Edición Cero

Mario Zolezzi Velásquez, Historiador y cronista.- Hace muchísimos años, revisando el Archivo Intendencia Tarapacá, en un libro de oficios recibidos de 1907, me encontré... Huelga pampina (1907) Carta privada del presidente de Combinación Salitrera al Intendente (s) de Tarapacá

Mario Zolezzi Velásquez, Historiador y cronista.-

Hace muchísimos años, revisando el Archivo Intendencia Tarapacá, en un libro de oficios recibidos de 1907, me encontré sorpresivamente entre medio de la correspondencia con un documento suelto, doblado. Lo abrí, se trataba de una carta de una sola hoja, papel grueso, manuscrita, letra gruesa, tinta negra. Arriba dice avisando » Privado».

La dirige W. Hardie al Intendente interino Julio Guzmán García. Quién quien la enviaba era el máximo dirigente de la Combinación Salitrera y a su vez de la Asociación Salitrera de Propaganda. La misiva es de fecha 16 de diciembre de 1907, mientras se desarrollaba la huelga pampina que se iba extendiendo por las salitreras, teniendo eco en los gremios iquiqueños. En esa carta el influyente Mr. Hardie hace una sugerencia muy especial en favor de los intereses salitreros.

El documento señalado es escasamente divulgado por conocidos historiadores que han tratado ese formidable movimiento obrero. El texto de esa carta con carácter «privado» es el siguiente:

Privado

Señor Julio Guzmán García

Presente

Estimado amigo

Se va a mandar un telegrama del Comercio de Tarapacá al Presidente de la República declarando que cree que la única solución para la actual situación es de dar al país una moneda de oro y plata de valor fijo, aunque sea de un valor menor por la Conversión. «

Si Ud. puede leer ese documento a los rotos esta tarde y decirle algo en el sentido probablemente se daría curso a la idea y tal vez se contenten y vuelvan a sus tareas…  «

Su amigo

W. Hardie

Como se puede observar es el grado de amistad de Mr. Hardie con la autoridad provincial subrogante, que se toma la libertad de hacerle esa recomendación indebida, que más parece una orden, reflejo de la prepotencia de ese súbdito del imperialismo inglés, que tenía una influencia potente en el comercio, industria salitrera, y sociedad.

No sabemos si el Intendente Guzmán García cumplió con esa recomendación, sin embargo, éste veía que era muy difícil que esa propuesta convenciera a los huelguistas a regresar a sus Oficinas, cuando el movimiento cada vez tomaba mayor fuerza, aumentando la preocupación de autoridades y salitreros. El Comité pampino sabía defender las demandas de sus compañeros de trabajo para dejarse seducir por lo señalado por el salitrero británico.

Precisamente, tal como lo había indicado Mr. Hardie al Intendente Guzmán García, el mismo día 16 el Comercio e Industria envió un cablegrama al Presidente Pedro Montt, expresando su profunda preocupación por la difícil situación económica y social que existía en la provincia, por la crisis manifestada por la creciente depreciación del valor del papel moneda frente a la libre esterlina. Solicitan un circulante de oro de un valor fijo cualquiera que sea que el consultado por la Conversión.

Esta apremiante petición empresarial local luego fue contestada por cablegrama del Jefe de Estado, reconociendo la gravedad económica que vivía el país, que se hacían esfuerzos para enfrentarla, y concordaba la necesidad de tener una moneda fuerte, que aún no se concretaba. Se trataba restablecer el régimen metálico a base del peso oro, dando estabilidad al cambio internacional, reemplazando al inestable régimen del papel moneda. La respuesta oficialista era insatisfactoria para la urgencia en esos dramáticos días.

Entre tanto, la autoridad provincial interina, un joven abogado secretario de la Intendencia, mientras el Intendente titular se hallaba en Santiago, haciendo uso de su feriado legal, pronto por regresar a Iquique, quedó encargado de iniciar conversaciones con los dirigentes pampinos.  Y así como estuvo a punto de lograr un acuerdo provisorio entre ambas partes, con una tregua de ocho días.

Ese sorprendente acuerdo consistía en que los huelguistas pampinos suspendían su movimiento por ese tiempo y retornaban a sus faenas, dejando comisiones para solucionar el conflicto con los representantes de los patrones.

Para que esa tregua fuera atractiva, se aseguraba que, si dentro de esos ocho días de la tregua ambas partes no habían arribado a un acuerdo definitivo, el Intendente interino se comprometió a ponerle trenes a los pampinos para bajar a Iquique, reanudándose la huelga.

El plazo de esa tregua era largo, calculado para que los huelguistas abandonaran la ciudad, dando tiempo para la llegada de más tropas del Ejército y buques de guerra, reforzando a las patrullas militares desplegadas en la Pampa.

La audacia de la autoridad provincial subrogante fracasó con el indignante episodio de los carros planos para transportar a los operarios a sus Oficinas. Los pampinos continuaron en la ciudad. Recibieron la adhesión de todos gremios locales. Iquique quedó paralizado. Continuaba llegando trenes repletos de huelguistas, otros a pie. El Intendente suplente fijó la Escuela Domingo Santa María como residencia para los trabajadores en huelga.

En el tiempo en que Guzmán García estuvo a cargo de la Intendencia, contó con la asesoría de dos colegas, Santiago Toro Lorca y Antonio Viera Gallo.

El 19 de diciembre arribaba el Intendente titular Carlos Eastman, además del Jefe de la Primera División, general Roberto Silva Renard, el del Estado Mayor, Sinforozo Ledesma y el Prefecto de Policía, Oscar Gazitua. Al Intendente Eastman y el General le corresponder poner fin cruentamente la Huelga de los 18 peniques, cuyo petitorio quedó bañado en sangre en la Escuela Domingo Santa María, el funesto 21 de diciembre de 1907.

La mencionada pone de manifiesto la influencia de los salitreros sobre esa autoridad provincial subrogante, abrumada por los acontecimientos que se iban precipitando vertiginosamente, cuando en esos momentos en la ciudad había solamente autoridades internas. Y para concluir este artículo hay que referir que Julio Guzmán García como secretario- abogado redactó el decreto inconstitucional que puso a Tarapacá bajo Estado de Sitio, que permitió reprimir cruelmente el gran movimiento que alcanzó la categoría de Huelga General.

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