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Iván Vera-Pinto Soto/ Antropólogo Social, Magíster en Educación Superior, Dramaturgo Tenía una cara  severa, sudada y cubierta de profundas grietas. Su cuerpo lucía cansado,... Un Canto por los Derechos de la Mujer

IVAN VERA-PINTO SOTOIván Vera-Pinto Soto/ Antropólogo Social, Magíster en Educación Superior, Dramaturgo

Tenía una cara  severa, sudada y cubierta de profundas grietas. Su cuerpo lucía cansado, encorvado y sofocado por el calor veraniego. Sus manos resecas y oscuras apretaban como tenazas un bolsón de lona. Saltaba a la vista que sus pies estaban hinchados de tanto caminar. Al encontrar asiento en el microbús, experimentó un gran consuelo que se reflejó en su piel de greda. Al observarla me pregunté si era una asesora del hogar, una vendedora ambulante o una dueña de casa. En todo caso, era una mujer de pueblo, como tantas otras que, día a día, se trasladan de un lado para otro para ir a trabajar, presumiblemente, sin saber que hoy, 8 de marzo,  es el día del acuerdo internacional que reconoce la igualdad de sexo como derecho humano fundamental y que, además, enaltece las luchas y la resistencia de la mujer.

Así como ella existen miles de humildes trabajadoras que cotidianamente enfrentan muchos trances y hacen lo increíble para mantener un hogar y construir un país digno donde vivir. Las hay artesanas, comerciantes, artistas, obreras y trabajadoras independientes, cuyas únicas herramientas de sustento son sus manos y su ferviente pasión por salir adelante en esta sociedad que no siempre se les presenta justa ni generosa para sus intereses y sueños.

En consecuencia, en el Día Internacional de la Mujer no basta regalar una flor o efectuar un “acto oficial” para reconocer su valía y aporte social, ni menos hacer un show público para endulzarlas  con banalidades o aburrirlas con discursos repetidos y poco sustanciales (tal como las autoridades acostumbran hacer en nuestro medio); por el contrario, es importante ofrecerle amor, respeto, solidaridad y apoyo, en especial a quienes lidian habitualmente por la igualdad, las reivindicaciones salariales, las libertades políticas y por los derechos humanos de los desposeídos.

Más que emitir expresiones rimbombantes y organizar agasajos efímeros que casi siempre terminan por negar los orígenes y la trascendencia en la historia de esta fecha, es imprescindible que la institucionalidad, las organizaciones sociales y las empresas inviertan mayores esfuerzos y recursos para mejorar sus condiciones de vida, sus posibilidades laborales, potenciar sus capacidades y conocimientos y, sobretodo, la dignifiquen como mujeres y trabajadoras. Esto se traduce, de manera concreta, en permitir a la mujer alcanzar logros en el trabajo y en su vida personal y social. Por ejemplo, tener acceso a la educación gratuita en todos los niveles, derecho a obtener créditos para sus viviendas, leyes que la liberen de la violencia y el reconocimiento como amas de casa. De igual modo, darles seguridad y salud, tal como a todos los trabajadores del país.

Estimo que si las autoridades y los entes públicos y privados quieren homenajear efectivamente a las mujeres chilenas, entonces deberían procurar respetar el derecho de la mujer a decidir sobre sus cuerpos y vidas; a tener la posibilidad de contar una canasta básica digna; que no le falte un empleo e ingreso justo; que tengan independencia económica para que no estén restringida al sueldo de un marido o una pareja; que los hombres asuman la paternidad responsablemente y sin hipocresía; que les permitan asumir la igualdad de género en el amor; que las jóvenes rompan todos los moldes preestablecidos de una sociedad consumista y hedonista; que tengan las condiciones necesarias para una vejez merecedora.

