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Daniel  Ramírez, Economista.-  Estamos muy cerca de enfrentarnos por primera vez a la elección de Gobernadores regionales, cargo que viene a reemplazar al actual... Un nuevo engaño democrático

Daniel  Ramírez, Economista.- 

Estamos muy cerca de enfrentarnos por primera vez a la elección de Gobernadores regionales, cargo que viene a reemplazar al actual intendente regional en la conducción del gobierno regional.

Cuáles serán las características principales de esta elección, que todos califican de primera importancia, debido a que por primera vez se estaría traspasando a las regiones, parte del poder político y administrativo de la metrópoli, es decir, la capacidad de decidir en casa algunos problemas importantes de la región. ¿Será verdad lo que se dice?

Primero, las regiones vamos a elegir nuestros gobernadores regionales, con un sistema político que impide que existan los partidos políticos regionales, es decir, formados por militantes de una sola región. Para ser reconocido legalmente, un partido tiene que constituirse en tres regiones vecinas o en ocho separadas.

¿Cuál es la consecuencia de esto? A mi modo de ver las más importantes son:

  • Los partidos que intervendrán son todos de carácter nacional y para ellos esta elección es una prueba que les permitirá diseñar una estrategia de nuevas alianzas para las elecciones posteriores de carácter nacional. No les importa la elección de gobernadores regionales, más allá de su resultado y de su utilización promocional.
  • Los partidos participarán en bloques de aliados y para ello, las directivas nacionales, con domicilio en la capital, negociarán los candidatos en función de los intereses de cada partido.
  • Los candidatos que nos presentarán para que los votemos, no los habremos seleccionado nosotros por sus méritos regionales, sino que serán aquellos que las directivas políticas nacionales consideren de su confianza y comprometidos a seguir fielmente las políticas del partido. Como consecuencia, esos candidatos serán a partir de ese momento servidores obedientes de la directiva partidaria que los eligió y que podría reelegirlos en la próxima elección.
  • El resultado establecerá un nuevo periodo con regímenes supuestamente regionales, con gobernadores elegidos en la región, los que a veces obedecerán al gobierno y a veces a la oposición, pero siempre a la metrópoli. El centralismo seguirá incólume y sus intereses seguirán primando por sobre los de la región.

¿Cuántas veces nos ha sucedido lo mismo? ¿Por qué seguimos desconociendo que la solución está en nuestras manos? Somos nosotros los que los elegimos o que dejamos que los elijan, si no vamos a votar. Después creemos que quejándonos y reclamando por las redes sociales, escapamos de nuestra responsabilidad de que hayan llegado donde están. No es así. No hay un dicho más cierto que aquel que sentencia que “Los pueblos tienen los dirigentes que se merecen”.

Creo que es tiempo de merecer algo mejor que lo que tenemos.

En una sociedad democrática, como se dice que somos nosotros, la soberanía está en las manos de los ciudadanos, es decir, en nuestras manos. Somos los poseedores del derecho de dirigir nuestra comunidad y hasta ahora, hemos delegado ese derecho nuestro, en representantes que en nuestro nombre y con nuestra venia, hacen lo que hacen.

Ha llegado el momento de buscar la forma orgánica para que nuestra voluntad de construir una sociedad y una vida mejor pueda ser mejor practicada.

Cuando reclamemos el partido regional, seguramente nos dirán que ello va contra la capacidad de tener y desarrollar  una visión nacional unitaria. Pero hay dos formas de construir una nación, una, es la visión y administración central de la metrópoli, que es el modelo en uso desde cuando existía el poder colonial y la otra forma, es la sumatoria de todas las visiones y los esfuerzos organizados, de la base social que vive en comunas y regiones. A mi modo de ver, esta última es la forma más democrática y más real de conocer las necesidades populares y de obedecer a su voluntad. La existencia de los partidos políticos regionales, ayudaría a construir esta forma democrática de gobernarnos y tal vez  por eso no les gusta a quienes disfrutan del modelo político tradicional.

La dificultad que siempre encontraremos y que necesariamente debemos vencer, si queremos avanzar en nuestro deseo de progresar, es que el modelo que está en uso es el que más conviene para que una minoría controle a una mayoría. Así ha sido desde la Colonia.

Los dueños de la economía viven en la  metrópoli, en una mezcla con el poder político gobernante. Esta forma de administrar nuestra sociedad tiene muchos años y siglos de desarrollo y aunque las economías han ido de la esclavitud, al feudalismo y al capitalismo, siempre las nuevas clases dominantes que han heredado nuestras sociedades, han asumido el poder en una síntesis dialéctica con la clase dirigente anterior y como es natural, han adoptado, adecuado y mejorado su modelo de dominación social, para lograr las condiciones que garanticen que sus intereses estarán protegidos.

 Deberíamos estar preparados para esta realidad que se avecina y esta vez, elegir a personas, ciudadanos de la región que sean como nosotros, que sepan cómo vivimos, que tengan sus hijos en la educación pública, que se atiendan con la salud pública, que coticen en las AFP, que veraneen en las playas de Iquique, etc., etc.

En Santiago decidieron cómo debemos gobernarnos y ahora quieren decidir quién debe gobernarnos, lo  menos que podemos hacer es elegir una persona en la que confiemos para transformar después el gobierno regional en el instrumento que realmente necesitamos como región.

 

 

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