Edición Cero

Daniel Ramírez. La enorme y poderosa expansión de la globalización, ha generado como respuesta natural una explosión social, que en algunos casos reclama por... Estamos cambiando ¡Despierta!

Daniel Ramírez.

La enorme y poderosa expansión de la globalización, ha generado como respuesta natural una explosión social, que en algunos casos reclama por la pérdida de los capitalismos nacionales y en otras, por el deterioro de la calidad de vida producida por la sociedad neoliberal. En ambos casos, quienes sufren el  rigor de estos cambios generados por la globalización neoliberal, son trabajadores, obreros y empleados, clase obrera o clase media.

A los titiriteros del mercado no les interesa quién compre, solo les interesa que todo el mundo consuma hasta “consumir” sus ingresos reales y potenciales. Este malestar social está moviéndose como un aluvión que arrastra una masa informe de barro de todos los colores.  Desde anarquistas a nacionalistas, todos protestan contra un mundo que ha creado necesidades y aspiraciones que no puede satisfacer mayoritariamente y que, como consecuencia de ello, comienza a caerse a pedazos.

Hace ya 170 años que en uno de sus párrafos argumentales, el manifiesto comunista nos alertaba diciendo “La burguesía, con el rápido perfeccionamiento de todos los medios de producción, con las facilidades increíbles de su red de comunicaciones, lleva la civilización hasta a las naciones más salvajes. El bajo precio de sus mercancías es la artillería pesada con la que derrumba todas las murallas de la China … “

Y nadie podría negar que la masividad de la producción de bajo costo, destinada a producir bienes a los cuales las mayorías tengan acceso, aunque sean de carácter desechables, agregado a una inundación de información tendenciosa en cine, prensa escrita, TV, radio, etc., han ensombrecido el pensamiento de los trabajadores y sus familias. Se ha ido creando una cultura que basándose en esta mejoría en la disponibilidad de bienes de consumo, ha ido cambiando la razón del cuestionamiento al sistema.

Ya no somos explotados por un sistema, ahora dependemos de un sistema, lo que hace accesible las ideas de que ya no necesitamos cambiar el sistema, solo necesitamos mejorarlo. Ya no somos solidarios, ahora debemos ser competitivos. Ya no somos trabajadores, alumnos o pacientes enfermos, ahora somos clientes. Ya no nos enfrentamos a empresarios inescrupulosos, ahora cualquiera de nosotros puede ser un emprendedor.

Pero lo importante de la crisis que nos toca vivir, es que quienes han podido superar este esquema y han tenido la voluntad de rebelarse y transformar sus deseos en acción, sean del color que sean, han concordado en el uso de las tecnologías comunicacionales y de las redes sociales para lograr unidad en el accionar político. Es el ejemplo que una vez más nos entrega Francia, esta vez vistiendo un chaleco amarillo.

Si algo ha quedado claro hoy, es que ya no son los partidos políticos los que “la llevan” en el proceso de transformación de nuestra sociedad, por el contrario, son los que frenan el avance, que es lo lógico, porque son parte de su institucionalidad.

La sociedad va más rápido y la pregunta que nos tenemos que hacer es ¿Cómo nos subimos a este carro?

Personalmente creo, que uno de los elementos más determinantes para que esta explosión social  se traduzca en una orgánica social transformadora, es el desarrollo evolutivo de la democracia, que ha llegado de la mano con el desarrollo tecnológico, principalmente con el desarrollo de las tecnologías comunicacionales.

Las redes sociales, que inicialmente se formaron con ánimo festivo, han descubierto el enorme poder que pueden lograr en la denuncia  de irregularidades y en la coordinación de voluntades. El descontento que estábamos habituados a guardar, durante el periodo que faltaba para votar un nuevo representante, ahora lo manifestamos inmediatamente a gente que nos escucha en el celular y el malestar, el reclamo y la acción se producen en tiempo real.

Por ahora la burguesía no puede interferir en ello, pero no tengo dudas de que están desesperados buscando la forma, que sin parecer represión, controle la voluntad popular que chorrea a raudales por las redes sociales.

El progreso de la sociedad humana no se puede detener y si bien, los dueños del  sistema lograron desactivar el mecanismo que venía impulsando el cambio estructural, debilitando el  accionar de la clase obrera, el empuje descontrolado del desarrollo capitalista, les ha abierto una nueva herida con el desarrollo tecnológico.

Los muchachos que se acostumbraron a farandulear en las redes sociales, cuando sean adultos se darán cuenta de que se han acostumbrado a resolver todos sus problemas y planes de vida en la vida virtual, entonces deberán ponerse serios en las redes sociales y cada vez más, estás serán el instrumento más valioso y efectivo que haya tenido el ser humano, en su capacidad de organización y coordinación. Como consecuencia, el sistema de vida que tenemos ya no tendrá como único enemigo natural a la clase trabajadora, sino a toda una sociedad, que tendrá claro que la democracia de la que siempre le han hablado, es su derecho legítimo a participar en la construcción de su futuro.

Hace pocos días atrás, el gobierno mencionó que en el aparato estatal 100.000 puestos de trabajo, podrían ser teletrabajos, serán trabajos que no necesariamente se harán en una oficina, sino que  el  trabajador podrá hacerlos en su domicilio o en cualquier lugar. Este avance tecnológico, sumado a la robótica, para el caso de trabajos menos intelectuales, serán determinantes en el desarme de la conciencia de clase de los trabajadores. ¿Cómo enfrentaremos a esta nueva sociedad si no es participando directamente en las decisiones que se toman a todo nivel administrativo para gobernarnos? ¿Cómo lograr formar una cultura que privilegie la importancia de la propiedad social por sobre la propiedad privada y terminar así con la concentración de la riqueza?

La capacidad soberana para ejercer el poder directamente por los ciudadanos en plebiscitos vinculantes, la propiedad social de todas las riquezas naturales y de la infraestructura productiva y el principio de que solo el trabajo debe generar el ingreso de las personas, son parte de las respuestas a las preguntas anteriores y que significan avanzar hacia la superación de la sociedad capitalista neoliberal. No cabe sino una conclusión. Cada vez es más necesario avanzar hacia una nueva constitución, elaborada democráticamente.