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Pedro Oróstica Codoceo.-  Tal como podemos  apreciar  en las definiciones de  los conceptos  desarrollo local  y desarrollo regional,  se da un elemento común en... Centralismo regional

Pedro Oróstica Codoceo.- 

Tal como podemos  apreciar  en las definiciones de  los conceptos  desarrollo local  y desarrollo regional,  se da un elemento común en ambas. Éstas se refieren a los superiores niveles de vida o de bienestar,  que pueden producirse o alcanzarse desde las regiones, y, por consiguiente, desde las comunas mismas. Esto, con y por iniciativas  generadas en estos niveles territoriales,  en concordancia  a sus propias  fortalezas y debilidades.

Pero para  ello, entre otras habilidades, se dice,  habría  que superar la práctica del centralismo regional, al que también somos adictos, como conducta  propia o inducida   desde el centralismo nacional. Respecto a esto, las referencias históricas, muestran  el exacerbado  y poco ecuánime  actuar, con que los gobiernos  han llevaron adelante la vida nacional. Esto se vino a demostrar dada   la  desigualdad en  los niveles de alcances y bienestar entre las regiones y sus poblaciones, que son finalmente quienes componen el territorio nacional.  Esto desde  los inicios del siglo XIX.

Una  adversidad para las expectativas regionales,  ha sido  la falta de planeamiento  dirigido  hacia la sostenibilidad de su desarrollo. Esto,  considerando  proyecciones   al mediano y/o  largo plazo. Puede pensarse también,  que el relativo retraso en las regiones,  ha sido el resultado  normal de los procesos   extractivos  de  sus riquezas naturales llevadas al centro o fuera del país, sin un retorno ecuánime  para el territorio local.

Por cuanto, no se consideraron  iniciativas, que proyectaran en el tiempo, esta vida local – regional. La preocupación de los gobiernos  se centraba y centra más que nada,  en la instrumentalización de  recursos naturales y la mano de obra.   Ésta  cuestión, como se señala,    viene ocurriendo  desde el inicio de la República misma. En el  Norte Grande   a partir de 1879.

Es esta filosofía  la que   no concibe una interacción  más equitativa en cuanto a los procesos productivos,  su participación y redistribución  social. Nos referimos a esas  riquezas   que han salido y salen,  versus los recursos que retornan a los territorios regionales como contraparte. Esa es la historia. Para llevar a efecto este tipo de administración nacional, los  gobiernos han  dispuesto  de la figura del  intendente  como su ejecutivo en las regiones. Así ha sido la tónica. Por cuanto  y dada ésta  historia, es que correspondería  un nuevo trato con los territorios regionales y sus comunas.

Hoy,  y más allá de las actuales y extremas circunstancias sanitarias que han venido a reemplazar las del “estallido social”, por estos días, al menos en Chile, y que son  preocupación generalizada, puede recordarse que para octubre del presente año, estaban fijadas las elecciones  para gobernadores. Este cargo, como sabemos,     vendrá a reemplazar al del  intendente, el cual constituyó la  máxima autoridad en la administración regional en nuestro país.

No obstante y es un hecho que, este cargo adolecerá  de grados estratégicos en cuanto a autonomía se refiere. Se infiere esto, dado que el democráticamente electo gobernador, tendrá que acompañar o ser  acompañado por la  figura de otro actor, que tomará preponderancia en la conducción de los destinos regionales: el delegado presidencial.

Al parecer será este  – de la confianza del Presidente de la República –   quien lleve a efecto  la conducción de la región. Esto, como siempre, actuando  desde la  particular  visión geográfica,  política, económica,  que se decide  – y se ha decidido, exclusivamente desde Santiago. No obstante, y a pesar de todo, es  posible pensar en positivo,  y  creer de verdad que hemos avanzado en cuanto a descentralizar un poco  el país. Y quizás  así  sea o vaya siendo.

En todo caso, el centralismo,  más que un modo de administrar el país, es una conducta intrínseca del ser humano. Ésta tiene que ver con el poseer, querer y buscar más solo para si mismo.   Por cuanto, si se desean o buscan cambios desde el centro nacional,  sería bueno también, analizar los alcances del propio   centralismo regional  – en el caso de Tarapacá.  Las comunas  requieren de esa atención. Ellas como órganos  institucionales esenciales en la administración política pública  de la nación, son las que finalmente hacen región y éstas a su vez hacen país.

Es decir, y aunque parezca de perogrullo: Chile lo hacemos todos.