Edición Cero

Iván Valdés, Periodista  Máster en Relaciones Internacionales,  Máster en Estudios Latinoamericanos Me dirijo a usted, Renzo Trisotti, parlamentario UDI por Tarapacá, que intentó justificar su participación... Carta Abierta a Renzo Trisotti por su minuto de silencio a Pinochet

Iván ValdésPeriodista  Máster en Relaciones Interivan valdésnacionales,  Máster en Estudios Latinoamericanos

Me dirijo a usted, Renzo Trisotti, parlamentario UDI por Tarapacá, que intentó justificar su participación en el minuto de silencio a Augusto Pinochet en la Cámara de Diputados, como muestra de “tolerancia” y que –reafirmando aquello-  también había “participado” en el homenaje que se hiciera antes a las víctimas de la dictadura, en conmemoración del “Día Internacional de los Derechos Humanos”, el pasado 10 de diciembre.

¿Qué se puede decir de tanta ligereza?, ¿Qué perversión de la ética y la moral puede llevar a una autoridad del Congreso de la República como usted, a poner en la misma balanza a víctimas y victimarios? No señor, no puede haber tolerancia con la desaparición de personas, con el asesinato vil, el secuestro, con la tortura, con la prisión política y el exilio, menos aún si el criminal es el Estado. Si algo bueno tuvo el siglo XX, señor Trisotti, es que tras los horrores de las guerras mundiales, la humanidad se hizo intolerante a este tipo de crímenes. Aquí, señor Trisotti, la intolerancia es un imperativo ético. Porque tolerar el terrorismo de Estado, es dejar entreabierta la puerta para que esto vuelva a pasar.

Está bastante claro que la dictadura no fueron malos tiempos para usted. Se nota en su superficialidad, que por su alma el horror de otros chilenos no dejó marca. Pero, sólo como ciudadano, me tomaré la libertad de explicarle, muy a grosso modo por cierto, lo que usted está avalando cuando hace un minuto de homenaje al dictador más sanguinario que ha conocido la historia de nuestro país: 2.279 ejecutados políticos y 1.248 personas que aún se mantienen desaparecidas, como consta en el Informe Rettig; más de 28.000 torturados, como señala la Comisión Valech; más de 200.000 exiliados, como señala ACNUR; y más de 250.000 presos políticos, como acredita Amnistía Internacional y Naciones Unidas.

Tal vez para su dura sensibilidad, éstos hechos no sean más que frías estadísticas, así que me tomaré también la libertad de ponerle rostro e historia a una ínfima parte de estos datos. Quisiera contarle que hay tres diputados, como hoy lo es usted, que fueron asesinados por la dictadura a la cual usted rindió homenaje, me refiero a Carlos Lorca, Gastón Lobos y a Vicente Atencio. ¿No le parece, señor Trisotti, que hay algo de inconsistente cuando diputados de la República hacen silencio por quien no solo cerró el Congreso -como expresión misma de democracia- sino que asesinó a parte de sus integrantes por sus ideas?, ¿se puede ser tolerante con eso?

Pero quizás usted necesita mayor cercanía, dado que dice interesarse sobre todo por Tarapacá. Permítame entonces hacer sólo una pincelada de lo que ocurrió en estas tierras azotadas por la historia. Recordarle los cientos de detenidos del campo de concentración de Pisagua y los 20 cuerpos encontrados en una fosa común, el 2 de junio de 1990. Yo no puedo ser tolerante con esto. Recordarle sólo a algunos de los tarapaqueños asesinados por la dictadura de Pinochet, recordarle por ejemplo, a Michel Nash, a Juan Calderón, a Luis Lizardi, a Germán Palominos, a Rodolfo Fuenzalida, a Mario Morris, a Freddy Taberna y a Norberto Cañas, entre muchos otros.

Quisiera contarle que cuando aún era estudiante, la vida me llevó a conocer a la madre de Michel Nash, fue en una manifestación para hacer que Londres 38 -casa de detención, tortura y desaparición de chilenos que usted “tolera”- fuera reconocido como espacio de Memoria. Nunca olvidaré, Señor Trisotti, el dolor que ella transmitía en su abrazo, un dolor ocre, tembloroso, intenso, esa esencia que generan las heridas profundas que se resisten al tiempo. Tirito cuando lo recuerdo y la indignación con su irresponsable levedad me atraviesa el alma.

Qué lejos de personajes como usted, que hace gala de su tolerancia , qué tan lejos queda la digna intolerancia de otro hijo de Tarapacá, uno que siendo apenas un adolescente y realizando su servicio militar, se negó a acribillar a su pueblo y pagó con su vida por ello. Que distancia sideral, intolerable por esencia, entre un Trisotti que con su gesto avergüenza la dignidad humana, y un joven Michel Nash que se vuelve un ejemplo. Frente a esto, no me queda sino reafirmar, que para ser mejores, seremos como tú Michel, como tú Carlos, como Salvador, como Víctor, como Paulina, como José Manuel, como Tamara, como Santiago, como tantos y tantas, que sembraron con su sangre y corazones combatientes, una tierra de horror, para que luego floreciera la esperanza.