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Leonel Reyes Fernández, representante del Movimiento “También Somos Iglesia”, regional Iquique. La dimisión (retiro, abandono, expulsión) del estado clerical de Fernando Karadima Fariña representa,... Karadima: el ocaso de la impunidad protegida.

Leonel Reyes Fernández, representante del Movimiento “También Somos Iglesia”, regional Iquique.

La dimisión (retiro, abandono, expulsión) del estado clerical de Fernando Karadima Fariña representa, sin duda alguna, la caída del imperio de la impunidad de los abusos sexuales, de poder y de manipulación de conciencia de uno de los personajes más siniestros de la historia eclesial chilena. La dimisión de Cristian Precht Bañados está en la misma línea y faltan que otros abusadores sexuales -de esta casta sacerdotal- sean removidos de su condición ministerial, debido a los delitos cometidos y al daño irreparable ocasionado.

Estas dimisiones nos dejan aprendizajes y esperanzas: esta conquista se debe, en primer lugar, gracias a las valientes denuncias de víctimas directas –varones y mujeres- que se atrevieron a encarar a la jerarquía eclesiástica chilena, pese a la inercia, incredulidad e indolencia de las autoridades frente al clamor de las víctimas. Sin embargo, el afán de verdad, justicia y reparación; la perseverancia de limpieza interna de la iglesia; la fe en Jesús del evangelio, les llevaron a vivir este día de una buena noticia de la decadencia del imperio de la impunidad. Pese que el daño no se borra nunca, las víctimas se han organizado para expresar su resiliencia, sobrevivencia y defensa de sus derechos humanos. Un acto de gran heroísmo que ha permitido abrir las llagas del Jesús crucificado: “la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos” (Tertuliano).

Por otra, también es una conquista del incipiente movimiento de laicas y laicos indignados que se organizaron para realizar seguimiento y presión desde distintas diócesis lastimadas por abusadores, cómplices y encubridores. Hay que valorar y reconocer la tarea realizada por algunos medios de comunicación social. Sobre todo de aquellos medios –impresos y virtuales- que han confiado y han abierto sus espacios para publicar, informar y difundir notas, artículos, columnas, entrevistas relacionadas a estos temas afines. Sin el apoyo de estos medios, el laicado local y nacional estaría invisibilizado y sin incidencia en la opinión pública.

Uno de los desafíos más complejos y complicados: la co-existencia forzosa con un episcopado cuestionado y renunciado. Se perfila un laicado con una clara misión profética y apostólica que aún tiene mucho por hacer.

Finalmente, gracias a las determinaciones del Papa Francisco, se puso fin a un malestar generalizado de los bautizados por el catolicismo y por gente de buena voluntad que esperaba una acción concreta y ejemplarizadora contra los abusadores sexuales. Los obispos chilenos no tuvieron el coraje de ponerle el “cascabel al gato” por estar, ellos mismos, implicados con esta cultura del abuso y del encubrimiento. El tratamiento que los obispos chilenos dieron a los temas de los abusos sexuales, trajo sólo confusión, ambigüedad, complicidad, encubrimiento y dilación.

Sin embargo, esta dimisión  nos deja varios dilemas por develar y desafíos aún por abordar:

Primero, cuantos otros Karadimas viven en Chile en la impunidad del ejercicio sacerdotal y bajo la inmunidad jurisdiccional de ciertas diócesis y congregaciones religiosas, sumado a la protección particular de ciertos obispos. Karadima representa la punta del iceberg de una gran maquinaria perversa que se instauró por décadas en Chile. Por tanto, faltan otras regiones, faltan otras diócesis por des-cubrir y denunciar a los abusadores sexuales, aún protegidos y blindados por la defensa corporativa clerical. Incluso muchos abusadores vivos –y otros ya muertos- están conociendo el ocaso de este imperio inmoral, antiético y criminal. Es cuestión de tiempo y paciencia, pero todos deberán responder ante la justicia, incluyendo a cómplices y encubridores. No olvidar: a seguir denunciando!!!…

Segundo, vivimos el mundo al revés. La jerarquía eclesiástica chilena –en la persona del Sr. Ricardo Ezzati- aparece limpiando imagen y responsabilidad de los hechos, haciendo “leña del árbol caído” al emitir el comunicado de la dimisión de Fernando Karadima Fariña. Se excluye de responsabilidades ejecutivas y administrativas, haciendo aparecer que ellos –Cardenal y obispos- no han tenido nada que ver con las atrocidades cometidas por Karadima. El Sr. Ricardo Ezzati quiere conservar su cargo y quiere complacer al pueblo. Se lava las manos cual Poncio Pilato. Desde hace rato el Sr. Ricardo Ezzati perdió la credibilidad moral y ética sobre estos temas. Por lo demás, ridiculiza y ofende a sacerdotes, religiosos, diaconos, laicas y laicos que trabajan incansablemente por sostener la institucionalidad eclesial dañada. Debe irse, ya!!!

Tercero, una cosa es la determinación canónica o eclesiástica, pero otra es la justicia civil. Este último, el Ministerio Público –a través de sus unidades especializadas- está trabajando incansablemente para trasparentar la verdad y aplicar justicia donde corresponda. Un reconocimiento particular para todo su equipo de abogados e investigadores por la ardua tarea de hacer prevalecer el imperio de la ley y por el momento histórico que le corresponde actuar. Por otra, de aquí en adelante, las víctimas –y sus familias- en su justo derecho interpondrán procesos de querellas civiles contra los abusadores, y lo más probable contra la institucionalidad eclesial, por la responsabilidad corporativa que les quepa.

Cuarto y último: está en ciernes un cisma eclesial de grandes proporciones. La historia de la Iglesia contiene diversos sucesos de divisiones, ruptura y separaciones en estos 2018 años. Muchas las razones doctrinales: por herejías, por apostasía. Muchas las fundamentaciones históricas y sociales: por concepciones teológicas, por cosmovisiones culturales, por conquistas territoriales, por simonía, entre otras.

Hoy, en pleno siglo XXI, la paradoja inesperada: por corrupción y delitos contra los derechos humanos de niños, niñas, adolescentes y jóvenes.

Pero a pesar de todo, todavía “Otra Iglesia es posible”!!!…