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 Guillermo Jorquera Morales/ Ex Director Teatral del TIUN-TENOR  15 años se demoró esta obra en llegar a un escenario iquiqueño, es cierto que otros... Perra celestial: peregrina virginal

guillermo jorquera columna Guillermo Jorquera Morales/ Ex Director Teatral del TIUN-TENOR 

15 años se demoró esta obra en llegar a un escenario iquiqueño, es cierto que otros estrenos de Radrigán han habido; en la década del 70 Pedro Marambio, y una actriz, que lamentablemente no logro recordar su nombre, recorrían las poblaciones de Iquique, representado El Invitado, el teatro Expresión de la UNAP en el año 2000 estrena Hechos consumados, y la Compañía de Teatro “La Pacha”, inicia como compromiso ineludible un rescate de la dramaturgia nacional con Juan Radrigán; Isabel desterrada en Isabel (2012) Diatriba de la empecinada (2013) y su último feliz estreno, Perra Celestial (24 de Septiembre 2014).

Es probable que este rescate de la dramaturgia nacional, financiada por FONDART durante 3 años consecutivos, haya sido la ocasión para conocer más y mejor a Juan Radrigán, proletario dramaturgo, premio APES (1997), Premio Altazor (2005-2014) y Premio Nacional de las Artes Escénicas (2011).

La Pacha Teatro no sólo nos ha traído el nombre de un dramaturgo, sino que se ha esmerado en dar a conocer su visión del teatro popular; el conocimiento de los personajes de su obra; de su hablar, de su sabiduría, de sus costumbres, de su  vivir, su mal vivir.

Marisol Salgado ha sido la musa de Jaime Guzmán Brantes – el Director -, para cumplir con esta trilogía de Radrigán, o Marisol tuvo la visión de ver en él, el mejor brazo que la condujera por los mundos radrinescos, ha sido un trabajo serio, estudiado, trabajado a concho, para poner en escena no actrices ni actores, sino a los personajes descritos por el autor, para encerrarlos en espacios escénicos creíbles, para envolverlos en esa atmósfera de miseria que es recurrente en él. Gracias a estos trabajos creo que el público ha podido comprender cada vez más el estilo del autor, su poesía, su verdad, su humor negro, que a veces el público demora en captar.

Perra Celestial, es otro pedazo de su gran obra; el mundo popular; Matilde y Antonio (Gonzalo Canelo, de soberbia presencia actoral),  dos seres desposeídos de capacidad para aceptarse como son, y viven alienados en un mundo religioso con el afán –increíble- de lograr la canonización de Moraima, una prostituta entregada a los desposeídos, sin cobrarles un peso – lo que la exime de ser parte de la profesión más antigua del mundo -. Y así, entre rezos, salmos cantados a capela, y escarceos dudosamente amorosos, más bien atentados sexuales, transcurre este pasar de los personajes en un descanso de un peregrinar sin fin, hacia la ciudad. (Los personajes de Radrigán nunca tienen casa, solo pasan por lugares o están allegados a sitios abandonados).

Perra celestial es, técnicamente un diálogo, porque la acción transcurre entre dos personajes, sin embargo, no son protagonista ni antagonistas, ambas fuerzas son representadas por Matilde y Antonio. Me sorprendí, a veces, admirando en la heroína, su recato, su persistencia en rezos y citas bíblicas, su transformación gestual, respondiendo con miradas lúbricas, los retos sexuales de él, pero luego mi héroe era Antonio, con su postura de macho obligado, de su reclamo eterno para defender su hombría, su sutileza para convertirse en un ser angélico, en una escena casi mágica, escapándose de la realidad de Radrigán.

El protagonismo y el antagonismo se pasean por ambos personajes (en las obras de Radrigán el antagonista siempre está fuera del escenario; es la sociedad, es la religión, es el poder, es la alienación…), éstos en una especie de faena taurina se estudian, se atacan, se defienden, se tocan, hasta develar ambos, sus propias carencias, temores y afectos.

A diferencia de otras puestas en escenas de la Pacha Teatro, de obras de este autor, esta transcurre sobre un piso preparado, imagino una alfombra que los mantiene en el aire cerca del cielo, pero con un material de plástico de bolsas matuteras, que las mantiene muy en la tierra, (señal identitaria tarapaqueña, como la cruz que pende del ropaje de Emilia, similar a la que ganan los peregrinos que llegan hasta el templo de la Tirana, y la música  de esa fiesta que se escucha en el momento de los saludos finales). Tampoco tiene un guión musical, pero sí un cuidado diseño escénico y sonoro de Koke Velis, y canciones cantadas a capela por la actriz, que se acompaña con una guitarra, que poco dura en el escenario.

La otra diferencia, está en el final de la obra, en Isabel, esta termina a gritos pidiéndole a un tarro basurero, que le responda, que no la deje hablando sola. La Empecinada, termina conminando a todo el que la escuche a “chuchá” limpia, para que el desaparecido aparezca y que la risa vuelva a Chile. Este final es más tierno, él con un tono sereno, después de pasar la noche juntos, le dice; “Me mentiste, no eres virgen” y ella con mucha dulzura le responde… “y tú…..eres un buen hombre”.