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Iván Vera-Pinto Soto, Cientista social, pedagogo y escritor Con mucho pesar este 25 de marzo nos enteramos del sensible fallecimiento de la destacada maestra artista,... Iris Di Caro vivirá en la memoria de los iquiqueños

Iván Vera-Pinto Soto, Cientista social, pedagogo y escritor

Con mucho pesar este 25 de marzo nos enteramos del sensible fallecimiento de la destacada maestra artista, Hija Ilustre de Iquique, doña Iris Di Caro Castillo, a quien todos y todas, tanto en al ámbito educativo como artístico, tuvimos la fortuna de conocer y de apreciar su calidad humana, sus obras y sus significativos aportes a la cultura regional.

Lo cierto es que si tuviese que poner en relieve algunas de las muchas cualidades artísticas que poseía, a mi juicio, diría que fueron dos: su inmensa vitalidad y la alta factura de sus creaciones. Así es, pues, cada vez que nos encontrábamos, me daba a conocer el nacimiento de un nuevo proyecto en beneficio de las artes y las letras, incluso, me atrevo a imaginar que este vigor lo mantuvo hasta en los días más difíciles de su existencia.

Hace un tiempo atrás (2016), con motivo de la publicación de mi libro “Historia social del Teatro en Iquique y la Pampa”, tuve la ocasión de dialogar en su hogar, de manera distendida. En la ocasión me interesaba saber cómo había germinado en su corazón este amor y pasión por las letras, cuáles habían sido sus primeros pasos, en fin, como se había forjado la autora de tantas obras: “Tarapacá coronación de Chile”, “Hechizo de la Tirana”, “Dinteles del norte grande”, “Siamo tutti -italianos en Iquique”, entre otras publicaciones. Sumemos a ello, creadora del himno de Tarapacá. Autora de obras teatrales: “Punku Arika”, “La fuente del milagro”, “Kuyaskay”, etc. Sin dejar al margen, la fundación del Taller Literario Icaisa, dentro del cual se formaron profesores, músicos, actores, conductores, entre muchos artistas.

Pues bien, en esta semblanza que hacemos como tributo a la distinguida maestra Iris Di Caro, me permito reproducir sus palabras. “Cuando egresé de la Escuela Normal de Antofagasta el año 1946, fui destinada como profesora a trabajar en la escuela de la Oficina Salitrera Iris. Hasta esa zona viajé con mi mamá, porque me daba temor, ya que esa localidad no estaba cerca de Iquique. En mi permanencia allí,  empecé a escribir poesía, cuentos y obras teatrales, aunque a la directora no le hacía nada de gracia que yo me dedicara a las artes, pues decía que estaba haciendo un trabajo que no me correspondía.

Pese a ello, yo trabajé contenta con el apoyo de mis colegas y de los niños que estaban felices que hicieran coros dramáticos y que cantaran. Después realicé representaciones con mis colegas que se ofrecieron generosamente a interpretar sus roles. Eso llenó mi vida… Cuando fue para allá el Director Provincial de Educación, don José Rodríguez Larraguibel, se quedó admirado de todo lo que había hecho… Tenía un “coro hablado” interpretado por los niños, inventado por mi pluma. A través de este coro narraban trozos de la historia del pueblito, por supuesto eran relatos poéticos, comparado con la dura realidad que existía, ya que la gente de la pampa sufría mucho de soledad. No era felices en ese entonces…La pampa se adentró en mí y yo me sentía feliz recreándola con mis escritos… Eso me hizo madurar y pensar en el dolor, la esperanza y la alegría que había en ese territorio. Después me enviaron a Huara. Allí proseguí con mis tareas literarias y representando mis propios cuentos con los alumnos. Ya para los años sesenta, cuando volví a Iquique, fui designada a la biblioteca de la Dirección Provincial de Educación.

Al tiempo, José Rodríguez me envió a todas las escuelas para hacer clases artísticas y literarias. Así, se facilitó mi trabajo escritural y escribí himnos y cosas para la comuna y los establecimientos educacionales. Más tarde, con otros profesores, conformé un conjunto teatral… También me hice asidua a ver obras que se presentaban continuamente en el Teatro Coliseo, en la calle Tarapacá con Juan Martínez. Posteriormente, junto a varios maestros, como Jaime Torres y Luisa Meneses, creamos la Escuela Artística Violeta Parra, eso fue el año 1971. También trabajé en el Departamento de Comunicaciones de la Universidad del Norte como libretista y programadora de espacios infantiles en televisión. Desde aquel entonces, nunca he dejado de crear; día a día, me propongo plasmar una nueva obra para dejar como legado a las nuevas generaciones”.

Quienes fuimos testigos de sus escritos dramatúrgicos, interpretados por diversas agrupaciones locales (Tenor y Antifaz), podemos sostener que ellos se caracterizan por exponer, preferentemente, temas del mundo andino a través de un lenguaje poético, dentro de una estructura clásica teatral, todo lo cual le mereció el respeto y respaldo del público. Además, la originalidad y rigurosidad de su canon teatral y labor lírica, le permitieron recibir merecidas distinciones y premios nacionales.

No hay duda que nos ha dejado una figura entrañable y valiosa para la cultura regional; no obstante, sabemos que mujeres como Iris Di Caro nunca morirán en la memoria de los iquiqueños. Su sonrisa bondadosa, su generosidad humana y su denodado amor por las artes y las letras, siempre vivirán en alma de la iquiquiñez.

Anoche me contó un amigo que hace un par de semana atrás, la maestra le confidenció: “Si muero, me voy tranquila, lo que tenía que hacer lo hice…La vida es linda”. Tenía toda la razón, pues Doña Iris cumplió con creces su papel social en este mundo, sin límite nos regaló lo mejor de su espíritu; nos enseñó a ser humildes en el trabajo y a nunca doblegarnos ante la adversidad, pues somos más que carne y hueso; somos, tal como ella, personas capaces de cambiar la realidad con esa fuerza que viene de la imaginación, la fantasía y el amor verdadero por nuestra tierra.

De acuerdo a su deseo, hoy sus cenizas están diseminadas en esa pampa que tanto amaba, para que un cercano amanecer florezcan otras mujeres tan bellas como lo fue nuestra sembradora de sueños.

Aquí, desde estas líneas le decimos: ¡Hasta siempre Doña Iris! ¡Vives y vivirás, sempiternamente, en esta tierra tarapaqueña!

Si tú, que escuchas mi canto,

Sientes vibrar de campanas.

Si en tu pecho generoso

Palpita la madre tierra.

Si tu sientes que tus manos

Son las hijas de sus manos,

Entonces, abre las puertas

Y salgamos al camino.

Remos todos unidos

Bajo una sola bandera,

En nuestras metas cercanas

Habrá luz y amor fraterno.

Enseñaremos al pueblo

A trabajar por el pueblo.

Azul brillará en los cielos

La estrella de la justicia.

Será el gran advenimiento

De nuestra obra maestra.

Hermanos, vamos luchando

Por esta tierra que es nuestra

(Extracto de la poesía “Canto a mi tierra” del Texto “Tarapacá coronación de Chile”, 1979)

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