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Guillermo Jorquera Morales, ex director de Teatro …Y se fue tejiendo tal arpillera de Tres Marías y una Rosa-obra poblacional del teatro chileno-éstas tenían... Los entretejidos de un muro

guillermo jorquera columnaGuillermo Jorquera Morales, ex director de Teatro

…Y se fue tejiendo tal arpillera de Tres Marías y una Rosa-obra poblacional del teatro chileno-éstas tenían que tener identidad, Las Marías las señalaban con la Cordillera de los Andes (pa’que se note que es Chile, decían).

Nuestras Marías, se refugiaron en el malku protector; el dragón, el  tarapaka, la mar, y  en señales que las delatan que son de acá, del norte, de la pampa, de la cordillera… de la ciudad de los hombres-pájaros, de los edificios hongos, que nacen tras un pestañeo…, y de Chile.

Pero antes hubo que aprender, debía existir un Taller de aprendizaje, y tal como Las Marías, se arrancharon en la casa de doña Lucy (¿doña Maruja?), Presidenta de la Junta Vecinal; hasta dónde llegó una monitora, que también es María, María Inés, que con su estilo de preceptora-maternal, les fue enseñando, paso a paso, las técnicas, los giros, el lenguaje del color, la metáfora de las formas, la dinámica del grafitero: “enmascararse, pulverizar colores y arrancar, ¡Cachai!”

No eran muchas, poco a poco se fueron interesando en esto del pintar, de conocer materiales, de usarlos, de ver videos, pinturas, revistas. Dibujar y dibujarse, manejar lápices, pinceles, tizas, temperas, pasteles, esponjas,  construir plantillas, contactarse con las pinturas, construir colores, partiendo de los básicos. Teniendo siempre como objetivo el llegar a pintar un mural con identidad iquiqueña en su sector poblacional.

En el Taller de Las tres Marías, estaba prohibido llevar niños. Y los gatos y los  perros, sólo eran motivos de conversación o de metáforas contingentes, pero en este taller las puertas se abrieron para todos y todas, las niñas fueron protagonistas del proceso, aportaron con su entusiasmo naif. Lo que motivó la existencia de un nuevo paño del muro, que resultó ser  un sueño infantil, con una imaginaria pregunta, plena de esperanzas ¿Y nosotros dónde jugamos?

Durante todo el proceso de aprendizaje tuvieron un gato regalón, Minino que se paseaba por los mesones como queriendo sumarse a esta fiesta de colores que le llamaba la atención. Los perros no entraron, pero en el diseño final se estimó que ellos eran parte de la identidad comunitaria.

Y llegó el tiempo de enfrentar el muro elegido para plasmar lo aprendido, al comienzo parecía como difícil abordarlo, María Inés- Maestra sabia- las llevó a amigarse con el bloque de cemento, a tocarlo, a intentar aplicar alguna técnica aprendida, a descubrir sus dificultades antes de acometer definitivamente el último acto de este acontecimiento.

Después de un llamado a la comunidad de la Junta de Vecinos “Villa del Sur”, de la población Huantajalla III, para que se sumaran a este proceso, en el que se necesitaban manos y voluntades para terminar lo iniciado, partió el trabajo, la Municipalidad colaboró con un andamio (tras una gran gestión, de doña Lucy, como La Maruja de Las Marías), llegaron más vecinos y vecinas, aparecieron los maridos, y la mole de cemento se les fue entregando. Poco a poco se fueron pintando los íconos identitarios dibujados y pintados en el taller, muchos y muchas trabajaron, el aliento del transeúnte se hizo presente en calle Padre Hurtado, llegando a calle La Tirana.

Aquí hubo Marías, Lucy, Alicia, Anita, Hilda, Meche, Cristina, Jacqueline-madre e hija- Natalia, Shayem,- y otras niñas-, Iván, Samuel, y los maridos que se sumaron al trabajo, y que a veces asustados preferían sumirse en sus propios aportes murales, para no ver a sus cónyuges encaramadas en el andamio.

Pero también hubo una Rosa; en la obra que comento, la Rosita llegó invitada, pidiendo que por favor la recibieran, pero después termina siendo la líder de la arpillera gigante que construyeron. Esta Rosita no llegó invitada, ni pidiendo el favor de pertenecer al taller, pero sí terminó siendo líder del mural construido, tejido casi como una arpillera de Las Tres Marías y una Rosa, no hubo detalle sin su participación.

Es probable que los artistas visuales, encuentren que el mural no cumple con los cánones requeridos para instalarse entre las obras de arte, o que los  teóricos de la cultura, afirmen que un proyecto FNDR de apenas $ 1.700.000, produzca cero impacto en el desarrollo cultural de la región.

Lo cierto es que la gente que participó en el Taller, lo hizo con el ánimo de visualizar identidades, con los ojos abiertos y atentos a registrar nuevas formas de vida en el entorno y no para inmortalizar una obra de arte.

Lo valioso de esta experiencia es justamente el hecho de haber vivido un proceso de cuatro meses, de haber logrado vencer las dificultades, de haber reaccionado como comunidad para lograr un objetivo, que está a la vista.

Podemos asegurar que en la comunidad de esta Junta de Vecinos, el impacto es mucho más que cero. Es  Inconmensurable.