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Hasta en Perú se difundió la noticia -a partir de un reportaje publicado por La Tecera- en la que el senador Fulvio Rossi reconoce... Revuelo por declaraciones de Rossi tras reconocer que consume marihuana

Hasta en Perú se difundió la noticia -a partir de un reportaje publicado por La Tecera- en la que el senador Fulvio Rossi reconoce ser consumidor de marihuna. Una o dos veces al mes, fuma yerba, dice el parlamentario.  El tema generó diversas reacciones en las redes sociales.  También dice que no ha cometido delito -ya que el consumo personal no está penalizado- y que no cultiva ni compra en el “mercado negro”, la cannabis, sino que la adquiere gracias a la generosidad de algún amigo.  Rossi junto al senador Ricardo lagos Weber, presentarán la próxima semana, un proyecto para despenalizar el cultivo individual de la yerba.

Lea aquí la publicación del suplemento de La Tercera

Flavio Rossi llegó a Iquique desde su natal Carsi, en Génova, en 1948. Tenía 18 años y la ciudad le pareció horrible. “Todo tierra, las veredas de madera eran unas tablas, cuando lo vi casi me muero”, cuenta hoy con lo que aún mantiene de acento, sentado en un taburete floreado en la biblioteca de su casa, en el sector Península de Cavancha, en Iquique. Es la misma casa donde llegó en 1973, junto a su entonces esposa, Angela Ciocca, y sus hijos Fulvio e Irina. Allí los crió y desde allí cruzaba la calle con su hijo para ir a pescar a dos playas, que en realidad son unas pozas en medio de unos roqueríos, que sólo los iquiqueños antiguos llaman playas: Poza de los Caballos y Buque Varado.

Desde una terraza en el piso 22 del edificio Punta Cavancha, se divisa el frontis de la casa de Flavio Rossi y las dos palmeras que han crecido varias décadas en su patio. El balcón mira también a una profundidad turquesa de esa Poza de los Caballos. El senador Fulvio Rossi (41) eligió tener su departamento en Iquique, en la misma zona donde pasó su infancia y adolescencia.

“Hace unos 15 años mi papá empezó a producir cánceres distintos, primarios, donde la aparición de un tumor no es metástasis de otro”, explica este socialista que en los 90 estudió Medicina en la Universidad Católica y que luego se especializó en Traumatología. “Primero tuvo un melanoma maligno, que es un cáncer a la piel muy agresivo. Después, hace unos cinco años, le apareció un cáncer de páncreas. Después tuvo un cáncer de colon. Luego, un angiosarcoma, que es un cáncer de los vasos sanguíneos, y después otro sarcoma más. Los cinco cánceres han requerido cirugía, mucha radioterapia y quimioterapia”.

Los cánceres de Flavio Rossi ya están en etapa terminal. Los tratamientos que se le realizan apuntan a paliar el dolor y tratar algunos síntomas secundarios. La esperanza de vida de este hombre de 81 años es lograr la reelección como concejal en las municipales de octubre. “Hace unos cuatro o cinco años, uno de los doctores me dijo: La marihuana es buena para el cáncer -cuenta el padre del parlamentario-. Me dijo que de alguna manera aliviaba el dolor y también, según me explicó, no detenía, pero hacía que el proceso fuera más lento. Acá en Iquique, hace poco fui al hospital y le pregunté a la doctora. Ella me dijo: ‘Es bastante buena. ¿Y no me puede hacer una receta?, le pedí yo. Me dijo que no sirve de nada, yo le digo a usted que puede fumarla, pero la receta no es válida, no puede ir a la farmacia con ella’”.

¿Y usted fuma marihuana?

Sí, sí -dice Rossi papá-, desde hace unos cuatro o cinco años, cuando me la recomendó el doctor en Santiago. Tener un cáncer da cierta angustia y con la marihuana uno se siente aliviado; mentalmente, uno se siente mejor, con menos miedo, con más esperanza. Claro que no fumo acá en la casa. Más bien fumo en casa de amigos, porque mi esposa, ella dice que si no es legal no se puede.

Y luego, se ríe con la calidez de un octogenario que se acaba de dar cuenta que a su edad actúa como un adolescente que esconde su conducta de los padres.

