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Romina Ramos Rodríguez, Investigadora Fundación Praxis Durante 27 días, y con un 80% de participación femenina, más de 700 trabajadoras y trabajadores del supermercado UNIMARC... Invisibilización de las trabajadoras: El caso de la huelga UNIMARC

Romina Ramos Rodríguez, Investigadora Fundación Praxis

Durante 27 días, y con un 80% de participación femenina, más de 700 trabajadoras y trabajadores del supermercado UNIMARC se mantuvieron en huelga. Sucursales cerradas en las ciudades de Arica, Alto Hospicio e Iquique, fueron la cara más visible de este conflicto que ha permeado los territorios del extremo norte en plena crisis sanitaria.

La movilización, por una legítima mejora de remuneraciones, se ha suspendido por artículo 342, que implica pausar las negociaciones por 18 meses. Sin embargo, su coyuntura ha puesto en la tabla local la importante participación laboral femenina en el sector de servicios. Por tanto, la empresa no solo deberá atender la reivindicación salarial, sino que también deberá promover un efectivo reconocimiento frente a la posibilidad de conciliar la vida laboral y familiar. Un reconocimiento del trabajo doméstico y de cuidados, que se traduzca en la implementación de diversas normativas y acciones que atiendan las históricas desigualdades materiales y de clase que afectan a las trabajadoras y sus familias.

De este modo, y mientras el conflicto se mantuvo en la contingencia nortina, con un tímido llamado al diálogo el CORE Tarapacá se pronunció sobre la falta de acuerdos entre la empresa y el Sindicato. No obstante, el telón de fondo es la precariedad laboral en las zonas extremas de Chile y el poco oficio de la política regional de cara a la defensa del mundo del trabajo. De hecho, las grandes empresas, que tiene sus intereses desplegados por estas zonas, durante décadas han ocultado categóricas relaciones de explotación y que han sido escasamente atendidas por las autoridades. Esta determinación, que ha moldeado relaciones de producción extremadamente asimétricas, muchas veces se articula mediante un complejo entramado de redes clientelares entre la política y el capital.

Como consecuencia, en el Norte Grande observamos el surgimiento de una clase trabajadora que se ha desarrollado en una creciente informalidad. Frente a ello, la pandemia viene a desnudar un dramático escenario: la precariedad en el empleo ha impactado a la sociedad en su conjunto, especialmente, a las mujeres trabajadoras. Este contexto se explica, dentro de otras cosas, por la escasa atención de las políticas públicas que permitan garantizar la inserción laboral femenina, atendiendo a las desigualdades de género en los distintos ámbitos del trabajo.

Un ejemplo paradigmático de lo anterior es la invisibilización del género en la Estrategia de Desarrollo Regional (EDR) de Tarapacá. De hecho, según un estudio realizado por Liliana Salazar (2017), Tarapacá ostenta la menor incorporación de la perspectiva de género en el diagnóstico y elaboración de la EDR, en comparación con otras regiones del país. Es decir, la EDR tarapaqueña se puede calificar como “ciega de género” y con evidente ideología patriarcal (Naila Kabeer, 1998). A saber, la EDR, lejos de constituirse como una guía que articule la promoción del trabajo local desde la perspectiva de género, ha sido la principal promotora en la construcción de un mercado del trabajo volátil, homogéneo y excluyente para las mujeres en su concepción de desarrollo.

Con todo, consideramos urgente que el Gobierno Regional de Tarapacá reconozca que el trabajo de las mujeres es fundamental para el desarrollo económico local, y que apoye firmemente las demandas de la clase trabajadora femenina movilizada. Además, es imperativo que en la nueva Estrategia de Desarrollo Regional se incorpore la perspectiva de género en su diseño, que involucre a las organizaciones feministas en su diagnóstico y en los respectivos instrumentos de planificación. Solo de este modo será posible desatender los intereses sesgados y a favor de lo masculino heredados de la EDR anterior, que durante 10 años ha reproducido un sistema de roles tradicionales, expulsando a las mujeres trabajadoras del beneficio y los recursos del desarrollo regional.