Aunque su vida la hayan dedicado a sus hijos y al hogar, que existan asilos de ancianas con recursos del Estado; que los gobiernos no la ofendan más con el asistencialismo, negándoles el derecho a un techo, alimentación, salud y educación; que los políticos se acuerden y hagan ciertas las promesas de campaña que benefician a las mujeres. También, es necesario que toda la comunidad no olvide que los 365 días del año hay una mujer trabajando para reproducir la vida, producir la tierra, mover las maquinarias, crear belleza, dirigir los equipos de trabajo y dispuesta a batallar para acabar con las desigualdades, injusticias, discriminaciones y manipulaciones que hacen los dueños del capital y del poder político. Sin duda, esta es la mejor forma de celebrar la existencia de la mujer y permitir que durante todo el año y todos los años ejerzan su dignidad y libertad. Este es el camino para espantar la tragedia social que se vive y el sendero para conquistar al territorio de la alegría entre los trabajadores de todos los géneros.

Al margen de lo anterior, debemos reconocer que el arte y la literatura, han sido las manifestaciones humanas que mejor han reflejado y revalorado el papel social de la mujer en diferentes situaciones históricas. Detrás de la esforzada piel de la mujer trabajadora hay muchos secretos que nos invitan a discurrir y que, básicamente, el poeta ha sabido develar con sus sensibles versos y su generoso canto. En esa corriente existen no pocos cantantes y compositores que han venerado con su propio verso a la mujer, con canciones que se vinculan con las voces contra la violencia y su emancipación. Como sabemos las mujeres han estado sometidas a diferentes tipos de opresión, algunas sutiles otras violentas, pero la lucha cotidiana de cada una de ellas y su unión ha permitido imaginar un mundo de esperanza para ellas y para todos los demás. Esta idea queda por lo menos  reflejada en las letras de las canciones de Amparo Ochoa, Violeta, Parra, Mercedes Sosa, Isabel Aldunate, Isabel Parra, Nacha Guevara, Lila Down, entre otras.

Asimismo, tenemos a trovadores como Silvio Rodríguez o Pablo Milanés, que incorporan a la mujer común y corriente como protagonista en sus repertorios. Por eso entonan: “Me estremeció la mujer del poeta, el caudillo. Siempre a la sombra y llenando un espacio vital” (Mujeres) o Rompe todos mis esquemas, no confiesa ni una pena, no me pide nada a cambio de lo que da. Suele ser violenta y tierna, no habla de uniones eternas, mas se entrega cual si hubiera sólo un día para amar” (El breve espacio en que no estás).

Antonio Tarragó nos describe a la indígena campesina explotada en la hacienda: “Mirar rasgado, patitas chuecas, María va, pisando penas, la arena ardiente. Calcina el monte un sol de fuego, María va, temor pombero, palmar estero, María va”. Julio César Pavanetti, en su loa a la mujer obrera nos vocaliza: Yo quiero cantarte a ti, silenciosa luchadora. Que te levantas la primera, al atisbar los rayos del sol. Mujer de mil nombres, de mil caras, de mil horas. Compañera en la lucha y con tiempo aún para el amor”. Suma y sigue: Víctor Jara, con “Angelita Huenuman”;  Luís Advis – Quilapayún, con “Vamos Mujer”; Susana Baca, con “María Landó”; Manuelcha Prado, con “A Oropeza” y muchos más.

En fin, creo que una de las formas más bellas y creativas de rendir tributo a la mujer es a través del arte y las canciones que testimonian el amor y respeto por aquellas que en su lucha plurisecular pugnan por participar en una sociedad en pie de igualdad con el hombre.

No obstante, creo que aquella trova que debiera ser himno de las mujeres es la que, a pesar de los años de dominación, aún se sigue levantando como una voz de protesta, de rechazo y que articula el gran anhelo político femenino en la emancipación de nuestro pueblo. Con todo, reitero, la forma de celebrar esta fecha no debiera obedecer a intereses propagandísticos electorales ni ambiciones de incrementos comerciales, sino a la liberadora idea de reflejar la convicción por alcanzar una sociedad nueva, justa, inclusiva y equitativa. Dejemos de lado la absurda y sensiblera práctica de los festejos dándonos abrazos y aplausos porque una mujer asumió un cargo de alto rango político en el gobierno. Es preferible elogiar en la lucha de todos los días por generar un movimiento emancipador, pues entendemos que la liberación y la equidad de género obedecerán a todo un proceso de transformación social y político profundo, el cual logre posesionar a la mujer como uno de sus principales agentes de cambio.