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Guillermo Jorquera Morales,   Ex Profesional de Cultura Gobierno Regional de Tarapacá Le conocí el año 2005, cuando en el Gobierno Regional asumió un... Con Julio Cámara Gana la Cultura

guillermo jorquera columnaGuillermo Jorquera Morales,   Ex Profesional de Cultura Gobierno Regional de Tarapacá

Le conocí el año 2005, cuando en el Gobierno Regional asumió un nuevo cuerpo de consejeros regionales de Tarapacá, el CORE. Mi trabajo en el Gobierno Regional, dependía mucho de la armonía que se pudiera establecer con este  cuerpo colegiado político; sin embargo antes del año 2005, esta armonía o cercanía, no fue posible establecerla, los proyectos de cultura que se presentaban al CORE, tenían el apoyo de mis jefes de División, de Departamento, de mis compañeros de trabajo, y el RS (Rentable Socialmente) de la SERPLAC, ninguna de estas instancias con derecho a levantar la mano para votar a favor de estos proyectos, en consecuencia mi relación con este organismo fue más bien traumática.

Cuando asumió el nuevo Consejo Regional, coincidió con dos hechos vitales para el desarrollo cultural. Primero la aprobación en la Ley de Presupuesto 2005, de una glosa que permitía que los Gobierno Regionales podrían utilizar hasta el 1% de su presupuesto en actividades culturales; y, segundo, con la creación de una nueva Comisión, de las varias que existían en el CORE. Esta comisión se llamó “Especial de Cultura”, después supe que se había creado por iniciativa de Julio Cámara, que la preside desde ese año. (En el año 2006 el porcentaje varió “hasta el 2%”)

El primer contacto con él, fue poco grato para mi, el tema de la cultura “de aquí para adelante”, iba a ser trabajado a través de esta Comisión, por lo tanto  debía reunirme con el presidente, para informarle la historia del tema en el Gobierno Regional. Al comienzo, me negué a participar en dicha reunión; confieso que para mí, por la experiencia anterior, el CORE era intimidante; mi argumento era que mi jefe directo era el Intendente, los CORES no tienen injerencias directas en el quehacer de los profesionales del Servicio Administrativo.

Sin embargo fue la sabiduría  de mi Jefe de Departamento, Roberto Rebolledo Sepúlveda, la que me convenció aceptar este nuevo escenario, incluso él se ofreció a acompañarme a esa reunión que tendría carácter de visita de cortesía.

Y desde allí, empecé a conocer a Julio Cámara. Sentado detrás de su escritorio, nos miraba por encima de sus lentes, me di cuenta que tenía una historia que cargaba sobre sus hombros pero que no contaba, hablamos sobre generalidades. Conocía algunas cosas de los hechos culturales de la región, y tenía muy claro que lo mucho que había era poco, y que se necesitaban más recursos para una mejor cosecha. Incluso dijo que el 1% no era suficiente para enfrentar la tarea que había que hacer, quería saber más, aprender, aportar, aunque en esa ocasión no acordamos un trabajo conjunto, pronto me di cuenta que desde esa vez, los proyectos de cultura llevados al CORE, además del apoyo del RS, de mis jefes y  de mis compañeros de trabajo, tenían el apoyo de un hombre que de verdad tenía un compromiso con la cultura de su región.

Empecé a conocerle mejor, aunque aún no he terminado de sorprenderme por algunos aspectos de su vida, dura vida, para consolidar un pensamiento caminado a la vera del arte y la cultura mirada y vivida desde la perspectiva del obrero, del hombre común, del sindicalista, del poblador, de los que mayores dificultades tienen para acceder a los bienes culturales.

El 11 de Septiembre de 1973, lo sorprendió en Arica, donde era dirigente sindical y directivo de la CUT (Central Única de Trabajadores), cargo obtenido a través de una elección democrática, fue detenido, estuvo preso en la cárcel de Arica. Al recuperar su libertad, decidió viajar a Santiago, pensando que la metrópolis lo protegería de las arbitrarias detenciones que se producían periódicamente en todo el país, él pensó que en Santiago, dónde pocos lo conocían podría escapar de estas cotidianas prácticas del Gobierno Militar. Fue peor, lo secuestraron y estuvo preso por largo tiempo, al recuperar su libertad  pudo salir del país.

Al regresar a su patria venía con un bagaje cultural envidiable, tuvo acceso a bienes culturales impensados en esos años para nuestro país, nunca se apartó de los principios que formaron su niñez, su juventud, y su vida profesional, que estaba dispuesto a compartir, sin aspavientos, con la gente de su región.

Teniendo el sindicalismo en su ADN, siempre buscó tribuna para luchar por ello, por eso ingreso a la vida política, desde donde pudo desarrollar sus inquietudes. Sin embargo esta dependencia no lo detenía cuando había que defender un proyecto cultural; lo vi fuertemente enfrentado en los plenarios del CORE con los Presidentes del Consejo, de ésta y de otras administraciones. Los proyectos de cultura siempre contaban con la mano en alto de él, y cuando la levantó para oponerse o abstenerse siempre lo hizo con argumentos sólidos, que a la larga le daban la razón.

Hoy, Julio Cámara esta en campaña, quiere ser elegido democráticamente como Consejero Regional, y ha tomado como bandera de trabajo, un tema muy difícil de enfrentar, pero que para él es prioritario y fundamental; el arte y la cultura, bien que muchos estiman prescindible y de bajo dividendo político, sin embargo él centra su campaña en este, a veces, ingrato tema. Cuando todo Chile tiene esperanza de que gane “la roja”, él quiere que “Gane la Cultura”.

Y esto no es una postura, es un hombre que lee a García Márquez y a Vargas Llosa, a Recabarren y a Mariátegui, ha asistido a la ópera, al ballet, a conciertos y museos en las capitales europeas; conoce la historia de toda la música popular que escucha; la de Luis Abanto Morales, Julio Jaramillo y Humberto Lozán; la de Leo Dan y la de Xiomara Alfaro.

Alguna vez, en su juventud, estuvo en un grupo de teatro, donde conoció la sabiduría teatral de Jaime Torres Lemus. Y hoy en el “Piano a dos Voces” de Fabián Andrades y Cristián Leal, escucha a Beethoven, Chopin, Liszt y “La Nostalgia” y “Lamentos” de Fabián. He leído algunos cuentos escritos por Julio Cámara, donde revela no sólo su inquietud literaria, sino que también da cuenta de su pasado pampino, de su sentir emoción por el sonido del caliche y con la esperanza que por la literatura y otras artes se pueda revertir el trágico destino de los pueblos del salitre.

En mi quehacer laboral también conocí a otros Consejeros que se están postulando, que trabajaron y trabajan por el desarrollo de nuestra región y que también levantaron la mano para aprobar proyectos culturales, pero como el sistema le otorga a cada ciudadano chileno, el derecho a votar por un solo candidato, yo en esta ocasión y consecuente con mi razón de ser, levanto la mano por Julio Cámara Cortés, el hombre que aprendí a conocer antes de la campaña.