 

Son las 9.30 de la mañana y el senador por Arica e Iquique Fulvio Rossi acaba de perder 6-1/6-2 ante su profesor de tenis, en una cancha de los suboficiales del Regimiento Carampangue, en Iquique. Hace un año y medio que el senador retomó el entrenamiento de este deporte que jugó tanto cuando chico que a los 12 años fue campeón regional y lo invitaron a formar parte de la escuela de talento deportivo. Pero como eso obligaba a que se trasladara a Santiago, sus padres no lo autorizaron. “Era muy chico para irme solo, me dijeron”.

Comenzaba la década de los 80 en Iquique. La Zona Franca llevaba un lustro de funcionamiento y la ciudad empezaba a percibir el impulso económico que provocó este régimen de exención arancelaria. Betamax, VHS, autos americanos se multiplicaron en los hogares de la ciudad antes de que llegaran siquiera a Santiago. Esa era la cara más amable del boom económico de la capital de Tarapacá. La cara escondida fue el ingreso de drogas. En la segunda mitad de los 80, Iquique y Arica ya se habían establecido como la puerta de entrada de la cocaína y pasta base elaborada en los países limítrofes. Y una cantidad significativa se quedaba en la ciudad antes de seguir rumbo a Santiago.

“Cuando yo tenía como 14 ó 15 años, se salía tarde aquí. Después de las 12 de la noche, íbamos a bailar a discotecas que empezaban después de las 2 am. Después se iba a otro lado, y a otro lado”, recuerda el senador. También recuerda que sus amigos comenzaron a fumar cigarrillos a partir de los 13 años, pero que el insistente consejo de su madre de que el tabaco era muy malo para la salud lo alejó de probarlo. “Afortunadamente -dice-, porque cuando empiezas a fumar antes de los 18 años, las posibilidades de seguir fumando cuando grande son muy altas”.

El problema más grave entre sus amigos comenzó un par de años después: “El acceso a drogas en la región era bastante fácil. Entre mis amigos varios comenzaron a fumar marihuana, pero lo peor fue los que iniciaron el consumo de pasta base y cocaína”. Y como si de improviso se hubiera puesto el delantal blanco, comienza a hablar el doctor Rossi: “La pasta base tiene efectos devastadores desde el punto de vista físico y sicológico. Hay estudios que demuestran que ésta, más que la cocaína, es altamente adictiva. Y el daño orgánico que genera es muy grande”. Luego, vuelve a la mirada del amigo: “Ocurrieron casos lamentables, gente que tenía una excelente situación económica por sus padres, que profundizaron el tema de la pasta base, y algunos en cocaína… Algunos se robaban el video de la casa para cambiarlo por pasta base. Unos repitieron de curso; otros, más adelante, simplemente dejaron el colegio… Terminaron mal, muy mal… Algunos terminaron pidiendo dinero en la calle. Mendigando”. También hubo los que lograron salir del pozo negro. “Pero perdieron como 10 ó 15 años de su vida. Unos se sometieron a tratamientos exitosos, otros encontraron la religión. También hay varios que no se recuperaron nunca”.

El senador viaja a Iquique casi todas las semanas. En la avenida peatonal Baquedano, varios de los que se le aproximan esta mañana de viernes le llaman, simplemente, por su nombre de pila: “Fulvio”. El camina como en casa y, por eso, de los amigos que peor terminaron por la adicción a la pasta base más de uno se le ha aproximado en la calle a pedirle ayuda. “Con muchos he conversado. Y a varios he intentado darles una mano. Con algunos me ha ido bien, con otros no. No es fácil. Conozco mucha gente a la cual la droga le destruyó su vida”.

En esos años, ¿usted alguna vez consumió pasta base?

No.

¿Y cocaína?

No.

¿Y marihuana?

La marihuana yo la probé tardíamente respecto de mi grupo de pares. La probé a los 18 años. Cuando estaba pasando a segundo año de Medicina, pero fue aquí en Iquique, cuando vine ese verano.

