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Haroldo Quinteros Bugueño/ Profesor El 4 de septiembre tiene para los chilenos dos significados muy importantes. Primero, es muy importante que se sepa que... Significado del 4 de septiembre

Haroldo Quinteros Bugueño/ Profesor

El 4 de septiembre tiene para los chilenos dos significados muy importantes. Primero, es muy importante que se sepa que el 4 de septiembre era el día en que en nuestra antigua democracia se elegían a los presidentes de Chile. Para las fuerzas de izquierda de Chile, este día es una fecha  especialmente importante, porque un 4 de septiembre de 1970, por primera vez en la historia del mundo, fue elegido por la vía de la democracia vigente, pro-capitalista y burguesa, un presidente de clara orientación política anti-conservadora, marxista, anti-imperialista y elegido con un programa de gobierno de carácter revolucionario, que contemplaba 40 medidas, todas ellas de carácter socialista. Hubo casos parecidos en el sub-continente latinoamericano, como el de Jacobo Arbenz en Guatemala en 1951, Juan Bosch en República Dominicana, en 1961, y Joao Goulart en Brasil en 1961.

Sin embargo, a diferencia de Allende, estos tres presidentes, si bien eran progresistas, nunca se declararon derechamente revolucionarios, ni socialistas ni anti-imperialistas. Aun así,  Arbenz y Bosch, apenas iniciaron reformas que afectaban los intereses de la clase económicamente dominante nacional y del imperialismo norteamericano, fueron depuestos por golpes de estado absolutamente tramados y apoyados por Estados Unidos, Arbenz en 1954 y Bosch en 1963.  No sólo eso, sus países, además, sufrieron la invasión militar norteamericana. La capital de Guatemala, unos de los países más pobres de América Latina, fue bombardeada por aviones de guerra yanquis.

El caso de República Dominicana es peor. Ya depuesto Bosch por un golpe militar en 1963, se organizaron elecciones presidenciales para 1965, y ante la segura victoria de las fuerzas de izquierda, el presidente norteamericano Lyndon Johnson ordenó la invasión del país, tras la cual murieron miles de civiles dominicanos. En cuanto el presidente brasileño Joao Goulart, elegido en 1961, fue derrocado en 1964, tras un golpe de estado también planeado en Washington. Esa es la historia,  y no otra..

El segundo significado del 18 de setiembre es de gran importancia histórica para los chilenos. La razón vital del establecimiento de ese día en los años 40 del siglo pasado, como la fecha de las elecciones presidenciales, fue preservar en la memoria colectiva nacional un día crucial en nuestra historia: el 4 de septiembre es el verdadero día de nuestra independencia nacional; de modo que hoy 4 de septiembre de 2018,  los chilenos debiéramos celebrar el 217º aniversario de nuestra independencia y la fundación de Chile como república, y no el 18 de septiembre.

En efecto, luego de tomar el poder político del país el 4 de septiembre de 1811, don José Miguel Carrera, el primer Padre de la Patria, por lo menos, indiscutiblemente en el aspecto cronológico, proclamó nuestra independencia del coloniaje español, ordenando de inmediato la elaboración de los primeros símbolos patrios, una bandera y un escudo nacionales. Ese mismo día, pidió a su hermana Javiera coser las tres franjas azul, blanca y amarilla que formaron la bandera, lo que ella hizo con sus propias manos. Luego, encargó a un artista criollo santiaguino pintar el primer escudo, diseñado por el propio Libertador.

En él, descollaban las figuras de dos representantes de los primeros chilenos, los mapuches, entonces admirados en todo el mundo por su heroica e invicta resistencia al invasor español. Carrera promulgó también nuestra primera constitución política, que consagraba el fin de la esclavitud, haciendo de Chile el segundo país del mundo sin esclavos, sólo después de Dinamarca. Proclamó también el derecho a la Salud y la Educación por igual para hombres y mujeres (algo entonces inédito en toda América Latina), y encargó al cura Camilo Henríquez –el Padre del periodismo chileno- la publicación del primer periódico nacional, “La Aurora de Chile,” que anunció ante el mundo el nacimiento de Chile como una nación libre y soberana,  orientada en lo político-filosófico  según los principios de la Revolución Francesa.

¿Qué es lo que realmente había pasado un año antes, el 18 de septiembre de 1810? Todo lo contrario a la acción de Carrera. Un escuálido grupo de criollos, la mayor parte de ellos ricos y poseedores de título de nobleza, como quien fue elegido como su presidente Mateo de Toro y Zambrano, que ostentaba el rimbombante título “Conde de la Conquista” (nótese, ¡de la “conquista”!) se reunieron en Santiago ante la noticia de la invasión y ocupación de España por Napoleón Bonaparte. Eran personajes pertenecientes a la casta aristocrática, conservadora y realista, que se auto-convocó para apoyar al Rey y la continuidad del coloniaje.

Organizaron un acto que llamaron “cabildo público,” que no tuvo nada de público (se realizó en un lugar cerrado y pequeño) sin ninguna participación popular ni democrática y sin elecciones abiertas ni nada parecido. Por supuesto, había entre estos aristócratas o jefes de familia ricos, algunos patriotas como el padre de los hermanos Carrera, Juan Martínez de Rozas, José Manuel Gandarillas y algunos más, pero estos no eran la mayoría. De modo que la Junta estaba dividida en dos facciones: la mayoría,  los criollos y españoles residentes en Chile fieles a la monarquía española, y la minoría, los independentistas.

