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Iván Vera-Pinto Soto, Cientista Social, pedagogo y escritor Soy un convencido que el arte no puede ser algo ajeno y extraño a la vida de... El Teatro Popular Aquelarre

Iván Vera-Pinto Soto, Cientista Social, pedagogo y escritor

Soy un convencido que el arte no puede ser algo ajeno y extraño a la vida de cualquier persona. Que todos los ciudadanos y ciudadanas tenemos el derecho de disfrutar de las manifestaciones artísticas desde temprana edad. Además, estimo que para procurar el desarrollo cultural de nuestra región, el Estado debiera responsabilizarse  de popularizar y democratizar las actividades artísticas culturales en los sectores más pobres, dando así la posibilidad de crear y disfrutar de los productos artísticos a los trabajadores, pobladores, dueñas de casa, y a todos quienes por razones sociales están divorciados del arte y el goce estético.

Está claro que  la premisa planteada no es nueva, puesto que Luis Emilio Recabarren a comienzo del siglo pasado ya la había materializado aquí en el Norte Grande. Este líder obrero fue el primero que fomentó la creación de teatros populares, tanto para elevar el nivel cultural del pueblo como para promover entre los trabajadores y trabajadoras el amor, el respeto mutuo y los vínculos igualitarios.

Sin lugar a dudas, su propuesta y experiencia escénica sigue siendo válida, más aún cuando observamos en nuestros días que la institucionalidad cultural y las empresas auspiciadoras, tienden a privilegiar espectáculos donde sólo pueden asistir la burguesía y los sectores medios letrados. Situados en ese escenario, donde los organismos públicos responsables no se ocupan de generar espacios y productos artísticos que florezcan de las mismas bases sociales, entonces, tal cual como ocurrió con el Teatro Social Obrero en el milenio anterior, es el mismo pueblo quien funda sus propias instancias de participación en este ámbito, como una verdadera estrategia de contra cultura.

Dentro de ese marco podemos situar la práctica de teatro popular que desde un tiempo a esta parte viene plasmando la Compañía de Teatro Aquelarre de Alto Hospicio, conformada, sustancialmente, por mujeres de diversas edades y actividades económicas, incluso, muchas de ellas fundadoras de las primeras “tomas” de terrenos realizadas por la década de los 80.

Antes de continuar con este relato, definiremos como teatro popular a aquellas agrupaciones cuyas propuestas estéticas y de contenidos dramatúrgicos asumen un enfoque ideológico y social que responde a un estilo de teatro que se define en sus principios como modelo alternativo al hegemónico, este último privativo de los sectores sociales y económicos de poder.

Lo cierto es que el proyecto teatral asumido por Aquelarre tiene muchos méritos que rescatamos: es autónomo, autosustentable, permanente y ha sido capaz de producir en poco tiempo un conjunto de artefactos, los cuales han sido proyectados en los diversos sectores y niveles de su comunidad. Entre otras producciones mencionamos: “Lágrimas de sal”, de creación colectiva,”Tributo a la Mujer”, “La reina Isabel cantaba rancheras”, de Hernán Rivera Letelier, “Pellejo de carne”, de Iván Vera-Pinto y “Cuadros de amor y humor al fresco”, de José Luis Alonso de Santos.

Es evidente que en este recuento no podemos soslayar el hecho que durante esta temporada ha contado con el valioso respaldo del Alcalde y las autoridades municipales de esa comuna, lo que le ha permitido contar con un espacio permanente y una asistencia técnica profesional.

Mencionemos que en todas las integrantes de este colectivo existe una motivación común: hacer teatro en y para la comuna a la que pertenecen. Lo que se manifiesta en una mayor dedicación a participar en los ensayos o interpretación de obras, sean colectivas o de autor; también demuestran mucho interés por capacitarse en métodos y técnicas de representación, acceder a la producción teatral de carácter regional y nacional, recibiendo clases para formarse académicamente, asistiendo como público a salas convencionales y organizando presentaciones en su territorio con el propósito de darse a conocer en diferentes públicos del ámbito poblacional. Esto no ha significado relegar a segundo plano la motivación de índole social en términos de promover a través del teatro una visión crítica de variados aspectos de su entorno o de proponer direcciones posibles de transformación social.

