Ganadería camélida altoandina, patrimonio cultural inmaterial: Entre el reconocimiento y la revitalización andina
Crónicas 15 mayo, 2026 Edición Cero 0
Por Red de Ganaderos y Ganaderas del Territorio Biocultural Andino Región de Tarapacá.- A tres años del reconocimiento de la ganadería camélida altoandina como patrimonio cultural inmaterial de Chile por parte del Estado de Chile, Tarapacá no solo conmemora: comienza a reactivar un sistema que parecía en retroceso.
Para los pueblos andinos, la ganadería de llamas y alpacas constituye uno de nuestros pilares más importantes de nuestro modo de vida. Es un entramado cultural vivo que se expresa con fuerza en territorios como Colchane, el entorno del volcán Isluga, y localidades como Ancovinto, Cariquima, Cancosa, Lirima y el sector de la laguna del Huasco. Allí persisten prácticas como el floreo del ganado, la esquila, el hilado y tejido en telar de cuatro estacas, y la elaboración de prendas de alto valor simbólico como el axo. De a poco se están reactivando las rutas caravaneras de la mano del turismo experiencial.
A ello se suma el manejo cuidadoso de bofedales, esenciales para la vida altoandina, y una tradición culinaria que incluye preparaciones como el charqui de llama y la calapurca. Todo esto se entrelaza con festividades locales, donde el ganado es protagonista en celebraciones comunitarias que combinan ritualidad, reciprocidad y producción.
Sin embargo, este sistema ha sufrido una fuerte contracción. Entre 2007 y 2021, la masa camélida nacional se redujo cerca de un 50%, con apenas 37 mil animales en la actualidad. A esto se suma el envejecimiento de los criadores y la migración de las nuevas generaciones. Esta realidad rivaliza con lo que ocurre al otro lado de nuestras fronteras. Perú y Bolivia suman cerca de 3 millones de animales cada uno y Argentina 220 mil. ¿Por qué en Chile ha caído tanto, siendo que cuenta con buenas condiciones para su desarrollo? ¿Por qué esta ganadería solo crece en nuestros países hermanos y aquí no?
Persisten brechas críticas. La región no cuenta con centros de faenamiento habilitados, lo que limita la comercialización formal de carne y reduce su valor. Asimismo, falta fortalecer canales de comercialización para fibra y productos derivados.
Pero hoy emerge una señal de esperanza. En Tarapacá, la ganadería camélida comienza a resurgir gracias a una alianza intergeneracional: adultos mayores que resguardan los saberes y jóvenes andinos que retornan progresivamente, aportando energía, innovación y nuevas perspectivas. Este proceso, sin embargo, enfrenta una limitante estructural: los apoyos siguen siendo insuficientes o discontinuos, lo que impide consolidar inversiones y generar réditos sostenibles.
El reconocimiento como sistema SIPAM en 2025 por parte de la FAO abre una oportunidad estratégica. Pero este reconocimiento debe traducirse en acción concreta.
En este camino, la Red de Ganadería Camélida de Tarapacá ha impulsado encuentros y cumbres regionales donde han surgido propuestas clave: avanzar en normas de fomento y salvaguardia, reforzar el manejo de bofedales y praderas, y mejorar la articulación institucional. Por ello, resulta fundamental dar continuidad a la Mesa Regional de Ganadería Camélida y que el Gobierno Regional asuma un compromiso claro con inversión, infraestructura y apoyo productivo, complementando el trabajo de instituciones como INDAP, Fundación Superación de la Pobreza con su programa Servicio País, CONADI, SAG, Servicio de Patrimonio, etc.
El patrimonio ya fue reconocido. Ahora el desafío es sostenerlo y proyectarlo como base de desarrollo con identidad.

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