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Sergio González Miranda, Sociólogo, Premio Nacional de Historia Una honorable senadora de la república se refirió con desprecio a los “patipelados” de nuestro país.... Patipelados

Sergio González Miranda, Sociólogo, Premio Nacional de Historia

Una honorable senadora de la república se refirió con desprecio a los “patipelados” de nuestro país. Concepto que en términos generales significa “personas carentes de todo tipo de recursos”, aunque en rigor se piensa en aquellos que no tienen recursos económicos, porque si ampliamos las acepciones del concepto nos llevaremos grandes sorpresas sobre patipelados carentes de cultura general, educación cívica o sentido común.

Quisiera hacer una breve defensa de los patipelados que construyeron nuestro país.  Las huestes que acompañaron al conquistador Diego de Almagro debieron padecer no solo el cruce del desierto y las inclemencias del tiempo, sino la carencia de riquezas. Regresaron al Perú pobres y frustrados, incluso se habla que de la imagen de ellos surge la palabra “rotos”.  El historiador Mauricio Onetto (SOPHIA AUSTRAL Nº 20, 2017) nos dice que a partir de esa aventura surgió la “mala fama” de Chile, habría sido “una práctica discursiva instaurada en el siglo XVI, de índole desdeñosa, compuesta de diferentes situaciones y cuyo eje se sitúa en asociación a los pesares de un tipo de experiencia particular: ir, pasar, ser enviado o vivir en Chile”. A partir de entonces, dice este autor, “a todos ellos se les apuntaló peyorativamente como “los de Chile”” (2017:7).

La historiografía tradicional ha dejado en el imaginario de la nuestra sociedad a esta empresa de conquista como un fracaso, sin valorar el esfuerzo de los que la emprendieron ni en la voluntad de enfrentar los elementos. Resulta evidente que, a partir de esa imagen, quienes tomaron la decisión de venir a estas tierras a partir del siglo XVI debieron ser hombres y mujeres con la gran voluntad que poseen los que no tienen nada que perder: los patipelados. Como esos patipelados que, por ejemplo, con rostros de pirquineros y de enganchados fueron los que terminaron dominando el desierto de Atacama para extraer las riquezas que tan bien le vino a país para consolidar sus instituciones. Muchos patipelados de entonces se transformaron en la elite que surgiría en los siglos diecinueve y veinte.

Los migrantes venidos de los cuatro costados del planeta, que en grandes flujos llegaron a Chile desde la segunda mitad del siglo diecinueve eran, en general, patipelados, porque no trajeron riquezas económicas, pero sí poseían la riqueza cultural que les permitió surgir a gran velocidad, ejemplos de ellos son los alemanes en el sur o los croatas en los dos extremos del país.

También los pueblos indígenas que habitaron y habitan nuestro territorio eran patipelados si los comparamos con la civilización Inca, pero tuvieron también la voluntad de resistir las pretensiones de conquista de ese imperio y después de los españoles, quienes optaron por dialogar con ellos a través de los “parlamentos hispano-mapuches”, notorio símbolo de respeto.

Parece que los chilenos y chilenas actuales, patipelados en una gran mayoría, heredaron esa voluntad de los conquistadores y de los pueblos originarios, lo vemos en la capacidad de levantarse cuando sufren los rigores de terremotos, inundaciones, tornados y trombas marinas, y malos gobiernos.

Puedo imaginar lo que dirían esos pobres patipelados llamados Gabriela Mistral y Nicanor Parra, ante la frase de la honorable senadora de la república. Seguramente la primera diría que se siente orgullosa de ser una patipelada y el segundo crearía un artefacto irónico. Por mi parte, me reconforto que el poema “Oda al hombre sencillo” de Pablo Neruda, publicado en Odas Elementales.

Caleta Molle, junio 9 de 2019