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Prof. Dr. Haroldo Quinteros Bugueño. Hace sólo unos días se cumplieron 7 años de la muerte de Manuel Contreras Sepúlveda, más conocido como el... El  siniestro “Mamo” Contreras.

Prof. Dr. Haroldo Quinteros Bugueño.

Hace sólo unos días se cumplieron 7 años de la muerte de Manuel Contreras Sepúlveda, más conocido como el “Mamo Contreras,” el personaje más representativo del terror que vivió Chile durante la dictadura que rigió el país durante 17 años. Si bien esto es cierto, tras él hay dos componentes básicos en la trama de la represión dictatorial, con los cuales la personalidad y obra de Contreras se corresponden enteramente. Primero, la ultra-derecha nacional, tanto civil como militar; y segundo, el imperialismo norteamericano, el ente político internacional promotor, organizador y financista de los golpes de estado que llenaron de dictaduras cívico-militares de derecha el cono sur sudamericano, incluido Chile.

De manera acreditada por los más diversos testigos, Contreras ordenó asesinatos, las torturas más horrorosas imaginables y violaciones de mujeres en su presencia. No obstante, esta saga de horrores no fue sólo obra de un sádico psicópata, sino que fue parte del plan de la ultra-derecha nacional, aliada a los intereses económicos del imperio estadounidense, destinado a detener la marcha que había emprendido Chile hacia cambios estructurales, iniciada bajo el gobierno del presidente constitucional de Chile, el socialista Salvador Allende Gossens.

Contreras se reunía diariamente entre 8 y 9 de la mañana con su jefe, el dictador Pinochet, a quien el “Mamo” daba cuenta de sus crímenes y de quien recibía nuevas órdenes. ¿No decía el dictador, “en Chile no se mueve una hoja sin que yo lo sepa?” Después de haber sido condenado a 526 años de cárcel, y dos presidios perpetuos por bien contados crímenes de lesa humanidad, como homicidios por causas políticas, secuestros, torturas, y desapariciones forzadas, Contreras murió, preso, de muerte natural.

Luego de su deceso, a sólo meses del fin de la dictadura, el sector derechamente fascista del Ejército, todavía vivo en nuestras Fuerzas Armadas, quiso realizar un acto en su honor pero la Ley lo impidió porque sus condenas sobrepasaban la pena aflictiva (por añadidura, en miles de veces). Sin embargo, sus cómplices y seguidores en el Ejército lo enterraron vestido de general de la República, con regio uniforme de gala, un acto totalmente ilegal porque ya no lo era.

Si afirmo que tras Contreras –y obviamente la dictadura entera- está la mano del imperio norteamericano, no exagero ni falto a la verdad. Archivos desclasificados de la CIA revelan que en 1975, Manuel Contreras fue recibido por sus jefes estadounidenses en su cuartel General, en Langley, Virginia, Estados Unidos. Estuvo allí 15 días, tiempo suficiente para ser bien adiestrado y dispuesto a actuar según lo quería la CIA. Después de esa visita, inmediatamente, apareció en Chile como el ejecutor directo de la Operación “Cóndor,” el invento del imperio norteamericano que había operado en otros países del mundo con el nombre “Operación Fénix”.

Y hay más: según otros documentos desclasificados de la CIA, Contreras fue un informante suyo remunerado entre 1974 y 1977; es decir, ¡que conste!,  además de asesino, se puede perfectamente colegir que Contreras fue otro corrupto más en el cuadro general de corrupción que caracterizó a la dictadura, fenómeno que sigue entronizado en nuestras Fuerzas Armadas y que ha alcanzado a las de Orden. En efecto, la CIA ha revelado que efectuó pagos personales a Contreras en relucientes dólares,  justo ese año 1975, por “servicios prestados.”

En ese mismo tiempo, la dictadura había sido condenada por todos los organismos internacionales existentes en el mundo en materia de derechos humanos. Según más reportes desclasificados por la CIA, Contreras era entonces el principal obstáculo para una política razonable de derechos humanos en Chile. Sin embargo, el gobierno yanqui, presidido por el político republicano ultra-derechista Richard Nixon, ordenó a la CIA continuar con su relación con Contreras (para los lectores más jóvenes de este artículo, consigno aquí que Nixon, a horas de ser destituido por cargos de espionaje contra su opositor partido, el Partido Demócrata, se vio obligado a  renunciar al gobierno en agosto de 1974).

