EE.UU el «gendarme» del planeta y su interés por el petróleo venezolano
Opinión y Comentarios 4 enero, 2026 Edición Cero 0
Marco Antonio Quevedo, abogado.-
La Administración de Donald Trump, vuelve a posicionar a Estados Unidos de América como el Gendarme del Planeta, supremo ejecutor de la Ley del Garrote en su avidez por apropiarse de las riquezas naturales que no halla en su territorio.
El subsuelo venezolano alberga las mayores reservas de petróleo, superando aquellas ostentadas por Saudiarabia, Emiratos Árabes y Kuwait.
No es casualidad entonces, que los procesos políticos vivencias en Venezuela, hayan suscitado el interés, apoyo, seguimiento o boicot de otras potencias.
La cumbre de Alaska, ha arrojado un resultado tácito: Rusia consolidará su hegemonía en las naciones magogitas y Estados Unidos de América cuenta con patente de corso para tumbar el Gobierno de Cuba y tejer una camisa de fuerza para ese pueblo situado en su frontera sur: Latinoamérica.
Trump ha sincerado la finalidad de la más vasta operación militar apostada en el Caribe: de su boca hemos escuchado que desea “recuperar el petróleo”, el mismo combustible que sostiene a la ya feble economía cubana como fruto de una férrea alianza política suscrita a principios de siglo por los ya fallecidos líderes Fidel Castro y Hugo Chávez.
Sin pudor alguno, pues, hace tabla rasa del derecho de las Naciones a la autodeterminación y a disponer de sus riquezas naturales, blindado, entre otras disposiciones, en el artículo 1º del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.
Si alguien, con una buena dosis de ingenuidad, quiso pensar que EUA se proponía una “recuperación de la democracia en Venezuela” y el reconocimiento de un triunfo de la oposición en las últimas elecciones, ha debido renunciar a toda ilusión, ya que Trump ha develado su verdadera opinión sobre la mediatizada María Corina Machado y, a través de ella, al candidato Edmundo González.
Ha dicho Trump que no dispone de la capacidad para cohesionar y articular a la oposición venezolana para otorgar gobernabilidad a Venezuela.
¿Cómo, entonces, pudo sostener que el citado candidato logró obtener nada menos que el 70% de la votación en dichos comicios y que su triunfo fue desconocido y arrebatado por Nicolás Maduro?
En otras palabras: si, supuestamente concitaron el apoyo del 70% del electorado….¿Cómo es que no podrían articular a la oposición venezolana?
Esta contradicción, bien puede desplomar la idea de que Edmundo González triunfó en dichos comicios y confirma las dudas sobre el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz a Ma Corina Machado.
¿Podemos creer, pues, en las reiteradas acusaciones de narcotráfico y terrorismo ingresadas en un Tribunal de Nueva York y no en la Justicia Internacional?
En buenas cuentas: ¿podemos creer en la proclama de respeto a la democracia y los derechos humanos por parte, precisamente, del Estado que ha preferido no reconocer la jurisdicción de la Corte Penal Internacional y el Estatuto de Roma?
¿Podemos, aún, creer en un paternal interés de proteger a la población estadounidense del narcotráfico operado desde Venezuela, en una Administración que poco interés muestra en controlar la circulación del fentanilo y drogas artificiales cocinadas al interior de su propio territorio?
Nuestra Historia Política reciente es fecunda en despliegues de intervencionismo y operaciones de falsa bandera ideadas por el Departamento de Estado de EUA: el Informe de la Comisión Church del Senado estadounidense deja constancia de esa acción encubierta en Chile, que comenzó con la Operación Camelot y se consolidó en el Golpe de Estado más cruento de que haya memoria.
El bombardeo de La Moneda, el asesinato, la tortura, el exilio y la desaparición forzada de partidarios de la Unidad Popular fueron no sólo el delirio de sadismo de mandos militares: fue también la ladina y cobarde venganza de la Administración Nixon frente a la nacionalización del cobre y de la concientización de la clase obrera como protagonista de los procesos políticos.
Fue la mordaza tejida desde los pasillos de la Casa Blanca para esa voz de continente soñada y sustentada por Salvador Allende Gossens.
A algunos no nos sorprendería que el asesinato de Ronald Ojeda constituya otra de dichas operaciones, destinada a crear una tensión permanente entre Chile y Venezuela en los meses precedentes a la última elección: la creación de una artificiosa desaparición de un refugiado político remecería la conciencia de esa Nación chilena que guarda aún el dolor de los detenidos desaparecidos.
En la elaboración de esta operación, sus autores intelectuales subestimaron el profesionalismo de esa policía chilena que en su momento supo desarticular incursiones de la Alemania nazi.
Desde su nombre la potencia del Norte ejerce como un derecho la hegemonía sobre aquellas naciones situadas al sur del Rio Bravo.
Desde su nombre, se ha apropiado de ese continente que administra, a veces veladamente y otras veces, con la brutalidad de una incontenible fuerza bélica.
Desde su nombre, afirma que “El sur, no existe”, como, con franqueza irreductible, asestara Henry Kissinger a Gabriel Valdés, un par de décadas antes de que Jorge González confirmara que Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos.
No es casualidad, entonces, que a los siete mares proclame el rey de rostro altivo que se ha “recuperado” el petróleo venezolano y que lo administrará a su talante, bajo advertencia de una segunda ola de ataques.

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