadores en industrias, servicios y hospitales, en el comercio, a independientes, a quienes evolucionan en el mundo de la cultura, a “emprendedores” del mundo neoliberal que sobreviven a duras penas trabajando en la ahora descubierta economía informal. Se ha ido produciendo una mezcla antagónica, y por ende explosiva, de resignación y enojo. Y la parte más difícil está por venir. Cuando las medidas de apoyo –bonos y otras ayudas- bajen gradualmente, y se regrese a la “normalidad”, nadie sabe a ciencia cierta cuál será la situación socio-económica de la mayoría del país.

Por el momento y para disminuir los efectos del encierro de cuarentenas prolongadas, las autoridades han establecido una política madrugadora de “vivir sano” para caminar, correr, andar en bicicleta, hacer gimnasia, etc., como si estas actividades (sin duda útiles y necesarias para una buena salud física y mental) pudiesen estar al alcance de la mayoría de la población que experimenta la angustia diaria de simplemente sobrevivir.

Por cierto, un día el virus será domesticado, pero durante este periodo se habrán consumido algunos miles millones de dólares provenientes de fondos individuales de las AFP, gastos necesarios para comer y pagar deudas. Chilenas y chilenos han gastado sus escuálidas reservas frente a un estado subsidiario indiferente, preocupado de “cifras de crecimiento” y sordo frente a los innumerables consejos de expertos y sociedades científicas. La pandemia ha ocultado lo que el estallido social del 18 de octubre ya nos había desvelado: el modelo chileno tenía pies de barro. La pandemia aumentó la destrucción del tejido social y económico con aumento de la cesantía y la desaparición de PYMES.

Como autoridades de una universidad regional y del estado nos gustaría generar mesas de trabajo reuniendo representantes políticos y sindicales, sociedad civil, mundo empresarial y privado, a un dialogo responsable para conversar y responder las siguientes preguntas: ¿Quién y cómo se pagará la deuda que se está acumulando? ¿Se realizará un pacto social y económico para abordar este tema? ¿Cuáles serán las medidas de recuperación económica? ¿Cómo se van a financiar estas medidas?

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