Programa de Intervención para Niños y Niñas Institucionalizados de Arica, pone foco en vínculos para adopciones más duraderas
Crónicas 4 mayo, 2026 Edición Cero 0
ARICA.- Garantizar que un niño o niña pueda abandonar una residencia para integrarse definitivamente a una familia no es solo un trámite administrativo, sino un proceso clínico profundo.
Ante este desafío, Aldeas Infantiles SOS ha consolidado en Arica su Programa de Intervención para Niños y Niñas Institucionalizados (PRI), una modalidad de alta especialización orientada a abordar uno de los principales nudos críticos del sistema de protección: la insuficiente preparación emocional previa al egreso y la necesidad de un acompañamiento postadoptivo adecuado.
En este contexto, el programa se configura como un dispositivo técnico fundamental para favorecer transiciones protectoras y estables, previniendo situaciones como adopciones frustradas o procesos de reintegración familiar que no logran sostenerse en el tiempo. La intervención no se limita a gestionar una salida, sino que se centra en un trabajo de reparación que permite a los niños procesar su historia de origen y recuperar la capacidad de formar vínculos afectivos seguros. Este enfoque técnico es el que garantiza que el retorno a un hogar sea una solución permanente y exitosa.
«La ley puede establecer plazos más breves, pero ningún plazo escrito alcanza, por sí solo, a reparar las heridas que deja el daño en los vínculos. Hoy, en Arica, el gran desafío no es solo avanzar con celeridad, sino hacerlo sin volver a dañar. Porque cuando la rapidez legal se impone sin mirar la historia emocional de un niño, puede transformarse en una nueva forma de vulneración. Y, al mismo tiempo, cuando la burocracia y los obstáculos administrativos retrasan decisiones urgentes, también se le falla a la infancia», explica la Directora del PRI, Scarleth Díaz.
Añadió que un niño que ha vivido daño vincular, trauma complejo y una historia de institucionalización no necesita solo un hogar. «Necesita tiempo, cuidado, acompañamiento y un proceso profundo de resignificación que le permita volver a creer en otro, volver a sentirse seguro y volver a imaginar que pertenecer a una familia puede no terminar en dolor. No se trata simplemente de trasladarlo de un lugar a otro, sino de ayudarlo a reconstruir esa confianza que tantas veces fue quebrada».
En ese camino, el PRI cumple una función esencial, según Scarleth Díaz. «Existe para sostener ese tránsito delicado y profundamente humano, para que cuando un niño egrese de una residencia lo haga con la estabilidad emocional necesaria para construir un vínculo que pueda perdurar y que, a su vez, tanto la familia como el niño puedan sentirse acompañados y apoyados. Porque lo que está en juego no es solo una medida administrativa o el cumplimiento de un plazo legal».
Añade que «lo que está en juego es la posibilidad de que ese niño no vuelva a sentirse abandonado, de que el Estado no le falle por segunda vez, y de que pueda tenderse, por fin, un puente real hacia un vínculo nuevo, seguro y para siempre».
ESPECIALIZACIÓN
La reforma legal busca reducir los tiempos de institucionalización, una medida necesaria y urgente, pero que solo puede ser verdaderamente efectiva si va acompañada de un soporte clínico altamente especializado. En una región con la complejidad social de Arica, el PRI cumple un rol fundamental, trabajando con equipos multidisciplinarios para acompañar y destrabar situaciones que muchas veces llevan años en el sistema, ayudando a los niños, niñas y adolescentes a elaborar su historia de origen y a resignificar sus experiencias, para así abrir paso a un futuro más estable y esperanzador.
Con esta implementación, Aldeas Infantiles SOS busca marcar un precedente sobre la importancia de la especialización técnica en estos procesos, demostrando que la restitución del derecho humano básico a vivir en familia no puede ser solo una meta formal, sino un compromiso real que debe construirse de manera responsable, segura y, por, sobre todo, definitiva.

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