El «pathos» como campo de batalla: Cerimedo, Kast, las granjas de bots y la subjetividad neoliberal
Opinión y Comentarios 28 agosto, 2026 Edición Cero 0
Ricardo Balladares C., Sociólogo.-
Hace unos días, la detención en Bolivia del consultor político argentino Fernando Cerimedo sacudió los cimientos de la política latinoamericana. Si bien nadie tenía duda de la manipulación cognitiva procesos electorales, tampoco teníamos pruebas. Pero hoy eso se terminó. No solo por la gravedad de los cargos que se le imputan —intento de femicidio— sino porque el allanamiento de sus propiedades reveló lo que muchos sospechaban, pero pocos podían probar: una «granja de bots» operando en el corazón de las campañas electorales que han reconfigurado el mapa político de la región.
En Chile, el caso ha generado especial conmoción. Cerimedo, quien se jactaba de manejar miles de cuentas falsas para «mentirle al algoritmo», participó activamente en los procesos constitucionales que marcaron un antes y un después en nuestra historia reciente. Su agencia Numen elaboró encuestas cuestionadas que proyectaban un triunfo del Rechazo, trabajó con el comando de Sebastián Sichel y, posteriormente, con el equipo que llevó a José Antonio Kast a la presidencia. Hoy, dos de sus colaboradores más cercanos se desempeñan como jefes de asesores en La Moneda.
La pregunta que ha dominado el debate público es obvia ¿Cómo es posible que un operador de estas características haya podido influir en las preferencias electorales de millones de chilenos y chilenas? Las respuestas han apuntado, con razón, a la capacidad técnica de las granjas de bots para amplificar artificialmente ciertos mensajes, instalar hashtags en tendencia y generar una apariencia de consenso o rechazo social mucho mayor que la espontánea. Se ha hablado de manipulación cognitiva, de desinformación, de la fragilidad de nuestras democracias liberales frente a la manipulación de preferencias con última tecnología.
Sin embargo, me permito disentir respetuosamente del énfasis de este diagnóstico. No porque sea falso —es evidente que las granjas de bots y la manipulación algorítmica existen y son un problema grave— sino porque es incompleto. Centrar la explicación en el instrumental técnico de la manipulación es como explicar la eficacia de un discurso de odio por la calidad del altavoz que lo amplifica, Se describe el medio, pero se elude el mensaje que lo hace posible.
Mi actual investigación en el marco del Magíster en Sociología de la Universidad de Valparaíso sostiene una tesis distinta. La manipulación digital no sería efectiva si no existiera un «carácter social» predispuesto a recibirla y reproducirla. Dicho de otro modo, las granjas de bots no crean el miedo, el resentimiento o la sensación de desprotección; lo que hacen es capitalizar un «pathos» —un sufrimiento sistémico— que ya estaba allí, incubado por décadas de neoliberalismo.
Erich Fromm, en su estudio sobre el ascenso del nazismo en la Alemania de 1932, formuló una pregunta que resuena con inquietante actualidad ¿por qué sectores cuyos intereses materiales se verían perjudicados apoyan masivamente a quienes los dañan? Su respuesta fue el concepto de «carácter social» (Sozialer Charakter). Entendido este como una estructura síquica compartida por los miembros de una misma clase, moldeada por las condiciones de vida, que orienta sus acciones y afectos. El voto no es un reflejo mecánico de la posición de clase, sino el resultado de una mediación sicosocial profunda.
En el Chile contemporáneo, propongo que ese carácter social adopta la forma del Homo patheticus. Una subjetividad marcada por el miedo a la incertidumbre, el resentimiento ante las promesas rotas de movilidad social, el afecto de desprotección —la experiencia de que nadie, ni el Estado ni la comunidad, va a proteger al individuo— y, en una dimensión más oscura, el «goce paradójico del poder» que el lacaniano Jorge Alemán (2026) describe como la satisfacción paradójica que obtienen los sujetos al identificarse con líderes que humillan a los “enemigos del pueblo”, que muchas veces suele ser el pueblo mismo.
