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Luis Espinoza Garrido, Periodista.- El alto número de enfermos por Covid-19, que nos ubica entre los países con mayor número de contagios en el mundo,... El fracaso de una errada estrategia que obliga a cambiar el rumbo

Luis Espinoza Garrido, Periodista.-

El alto número de enfermos por Covid-19, que nos ubica entre los países con mayor número de contagios en el mundo, es una muestra de la errónea estrategia asumida por el gobierno, la que sobrestimó su capacidad de gestión, así como las condiciones del aparato público de salud para enfrentar una epidemia de la magnitud como la que sufrimos. Es evidente que se cometió un error infantil al confundir los deseos con la realidad, en este caso, aprovechar la oportunidad para retomar el control del país y recuperar algo de ascendencia en la población para que el gobierno terminase su labor con un gran logro, parecido al que obtuvo con el rescate de los mineros de Copiapó. Ejemplo que torpemente algunos intentaron emular.

El gobierno, habiendo asumido correctamente que la epidemia, siendo un problema de salud pública,  se convertía en un tema político, estableció un extraño manejo basado en la gestión de dos gerentes, Piñera y Mañalich, quienes fallaron en cuestiones básicas como la construcción de escenarios o la disponibilidad de recursos y, lo sorprendente, no establecieron una correcta línea de alianzas, cuestión básica para enfrentar el problema con un amplio bloque político, desechando como potenciales aliados a quienes firmaron el Acuerdo por la Paz.

  1. Así, prevaleció el estilo gerencial en solitario y se cometió errores imposibles de revertir entre los que destacan:La permanencia del modelo económico como lo central. Aunque intenten desmentirlo, la prioridad del gobierno y los empresarios es la economía. No existe medida alguna que no vaya en tal dirección, se aplica totalmente la conocida premisa “toda crisis es una oportunidad”, lo que explica la entrega de millones de cajas con mercaderías destinadas a vigorizar la industria del alimento y la distribución, además de consolidar el esquema clientelar. Inclusive las actividades de fundaciones y ONGs supuestamente humanitarias que reciben una gran cantidad de dinero, constituyen un mero negocio.

El gobierno no quiere acudir a los fondos soberanos ni tiene pensado aumentar el endeudamiento porque no quiere bajar en las calificaciones elaboradas por los organismos dependientes del capital financiero internacional. Aparentemente, ello reduciría la inversión extranjera y complicaría el acceso al crédito en el exterior para el sector privado. Cuestión que es fundamental para la sobrevivencia del modelo neoliberal.

  1. No supera concepciones elitistas del manejo de crisis. El gobierno y el empresariado creen que el país debe ser conducido exclusivamente por la elite y que solo ella está facultada para tomar decisiones. Ante ello, toda cooperación se acepta a condición de que no se cuestione tal potestad. En este sentido, ningún otro sector puede aspirar a incidir en medidas que resuelvan los problemas, debido a que serán ignorados y considerados agentes de segunda categoría. Así, los integrantes de las mesas o comités instituidos, solo son asesorías, en el estilo gerencial, simples servicios externos.

Igualmente, insistir en simplezas como la alianza público privada, fue otro error, debido a que se comprobó que en el país solo el aparato estatal puede resolver una crisis de proporciones, la CPC juega a la filantropía corta, los grupos  financieros acomodan su gestión al aumento de utilidades y, al sector privado de la salud ni siquiera vale mencionarlo.

Además, la forma en que el gobierno maneja el hambre de la gente, fomentando el clientelismo, así  como la criminalización de quienes protestan por las ineficiencias, acusándolos de marionetas del narcotráfico, denota un clasismo que impide unificar el país en este duro trance. Tampoco ayudó la imagen de Piñera en una plaza Baquedano vacía, como burla a quienes se manifestaban en el lugar, el gesto presuntuoso del vencedor, parecido al momento en que Fujimori se retrató con los cadáveres de los ocupantes de la embajada  de Japón en 1997.

De la misma manera, la forma en cómo se deshizo de los ciudadanos bolivianos en Providencia, porque el vecindario no soporta a los rotos, como el abandono por un largo tiempo de los venezolanos que están fuera de la embajada de su país, después de utilizarlos, ratifica el racismo imperante.

Estos y otros tópicos convertidos en soportes ideológicos del empresariado y su gobierno, conspiran a favor de los sucesivos errores que se cometen a diario, agudizando la crisis sanitaria.

3. Ausencia de una política comunicacional dirigida a orientar a la población. La gran falencia del gobierno en este aspecto ha sido la absoluta incapacidad para diseñar una óptima estrategia comunicacional. El segundo piso aplicó un esquema conforme a una situación normal exacerbando la propaganda por encima del convencimiento y privilegiando la transmisión de mensajes intermediados por los órganos tradicionales. Nadie entiende qué se propone con el manejo de la crisis, siendo sobrepasado por el discurso opositor no estructurado, el que lo acusa de favorecer la economía por sobre la salud de las personas, permaneciendo a la defensiva en lo comunicacional, cuestión demostrativa de un punto débil que no puede resolver y agravado por las “piñericosas”. Además, con problemas para elaborar una narrativa nacional, con un discurso dirigido a la elite y otro para la gente común, de corte paternalista, como si la gente tuviese discapacidad cognitiva, siendo la subsecretaria Daza y la ministra Rubilar, quienes abusan de este estilo.

