Edición Cero

Pedro Oróstica Codoceo.-  No ha sido fácil  construir la nota a partir de esta viñeta.  Quizás por el hecho baladí  de haberla encontrado  fortuitamente... De Iquique a Punta Arenas: Una viñeta para la Comunidad Yámana

Pedro Oróstica Codoceo.- 

No ha sido fácil  construir la nota a partir de esta viñeta.  Quizás por el hecho baladí  de haberla encontrado  fortuitamente en una feria de cachureos. Pero, hay algo más aparte de eso. Y  son los datos que aporta y, consecuentemente, las implicancias históricas, lingüisticas, antropológicas, entre otras variables que se reviven. Las fuerzas que tironean desde su memoria  no son menores. Lo más fácil sería  pensar que nunca la encontré. No obstante y, a pesar de los fuertes y opuestos intereses en juego,  hago llegar al conocimiento pública, lo que me parece  pertinente.  Luego de investigar al respecto.

Hallé  lo que ha  permanecido como leyenda por más de medio siglo en los anaqueles de la burocracia centralizada o en bibliotecas privadas. Un grabado  oficial que, lejos de invitarnos a revivir violencias pasadas, se presenta  como argumento moral y jurídico inapelable en ámbitos de desencuentros históricos. Cuestión de por si  embrollosa. Especialmente por los hechos, muchas veces  ignominiosos practicados con estas milenarias culturas, hoy prácticamente desaparecidas. Y sobre lo cual existe contundente material bibliográfico nacional e internacional al respecto.

El documento en cuestión, como puede constatarse, pertenece a la extinta Corporación de la Reforma Agraria (CORA) y lleva la firma del funcionario estatal, arquitecto y naturalista don Álvaro Barros.  El título que se lee, “MAPA DE ACUERDO CON LA TOPONIMIA PRIMITIVA YÁMANA Y DE USO HABITUAL EN EL ÁREA”, constituye una Declaración de Principios Geopolíticos y Humanos difícil de ignorar. Fechado en septiembre de 1967, año  marcado por la tensión fronteriza del Canal Beagle. El hecho es que, el mapa al cual pertenece esta viñeta, no es fácil  ubicarlo oficialmente para ser dispuesto como evidencia.

Esto, quizás, por el  estricto y contradictorio valor documental que se suscita junto a los respectivos argumentos de las partes implicadas. Pero, en cuanto  a lo que se tiene a la vista,  vemos  que encabeza la lista de colaboradores,  el nombre de D. Felipe Alvares, Yagán, de Uquika. Por cuanto, lejos de aislarse este conocimiento primigenio, el documento  plasma un esfuerzo colectivo que no todo el mundo quisiera rescatar. Es así que, junto al linaje ancestral de don Felipe, se valoriza a los pioneros civiles  mencionados y que  hacían patria en las fronteras más hostiles del archipiélago.

Así tenemos a: D. Eduardo Mansilla (Puerto Eugenia); D. Luis Villarroel, (Isla Picton, C. Piedras); D. Santos Riquelme, (Puerto Toro); D. Gumercindo Aguilar, (Isla Lennox, Caleta Brito) y D. Onofre Miranda, (Isla Nueva, C. Las Casas). Estos hombres no aportaban lenguas originarias, sino las experiencias descarnadas del ovejero, del lobero y del marino criollo.  Que aprendieron  dónde el mar habitualmente permitía encallar, dónde buscar abrigo contra el viento y cómo nombrar la vida cotidiana. Es decir,  la aplicación de la ciencia ancestral de los originarios. Hoy reflotada por los investigadores.

Esta viñeta que se publica para conocimiento transversal,  pertenece a un  mapa que muy probable, se archivó como un insumo técnico de escritorio. Fue señalada su existencia, en un momento,  por don Mateo Martinic,  No obstante, esas copias terminaron como reliquias nostálgicas en libreros privados de cualquier parte, incluido en el mismo extremo sur de Chile. Cuestión  que hasta el día de hoy, debe despertar congoja en las instituciones del Estado. De ahí que, lo llegado a mis manos de forma fortuita, trae involucrado un  precepto: ser devuelto a su legítimo territorio.

Lo expuesto permite inferir la existencia del mapa completo en alguna biblioteca privada o en los estantes de la DIFROL o del ANAD. En consecuencia, la finalidad de darla  a conocer  es  hacer llegar un bálsamo cultural reivindicativo, para  esos 1.600 hombres, mujeres, ancianos, niños,  que hoy habitan  en Navarino.  Y cuenten  con este respaldo estatal histórico, si es que no lo poseen. Ya se dijo, si existe la viñeta existe el mapa. Con esta cartografía se fortalecen argumentos, que desde la simpleza de mi análisis, daría mayor pie a la reivindicación que corresponde.

De acá, por cuanto,  debe surgir el  reconocimiento por humanidad por parte del Estado. Reconsiderar la necesidad de reparación para estos sobrevivientes; todos chilenos. La historia es severa al señalar que en menos de un siglo fue extinguida su cosmovisión  de miles de años de antigüedad. Las últimas hablantes y conocedoras de esa toponimia, Cristina Calderón, considerada Tesoro Vivo de la Humanidad, y Úrsula Calderón,  están  fallecidas. También  Martín González Calderón, el gran navegante yagán, cuyo nombre honra hoy con justicia al Museo Territorial de la zona. 

La idea y conjetura final, entonces  es: si existe esta viñeta  – a la vista de todos –  también existe ese relevante mapa con toponimia yámana,  tal como fue  firmado ese 18 de septiembre de 1967.  Esto, en tiempos en que  era presidente del país don Eduardo Frei Montalva y se sitúa este trabajo de la CORA. En consecuencia, ya no es  un papel viejo sin valor. Se transforma  en una evidencia, la cual demuestra que, mucho antes  que se ejerciera el ‘sacro’ desarrollo económico, ya le habían puesto nombre a cada isla, rios, bahías, penínsulas,… del fin del mundo, dejando su huella imperecedera desde la ancestral Uquika.

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