La responsabilidad de Contreras en el asesinato de Orlando Letelier, ministro y embajador de Chile en Estados Unidos durante el gobierno del presidente  Allende, fue revelada por la propia CIA, acto en que obviamente, ella también estuvo involucrada. Se trató de un ataque terrorista perpetrado en la capital norteamericana el 21 de septiembre de 1976, en el que también murió la asistente y secretaria estadounidense de Letelier, Ronni Moffitt.  En archivos de la CIA, se da cuenta que la orden de matar a Letelier fue dada por Contreras a Michael Townley,  un mercenario norteamericano experto en explosivos, quien, según lo reconoció la CIA, estuvo orgánicamente ligado a ella.

Entre otros muchos asesinatos de Contreras, está el del General Carlos Prats y su esposa en 1974, como también el del General Oscar Bonilla, el militar iquiqueño que siempre se opuso a Pinochet. Se recordará que Bonilla seguía al dictador en la sucesión del mando en el Ejército, lo que no podía tener tranquila a la derecha fascista gobernante, tanto civil como militar. La dictadura informó cuando, por supuesto, no existía la prensa libre en el país,  que la muerte de Bonilla se debió a la caída del helicóptero de fabricación francesa en que viajaba, los famosos “Puma,” de macabro antecedente en la dictadura, cuando en uno de ellos el general Sergio Arellano Stark recorrió el país de extremo a extremo ordenando a quiénes matar y lanzar al mar, en la tristemente célebre “Caravana de la Muerte.”

Se dijo oficialmente que la caída del aparato se debió a una falla mecánica, a lo que la empresa fabricante francesa exigió una investigación. Obviamente la dictadura no la hizo, y el gobierno de Francia, oficialmente, además por la desaparición de seis ciudadanos franceses, expresó su protesta a la tiranía de Pinochet, congeló relaciones diplomáticas y exigió visa, como nunca lo había hecho, a los chilenos que viajaran a ese país.

La Operación Cóndor en Chile requería de millonarios fondos y Manuel Contreras partió a conseguirlos fuera. En 1976 viajó a Irán, según lo revelaron informes secretos ya desclasificados de la CIA, para ofrecer, por dinero, al  monarca Mohammad Reza Pahlevi, asesinar al terrorista venezolano Ilich Ramírez, más conocido como “Carlos” y “El Chacal”, ejecutor del secuestro en ese año de los líderes de la Organización de Países Productores de Petróleo, la  OPEP. A esa misión en Irán lo acompañaron el ex – oficial de las SS nazis, traficante de armas y aliado de Paul Schäfer,  Gerhard Mertins, tres altos oficiales chilenos y un general de Brasil, país que, en los marcos de la operación “Cóndor”  también se encontraba bajo la égida de una dictadura de cívico-militar de ultra-derecha. Contreras no mató a “Carlos,” pero nunca se supo si Contreras recibió dinero de Reza Pahlevi, puesto que sólo unos años después Reza Pahlevi debió huir del país tras el alzamiento del pueblo iraní encabezado dirigido por el Ayatola Khomeini.

 Veamos ahora el presente.

La derecha nacional y sus seguidores los “amarillos” y otros conversos de la antigua Concertación denuestan a diario el proyecto de constitución política para Chile elaborado por la Convención Constitucional, acusándolo, entre otras diatribas, de crear más de una justicia en Chile, en la que habría «privilegiados,» en obvia referencia a nuestras etnias originarias. Esto es, por supuesto, de absoluta falsedad. El infundio, curiosamente, lo lanzan sin ningún desparpajo, como si en estos momentos en Chile hubiese sólo un sistema judicial. Por supuesto, esto no es así. Fue ella, la derecha nacional que gobernó el país a su antojo durante 17 años, la que creó una «justicia» paralela, la inefable Justicia Militar, para todo tiempo; es decir, de paz o guerra, y para todo ciudadano, civil o militar.