Con todo, las mujeres de este colectivo, pese a sus naturales diferencias ideológicas y de caracteres, ven en el teatro una instancia de encuentro comunicacional que les abre una posibilidad de conocimiento y reflexión sobre su realidad personal y colectiva. Asimismo, reconocen en este arte la facilidad para trabajar en equipo, y de adquirir una educación a través del estudio de los textos dramáticos y de las técnicas teatrales, porque tal como lo concebían Acevedo Hernández y Recabarren, tenemos que defender el derecho a creer en un teatro que sea capaz de comunicar ideas, reflexiones y enseñanzas. Por lo mismo, cada realización escénica no se imagina como un mero artefacto, sino como un medio para alcanzar determinados objetivos sociales. En el fondo, Aquelarre intenta emular la antigua tradición del teatro popular, vocacional, concientizador y explorador. Es decir, no sólo muestra su visión sobre la realidad objetiva; además, se perfila como un teatro didáctico, educativo y formador que modela espacios para la reflexión crítica, la denuncia, fortaleciendo a su vez, las habilidades y destrezas comunicacionales de sus actrices.

Posiblemente sea temprano aventurarnos a visualizar el porvenir de esta agrupación, así como tantas otras que nacen con mucha voluntad y entusiasmo, pero que con el correr del tiempo no son capaces de mantenerse activa y menos de trascender con su trabajo artístico, por diversas razones justificadas: sociales, económicas o humanas. Pese a estas limitantes ajustadas al teatro aficionado, no podemos desconocer que por lo menos este equipo artístico ha desarrollado un trabajo comunitario destacable, basado en similares metodologías, formas de organización y resistencia política de los sectores más vulnerados.

Por otro lado, Aquelarre, así como otras compañías independientes locales, mantiene las mismas dificultades históricas del teatro relativas a sus modos de producción, autonomía para el desarrollo de montajes y sobrevivencia del equipo;  no obstante, también debemos reconocer que cuenta con nuevos espacios y públicos para la circulación de sus producciones: escuelas, cárceles, hospitales, organizaciones de mujeres, plazas y otros espacios que comienzan a colocar en tensión sus formas tradicionales de gestión y circulación del trabajo.

Por el momento podemos reconocer la existencia de una asociación que se moviliza por intereses socio-artísticos, poniendo énfasis en el papel de la mujer como artista y sujeto histórico. En otros términos, podemos colegir que sus derroteros ideológicos están por encima del activismo cultural y el perfil de un simple operador de la cultura, como únicos medios de desarrollo que le ofrece el modelo neoliberal chileno. En este caso el hacer teatro se traduce en un esfuerzo por mejorar las condiciones de vida de los pobladores, y en una modalidad de lucha en contra de algunos aspectos negativos de su realidad poblacional (alcoholismo, prostitución, drogadicción, miseria y otras lacras sociales que los oprimen).

En términos generales, podríamos decir que el teatro poblacional popular es una expresión cultural con identidad propia, que da muestras de trabajo colectivo desde la misma base social que nace, logrando a través de ejercicios y dinámicas teatrales, establecer en las conciencias de las personas una relación entre la opresión de la realidad inmediata y las aspiraciones socio políticas de todo el sector poblacional, por supuesto que esto suponemos sucederá en la medida que las organizaciones se consolidan en el tiempo.

En suma, si tuviésemos que tipificar el trabajo escénico de Aquelarre, diríamos que es un equipo que asume la modalidad de trabajo mancomunado, donde el proceso de producción de sus representaciones teatrales es promovido por sus dirigentes de base, constituyéndose así en un eje articulador y un medio de cohesión comunitaria, representado en el plano temático-ideológico a través de su discurso teatral y sus artefactos artísticos.