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Con la personalidad que lo caracteriza, acelerado y bueno para conversar, se mantiene el sacerdote Franklin Luza Zañartu, 70 años y párroco de hace... Con buen estado de ánimo y alentador pronóstico, trasladan a sacerdote Franklin Luza a Hospital de la Universidad Católica

Con la personalidad que lo caracteriza, acelerado y bueno para conversar, se mantiene el sacerdote Franklin Luza Zañartu, 70 años y párroco de hace tres de la Parroquia Santa Teresita, quien en las próximas horas será trasladado al Hospital de la Universidad Católica de Santiago. Allá recibirá un tratamiento especializado que le permitirá que una lesión en uno de sus tobillos que arroja una obstrucción vascular pueda ser tratada.

Franklin Luza, proveniente de una familia piqueña, es sacerdote hace 40 años, siendo ordenado en 1980, en la Catedral de Iquique.

“Uff, tantos años” -recuerda hoy-, cuando se prepara para iniciar este viaje a la capital y enfrentar el alentador tratamiento que recibirá. Desde el 18 de septiembre se encuentra hospitalizado en una clínica, manteniéndose siempre activo y siguiendo de cerca los temas clericales y de la contingencia. De hecho, lamenta que por su tema de salud y traslado, no podrá votar en el plebiscito.

Claro está, la salud está primero. Y este tiempo de reposo obligado, le ha hecho reflexionar también, en cuanto a la vulnerabilidad de las personas, especialmente cuando se avanza en edad; y más aún, en un contexto de pandemia. Y aunque él no tiene coronavirus, su padecimiento lo pone en ese escenario de la vulnerabilidad que enfrentan las personas que se enferman.

Aún así está optimista. Y para dar tranquilidad a sus feligreses y números amigos, contó que es lo que le sucede. Dice que presentó una pequeña herida en uno de sus talones, por lo que fue internado por un día, para un aseo quirúrgico. Sin embargo, la lesión era más profunda, por lo que fue sometido varias veces a ese procedimiento y la herida no sanaba.

Un examen más específico arrojó que tenía obstruida una arteria. Y la mejor solución es que se realice una intervención vascular focalizada que le permita la correcta irrigación. A eso viaja al Hospital Clínico de la Universidad Católica, decisión que tomó junto a su familia y la iglesia.

Está consciente que el “pie diabético” es complicado, pero al tener un diagnóstico claro y un tratamiento viable, sigue optimista y confiado en su pronta recuperación. Eso sin, señala, sin olvidar que ya tiene 70 años.

Un sobrino lo acompañará en el viaje que inicia este martes 13, desde clínica a Clínica, mientras que, en Santiago, lo esperan otros familiares.  “He tenido mucho apoyo de mi familia”, señala Franklin.

MENSAJE Y RECUERDOS

Antes de viajar le pedimos un mensaje a la comunidad y junto con agradecer las muchísimas muestras de cariño, señaló que “estamos en una situación de vulnerabilidad que hemos experimentado todos; algunos estamos más complicados, aunque no tengamos el virus. Por eso el llamado es a cuidarse”, señala, pero no sólo del virus, sino que de no enfermar.

“En mi caso, ya tengo 70 años, por lo tanto, es más complicado por un tema natural de la edad. Por eso creo que las personas mayores, deben cuidarse mucho y reconocer los riesgos a los que estamos expuestos”, señala Luza, siempre con el tono de voz que lo caracteriza.

Dice sentirse contento, pese a todo. Y más satisfecho aún por la tarea pastoral que realiza junto al mundo de los migrantes.

Recordó que una vez ordenado sacerdote y asignado cómo párraco de la  Catedral, fundó el Departamento Laboral, reconocido por la comunidad como Pastoral Obrera de Iquique. Eran años de dictadura donde establece vínculos con los sindicatos, entregando formación, capacitación y orientación. “Apoyamos a muchos sindicatos y también ayudamos a formar otros. Teníamos un pequeño pero gran equipo en el Departamento Laboral”.

Esta oficina realizó tras la recuperación de la democracia, un trabajo junto al PRAL, Programa de Retorno y Ayuda Laboral, orientado a las familias de exiliados que comenzaron a retornar de a poco, siendo pioneros en apoyar el surgimiento de pequeñas actividades comerciales y emprendimientos.

Destaca de esa época, las 11 escuelas de verano que se realizaron en dependencias del Colegio Don Bosco, con la participación de más de 450 participantes por año. Sin duda un hecho histórico.

TRABAJANDO CON MIGRANTES

A los años, en tiempos de monseñor Enrique Troncoso, ya fallecido, se le solicita que realice un trabajo pastoral con los migrantes. “En aquella época, empezamos a trabajar con migrantes peruanos,  y con ellos llegó también su fervor religioso al anda del Señor de los Milagros. Años más tarde también llegaron migrantes bolivianos. Dice el sacerdote que hoy la situación migratoria en Tarapacá es muy grave.

Por el año 2006, se abrió una casa de acogida para mujeres que se mantienen hasta hoy y con lleva por nombre “Casa de Acogida Monseñor Scalabini”, que recibe a mujeres migrantes en busca de trabajo. En esta época ya estaban adscrito a la Parroquia Emaús, en la población  Nueva Victoria.  La dirección actual del Centro de Atención el Migrante es Los Maitenes 1423.

El sacerdotes dice sentirse feliz por el trabajo hecho en pro de los migrantes. Incluso en la actualidad, pese a todas las dificultades, mantienen un comedor como parroquia,  con los aportes de la misma comunidad parroquial. Además, entregan aportes en alimentos no perecibles a la Casa de Acogida de la Mujer migrante, que funciona en José Joaquín Pérez 2146.

Añade Franklin Luza que hoy, el flujo migratorio está prácticamente descontrolado y piensa que sin una política global de gobierno, la situación recrudecerá. Eso sí, cualquiera intervención debe tener el componente humanitario.  Eso señala, no está en discusión.

Lo que espera ahora, es recuperarse pronto y volver a su diócesis para continuar con su trabajo pastoral. Y accedió a contar aspectos de su salud, para dar tranquilidad a las personas que están preocupadas por él.