Esta es una insólita calamidad que no existe en ningún país democrático del mundo, pero que hasta hoy sigue existiendo en Chile y seguirá existiendo si los partidarios del Rechazo consiguieran ganar el plebiscito del 4 de septiembre.  Así es, la derecha la creó y la consagró en la actual constitución, la misma que hoy trata de proyectar ad aeternum. Este artefacto legal, la “Justicia Militar,” tenía el objetivo de  salvar a los militares acusados de los miles de crímenes cometidos en dictadura. Por un tiempo, hasta el fin de la tiranía, la ultra-derecha tanto civil como militar, lo consiguió, no sólo con la tristemente célebre Ley de Amnistía General de 1978, sino con la propia “Justicia Militar.”  El objetivo era salvar de la justicia ordinaria a los criminales de la tiranía.

Por supuesto, no contaron con el hecho que Chile había suscrito en nuestra antigua democracia una serie de tratados internacionales sobre violaciones a los Derechos Humanos, tratados que la dictadura no se atrevió abandonar. Si Contreras y demás criminales que hoy se encuentran recluidos en  Punta Peuco hubiesen sido juzgados por la Justicia Militar, aún vigente, no estarían allí. Lo están porque sus delitos son de lesa humanidad, y sobre tales crímenes nada puede hacer la justicia nacional, porque están sujetos estrictamente a la jurisdicción de tratados internacionales.

Sobran los ejemplos sobre lo espurio, sesgado, tramposo y discriminatorio que es este invento de la dictadura. Y aquí volvemos al “Mamo” Contreras, con uno solo:

En 1988 el hijo de Contreras, Manuel Contreras Valdebenito, mató a balazos a un alto oficial del Ejército, Joaquín Molina, marido de la cantante y comediante Gloria Benavides. Como no vivíamos en un país libre, la dictadura prohibió dar a conocer las razones de por qué Contreras mató a Molina, pero, a todas luces, era de suponer que se trataba de un vulgar lío de faldas. El hijo del “Mamo,” siendo él un civil, paró feliz en un tribunal militar, por haber matado a un uniformado. Como era obvio, no le pasó nada.

No está de más recordar que este individuo refleja muy bien el dicho “de tal palo tal astilla.” Vulgar, violento y potencialmente un peligro para la sociedad, por ejemplo, calificó públicamente de “puta” y “maricón” a los periodistas Mónica Rincón y Daniel Matamala, que recusaron el rol del “Mamo” durante la dictadura. También vale la pena recordar que tiempo después, Gloria Benavides fue entrevistada en TV y dijo que había sido amenazada -obviamente por el Mamo- si decía una sola palabra sobre este incidente.

Manuel Contreras fue el jefe máximo de la DINA, el organismo represor de la dictadura, del cual, dentro y fuera del país, se conocen bien y de manera indiscutida sus horribles crímenes. Hoy, esta misma derecha se desgañita gritando en favor de “justicia,” pero ningún chileno o chilena normal, o cualesquiera personas que algo piensen,  podrían creer que los dirigentes de la derecha que  gobernó tanto tiempo en dictadura no sabía nada de Contreras en materia de violaciones a los Derechos Humanos. Como, por cierto, lo sabía ¿por qué no abrió nunca la boca?  Cuando ya en democracia se supo bien quien era Contreras, conspicuos corifeos de la derecha nacional se apartaron de  su repugnante figura, y para salvar a su ídolo Pinochet, decían que los crímenes del finado Contreras eran sólo un problema de maldad suya.

Cinismo puro, porque el “Mamo” no surgió de la nada. Manuel Contreras Sepúlveda es un producto suyo, porque es conservadora hasta los tuétanos y, por ende, ante la posibilidad de perder el poder,  no escatima escrúpulos. En fin, la derecha nacional, al igual que antes, tanto en dictadura como en democracia, miente y vuelve a mentir. Esta vez, lo hace, con su propaganda apoyando la opción Rechazo en el plebiscito del próximo 4 de septiembre,  para impedir que Chile sea, por fin, un país que se rija por una constitución que deje atrás el espurio engendro legal que nos dejó la dictadura.

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