Sentados en el living de ese departamento en el piso 22, con vista al Pacífico, y que por el orden, los cuadros de Roser Bru y Duclós y la decoración funcional calza con lo que se define como departamento de soltero, y donde en su dormitorio hay sólo tres fotos -una de sus padres al casarse, otra de Salvador Allende y una de él mismo en una visita a Vietnam-, el Rossi doctor, el Rossi senador, el Rossi iquiqueño se funden para dar su mirada sobre el consumo de drogas:

-Ninguna droga es buena para un menor de edad. Ni el alcohol, ni el tabaco, ni la marihuana debieran ser consumidas por menores. Porque en esas edades se está forjando la personalidad, construyendo identidad y, en esa construcción, el adolescente es muy vulnerable. Entonces, las políticas públicas debieran tender a reducir al máximo el contacto de los niños con cualquier tipo de drogas. Ya después de los 18 años el asunto es distinto.

El senador recuerda que en sus años en la Universidad Católica, donde él también comenzó a dar forma a su carrera política -fue elegido presidente de la Feuc en 1993-, muchos de sus compañeros en Medicina fumaban marihuana. “Era más raro encontrar un estudiante que no fumara a uno que lo hiciera”, dice riendo.

El consumo de marihuana entre la población en edad universitaria triplica el promedio nacional, según el Estudio Nacional de Drogas en población general 2010 realizado por Senda, el organismo del Ministerio del Interior encargado de estos temas. En ese grupo etário, el menor consumo declarado de marihuana es de 1994, con 8,7%; el mayor, de 18,5%, en 2006.

En su paso por la Casa Central de la UC, Rossi dice que estudió el tema de la marihuana. “En Medicina me formé una convicción que me acompaña hasta hoy: no hay evidencia científica que sustente ni que genera daño ni dependencia, ni de que es puerta de entrada a otras drogas. Tampoco que se asocie con conductas ilícitas violentas. Otra cosa más, no hay ninguna persona que haya muerto por consumir marihuana que esté descrito en la literatura científica”.

En los documentos informativos de Senda, la postura oficial sobre la “droga más consumida en Chile” es que más allá de los efectos transitorios, el consumo prolongado puede provocar, entre otros cuadros, “síndrome amotivacional (disminución de la iniciativa personal), unido a una frecuente baja de la capacidad de concentración y memorización”. Entre los distintos folletos también se lee que para los pulmones es más dañina que el tabaco, en el sentido que “los fumadores de marihuana o hachís inhalan profundamente el humo sin filtrar y lo retienen en los pulmones tanto tiempo como pueden”. En cuanto a si es o no puerta de entrada a otras drogas, esos documentos señalan: “No todo usuario de cannabis experimentará necesariamente con otras sustancias más peligrosas, pero el riesgo existe”. Por último, dice: “Existen pocas posibilidades de sobredosis mortal por cannabis”.

El senador agrega un argumento más a su postura: “Acá hay una cosa bien esquizofrénica, porque hay un discurso público de cuestionamiento, de satanización, de persecución de una conducta que mucha gente realiza”. Y sin mediar, señala: “Hay que adecuar nuestra legislación a la realidad social. Hay un tema que tiene que ver con el ejercicio de la libertad de un adulto”.

¿Cuál es esa realidad social?

La realidad en Chile es que parejas de profesionales exitosos fuman juntos, adultos profesionales lo hacen. ¿Por qué la sociedad no se atreve a enfrentar esa realidad? Pero hay todavía un estigma, de que alguien pueda decir este es un tipo fracasado, un pobre diablo, un drogadicto… El término marihuanero ya es estigmatizador. Y eso no se ha abordado con seriedad, porque la Ley 2.000, la que tenemos, es, además, contradictoria, pues no sanciona el consumo personal, tampoco la tenencia y el porte para el consumo personal; sin embargo, sí el tráfico. Y uno se pregunta: si no está permitido el cultivo para consumo personal, ¿dónde si no en el mercado negro, en el mundo nefasto del narcotráfico, dónde si no una persona obtiene marihuana?.

¿Y usted fuma marihuana?

¿Si yo fumo marihuana? Sí.

¿Cuán a menudo fuma?

Una o dos veces al mes, más o menos fumo. Y nunca he sentido desesperación, ansiedad, nunca ha interferido con mi rendimiento profesional o intelectual.

 

En el casco antiguo de Iquique, esa zona de las casas altas, de madera, sin antejardín y con las ventanas con barrotes, en una de esas casas está Radio Paulina. Todos los días, el senador Rossi tiene un programa que se emite de 13.30 a 14.00. En vivo cuando anda en la ciudad, por teléfono cuando está en Valparaíso.