Por último, más allá de la forma y los cambios en el contenido del mensaje, es importante destacar que el gobierno tiene el monopolio de la información.  Increíblemente,  ha sido por los desaguisados como el de la “nueva normalidad” o el “retorno seguro”, la vuelta a clases, los datos de los fallecidos, los ventiladores chinos, el cafecito a distancia, los problemas con los alcaldes o la entrega de los paquetes de mercaderías, que el gobierno aparece perdiendo una carrera en donde corre solo.

4. Debilidad del equipo conductor. El estilo gerencial que concentra en el CEO la máxima decisión, juega en contra de un manejo criterioso que sume voluntades para enfrentar la epidemia. El manejo de una crisis de carácter nacional no es lo mismo a emprender negocios. El gobierno confundió dirección con control absoluto, así como cataloga a la fundada crítica con oposición obstruccionista y a las manifestaciones de protesta con terrorismo. Ante ello, olvida una lección de los propios manuales de liderazgo neoliberal, que personifican al jefe como un conductor que cohesiona. También, extraña el desacuerdo con los alcaldes gobiernistas quienes muestran alta fidelidad a Piñera, es la más palpable prueba de que se impone la lógica del estilo gerencial, la que exige obedecer sin espacio a opinar. Alrededor del reducido mando proliferan médicos, científicos, rectores de universidades, alcaldes, dirigentes gremiales, parlamentarios y otros, pero no son tomados en cuenta en las decisiones, algunos expuestos al ridículo, ya que se les considera solo si validan la conducción del gobierno.

5. No asoció cuarentena con tiempos políticos. El llamado aislamiento flexible se enmarcaba tras el objetivo político que buscaba un funcionamiento de baja intensidad que morigerara la expansión del virus y, a la vez, debilitara el impacto de la epidemia en la economía, lo que indicaba, simultáneamente, una vuelta a la normalidad por etapas, asegurando que el país nunca parase su funcionamiento, todo ello, complementado con un discurso exitista. Sin embargo, resultó un fracaso, porque el gobierno no mantuvo el control y Mañalich debió reconocer que las instrucciones oficiales no eran acatadas por la gente. Le pasó la cuenta el error cometido al precisar el objetivo político, ya que la ansiedad gubernamental no previó que el pináculo de la epidemia se retrasaba, por lo que actuó a destiempo lo que significa un fallo garrafal en el cálculo de los tiempos políticos para la aplicación de una estrategia, una cuestión de manual.

Hubo que dar un giro con justificaciones pueriles, pero hasta el menos avispado notó la caída, así, el gobierno perdió credibilidad, legitimidad y la ascendencia que había logrado acumular en el primer mes de la crisis epidémica. El anuncio de la entrega de paquetes de alimento no basta para cerrar una brecha tan grande, el reinicio de las manifestaciones sociales fue una de las consecuencias, la imposibilidad de llegar a un acuerdo nacional en el corto plazo fue la segunda. Hasta Insulza y Bachelet, adalides de los pactos con la Derecha, se dieron el lujo de ningunear a Piñera. El gobierno, por más que se esfuerza, comienza a perder la iniciativa y solo puede esperar que la pandemia aminore, porque en algún momento lo hará, para que en ese momento pueda aprovechar de reforzar su ofensiva, pero solo será propaganda.

6. Desconoce que la cuarentena es eminentemente social. Todavía no se comprueba que aquellos países renuentes a imponer una cuarentena vayan a tener un mejor desempeño económico que las naciones que si lo hicieron, ya que los tiempos de aislamiento son acotados y el impacto de medidas restrictivas intensas depende en gran medida de la fortaleza de toda formación económico-social. Pero existe consenso en catalogar una cuarentena como una dimensión específica de las relaciones sociales al interior de una comunidad. Este factor indica que en el caso del coronavirus el aislamiento se extiende más allá del área de la salubridad, ya que es político porque la actuación del Estado es fundamental, pero sobre todo es un fenómeno social y económico. Pero, inmerso en la lógica neoliberal elitista, el gobierno solo está preocupado en destacar los aspectos macroeconómicos de la sociedad chilena.

No dimensiona los alcances de la política económica en la cotidianeidad de las personas, en especial en los que sufren sus estragos, quienes son catalogados como fríos números de estadísticas. Además, la propaganda oficialista insiste en destacar un modo de vida reducido a las prácticas e intereses de quienes viven en el barrio alto santiaguino, lo que se impone culturalmente, desligándose del dramático escenario existente en el resto del país. La microrealidad de quien vive al día, o que llega a fin de mes recurriendo al endeudamiento y del que pierde el trabajo en medio de una crisis y comienza a pasar hambre, no puede ser dimensionada desde la elite, la que no entiende su impaciencia, menos sus actos de rebeldía.

Conclusión: El gobierno tiene problemas para cumplir el objetivo político consistente en usar la epidemia como instrumento de relegitimación. Es más, debilitó el bloque construido en noviembre pasado en defensa del modelo y, a pesar de los llamados a un Gran Acuerdo Nacional, solo puede aspirar a pactos acotados con los mismos de siempre que le permitan sobrevivir hasta que termine su mandato, pero en el marco de una gestión que se agota. Por lo tanto, el modelo continúa en alto cuestionamiento siendo poco probable que quienes concurran a un nuevo acuerdo, acepten transitar un itinerario sin cuestionar aspectos importantes de la gestión del gobierno, a menos que quieran autosuicidarse. El gran dilema de Piñera es tener que decidir entre la necesidad de cambiar el rumbo y la imposibilidad de hacerlo bajo el actual esquema.