Esta subjetividad política no es un producto de la manipulación digital, sino un efecto estructural del modelo económico que hemos construido. La informalidad laboral, el endeudamiento masivo, el emprendimiento forzado, la segregación urbana y la pérdida de cohesión comunitaria no son fenómenos colaterales del neoliberalismo, sino su expresión más genuina. Lo que las plataformas digitales y los operadores como Cerimedo hacen es sintonizar con ese «pathos» y amplificarlo, convirtiendo la sensación de incertidumbre —real o subjetiva— en el principal dispositivo discursivo de las nuevas derechas.
Este fenómeno encuentra, también, una caja de resonancia conceptual en lo que Boaventura de Sousa Santos denominó «fascismo societal» (2005). A diferencia del fascismo clásico, que requería un golpe de Estado para tomar el poder, el fascismo societal se construye de abajo hacia arriba, se instala en la vida cotidiana sin necesidad de suspender la democracia formal. Es un régimen civilizacional que fomenta la democracia hasta que pierde su utilidad como arma en contra de los oprimidos y explotados. El fascismo de la inseguridad e incertidumbre, una de sus modalidades, manipula la vulnerabilidad de grupos precarizados para inducirlos a aceptar grandes sacrificios en nombre de pequeños avances.
En este escenario, la batalla no es solo algorítmica, sino existencial. No se trata de desmontar granjas de bots —tarea necesaria pero parcial— sino de desmontar el «fascismo societal», ese “pathos” que les da sentido. Mientras la desprotección, la precariedad y el resentimiento sigan siendo la experiencia cotidiana de millones de chilenos y chilenas, siempre habrá un Cerimedo dispuesto a capitalizarlos para venderlos al mejor postor. Y su manipulación será efectiva, no por la sofisticación de sus algoritmos, sino porque encontrará un «carácter social» predispuesto a recibir y reproducir su mensaje de orden, certeza y castigo al enemigo.
Cerrar esta brecha no es tarea de una investigación sociológica, sino de una política que, por ahora, parece haber clausurado todas sus vías de transformación. Pero al menos, desde la academia, podemos empezar por nombrar el problema correctamente.
Referencias y bibliografía
Adorno, T. W., Frenkel-Brunswik, E., Levinson, D. J., & Sanford, R. N. (1965). La personalidad autoritaria. Editorial Proyección.
Alemán, J. (2026). Neoemperadores. El goce del poder. NED Ediciones.
BioBioChile. (2026, 27 de agosto). Tras caso Cerimedo: qué son las granjas de bots, cómo operan y por qué es tan difícil rastrearlas. https://www.biobiochile.cl/noticias/bbcl-explica/bbcl-explica-notas/2026/08/27/tras-caso-cerimedo-que-son-las-granjas-de-bots-como-operan-y-por-que-es-tan-dificil-rastrearlas.shtml
El País. (2026, 25 de agosto). La polémica huella en Chile de Fernando Cerimedo, el exasesor de Milei detenido en Bolivia por intento de femicidio a su expareja. El País. https://elpais.com/chile/2026-08-25/la-polemica-huella-en-chile-de-fernando-cerimedo-el-exasesor-de-milei-detenido-en-bolivia-por-intento-de-femicidio-a-su-expareja.html
Fromm, E. (2012). Obreros y empleados en vísperas del Tercer Reich. Fondo de Cultura Económica. (Trabajo original publicado en 1932)
Santos, B. de S. (2005). La emergencia del fascismo societal. En Reinventar la democracia. Reinventar el Estado (pp. 53-62). CLACSO.
The Clinic. (2026, 27 de agosto). Diputado Winter (FA) oficia a director de la Secom, Felipe Costabal, por eventuales vínculos con Fernando Cerimedo, «el rey de los trolls». The Clinic. https://www.theclinic.cl/2026/08/27/diputado-winter-fa-oficia-a-director-de-la-secom-felipe-costabal-por-eventuales-vinculos-con-fernando-cerimedo-el-rey-de-los-trolls

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