El primer día que lo acompañamos, unas tres horas antes de la primera entrevista con grabadora, él habla en su programa sobre el proyecto de ley del gobierno Fondenor -el que dará dinero a las comunidades mineras-. Su otro tema: las indicaciones que busca agregar a la Ley Antitabaco para endurecerla aún más. Ya en su departamento, él repara en que su postura abierta hacia la marihuana podría parecer discordante con su discurso restrictivo respecto del tabaco. “Alguien me dirá, pero si usted ha sido uno de los impulsores de la ley contra el tabaco y el alcohol; pero, yo no estoy diciendo que la persona no puede fumar. Lo que pretendo es conciliar el derecho del fumador con el del no fumador. Si a la marihuana se le diera el mismo trato, se le deberían aplicar las mismas restricciones que tiene el tabaco y el alcohol, de manera que los menores de 18 años no tengan acceso”.

Esa tarde, Rossi también contará que su madre murió cuando él tenía 17 años, a un mes de que él ingresara a Medicina en la UC, con el cuarto puntaje nacional de esa carrera. El cáncer linfático, Hodgkin, se le detectó seis meses antes y el entonces estudiante de cuarto medio se quedó con su hermana menor en Iquique al cuidado de una nana, preparándose para dar la Prueba de Aptitud Académica, mientras su padre y madre viajaron a Santiago para tratarse. Ella volvió en febrero. “Yo casi no me voy a estudiar Medicina a Santiago, porque sabía que ella iba a morir. Mi idea era congelar ese semestre, pero ella insistió en que fuera. Durante muchos años me condené y me sentí arrepentido por no haberme quedado con ella. Pensé que habría sido mejor para mí quedarme acá y verla morir. Y no que me avisaran un domingo por teléfono que ella había muerto. Fue muy fuerte (…). La muerte de mi mamá me podría haber llevado a mandar todo a la cresta. Pero, al contrario, me hizo reafirmar que me tenía que ir bien en la universidad. Mi vida, en general, ha sido súper intensa. Yo estudiaba mucho, trabajaba mucho y carreteaba harto también. Siempre me ha gustado salir, ir a bailar. Los políticos no acostumbran decirlo, porque tienen que aparentar que son bien portados, pero las cosas no son así. Yo siempre he sido bien responsable con lo que hago, con mi trabajo”.

Es mediodía de un viernes, y luego de recorrer la principal playa de la ciudad, Cavancha, Rossi dice que en las próximas semanas presentará un proyecto de ley respecto de la marihuana. Sólo para esa droga, pues “distinto es el caso de la pasta base y la cocaína. Hay personas que plantean que debieran legalizarse todas -con el argumento de la cantidad de recursos que se gastan en su combate y porque varios países han fracasado en esa lucha-, pero la cocaína y, especialmente, la pasta base tienen efectos devastadores desde el punto de vista físico y sicológico”.

En el texto de Ley 2.000 se lee que se permite el “consumo personal exclusivo y próximo en el tiempo” de marihuana. O sea, el consumidor puede tener dosis personales de cannabis sativa en su casa y fumarla solo. En ese caso, no hay sanción alguna. Las sanciones aparecen si: el consumo es con más personas; se portan pequeñas cantidades de marihuana en lugares públicos -calles, plazas- o privados, como restaurantes o estadios; y si se tienen plantas en una casa. En todos esos casos, la penalización varía entre 1 a 10 UTM; o trabajo comunitario o tratamiento obligatorio de rehabilitación. Si las cantidades de marihuana son consideradas para narcotráfico, aparecen penas de cárcel. El texto legal también hace referencia al consumo por indicación médica, permitiéndolo, aunque no indica cómo se puede conseguir.

Rossi explica que su proyecto será para la “despenalización del autocultivo. Hay que determinar el área que podría cultivar una persona para su consumo personal. También para permitir el cultivo con fines de comercialización terapéutica”. Está convencido, dice, de que hay que “introducir racionalidad en un debate que hasta hoy se trata como un tabú, pues mucha gente no se atreve a decir la verdad sobre cuál es su relación real con el consumo”.

Otros link sobre el tema

La Segunda

Radioprogramas del Perú

Radio Santiago

La Trinuna, Honduras

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