Obviamente, el acta que se firmó luego de finalizado el cabildo, reflejó el pensamiento de los realistas. En breve, tal documento, señalaba que la colonia, a raíz de la invasión y ocupación de España por Napoleón  y la captura del rey-emperador, a quien llamaban “nuestro amado rey,” sería administrada por sus fieles súbditos coloniales, y en su nombre.

Es de gran importancia considerar que en el fenómeno de la independencia de las colonias hispano-americanas, subyace el enfrentamiento político entre el viejo orden feudal y los nuevos tiempos que traía la Revolución Francesa.  Aunque emperador y militarista, Napoleón Bonaparte era el adalid de la nueva era. Su fin era, antes de morir, dejar establecido en Europa el régimen republicano igualitario, laico y parlamentario según lo establecía la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, proclamada al mundo por la Revolución Francesa.

Napoleón ocupó toda Europa, incluidos los estados vaticanos, y, naturalmente, no podía faltar España. Al caer España antes los ejércitos napoleónicos, podría pensarse que las colonias pasarían a ser propiedad del imperio francés, o bien sus protectorados, pero el caso de Chile prueba claramente que tal divisa no estaba en el espíritu de la Francia napoleónica.

La ocupación de España por Napoleón dio a los patriotas la gran oportunidad para declarar la total independencia de Chile, y Carrera supo aprovecharla, barriendo con la Junta de Gobierno pro-monárquica que se había constituido un año antes, el 18 de septiembre de 1810. Por cierto, a todo el mundo sorprende que la independencia de Chile, a diferencia de todos los demás países latinoamericanos, se celebre un día en que los realistas, vasallos ideológicos de la monarquía colonialista española, declararan que el territorio chileno seguiría siendo una colonia administrada por ellos en nombre del rey, y de acuerdo a las leyes dictadas por el imperio colonialista  para la colonia.

Es tan oprobioso lo ocurrido aquel 18 de septiembre de 1810 que sólo bastaría recordar que ese día se consagraba la lealtad al imperio español y su rey,  el máximo representante de la explotación y pillaje imperial, la Inquisición, la opresión, la dependencia, la prohibición comercial y la esclavitud. Fue José Miguel Carrera, quien un año después de aquella ignominia, el 4 de septiembre de 1811, terminó con las armas la famosa “Junta de Gobierno”  y declaró nuestra total independencia.

Carrera gobernó como Presidente de Chile sólo 3 años, desde 1811 hasta 1814. Ese es el período conocido como la “Patria Vieja.” Fue así porque Napoleón cometió un grave error militar. Invadió Rusia y, al igual que la Alemania nazi, tuvo allí una desastrosa derrota. Las consecuencias de  esa derrota prueban cuán internacional siempre ha sido la política. Luego de re-armarse, el “amado rey” volvió a hacerse dueño de Chile y recuperó la colonia  después del desastre patriota en Rancagua, en 1814. “La Patria Vieja” había terminado, y se iniciaba “La Reconquista.” Fernando VII, el “amado rey,” apoyado por sus colaboradores criollos, muchos de ellos los organizadores de la Junta de gobierno del 18 de septiembre de 1810, impuso un régimen sin precedentes en crueldad y opresión.

Muchos patriotas fueron fusilados o enviados a las cárceles, se eliminaron todas las reformas sociales introducidas por Carrera, se repusieron las siniestras oficinas del Santo Oficio (La Inquisición), volvió  la esclavitud, y se persiguió a muerte a los independentistas. Eran los tiempos en que se le puso precio a la cabeza del más valiente de los valientes, el patriota guerrillero Manuel Rodríguez, quien no dejó jamás de luchar, manteniendo viva la llama de la Libertad. Los patriotas se reorganizaron fuera y dentro de Chile y en 1817 asestaron un decisivo golpe al imperio en Chacabuco, y un año después el Libertador José de San Martín derrotó a los realistas para siempre en Maipú. En suma, aquel breve período, llamado Reconquista, fue sólo transitorio, porque Chile ya había sido un país libre, soberano y de régimen republicano en 1811.

Pues bien, ¿por qué, finalmente, se impuso el 18 de septiembre como fecha de nuestra independencia, cuando a todas luces no lo es? Como sabemos, luego de la victoria en Maipú, don Bernardo O’Higgins ocupó la jefatura del gobierno revolucionario de Chile, con el título de “Director Supremo,” desde 1818 hasta 1823, y proclamó el 12 de febrero como nuestro Día Patrio, honrando así  la victoria en Chacabuco. Sin duda, las lamentables disputas entre O’Higgins, Carrera y Rodríguez (que terminaron con el asesinato de los dos últimos), llevaron el 4 de septiembre, el día de nuestra primera y  real independencia, al olvido (en toda esta historia, además, hay una triste coincidencia: Carrera fue fusilado en 1821, justo también un 4 de septiembre).

Terminada la guerra de la independencia, los patriotas fueron todos desplazados o asesinados, aun entre ellos mismos. O’Higgins, fue depuesto, y un año después de su caída, en 1824, Freire, gran patriota leal a O’Higgins, héroe en Maipú,  fue su sucesor. La aristocracia criolla puso en el tapete el tema del Día Nacional, y Freire cedió a sus presiones y declaró dos días para la celebración de la independencia, el 12 de febrero y el 18 de septiembre. Finalmente, Freire, el patriota y héroe de muchas batallas, también fue derrotado por las mismas fuerzas conservadoras, en Lircay en 1830. De ese modo la aristocracia impuso de manera definitiva el 18 de septiembre como el Día Nacional, cuestión que formalizó Diego Portales, el verdadero fundador del orden clasista y aristocratizante existente desde 1830 hasta hoy en Chile. No sólo declaró como única fecha de la independencia el 18 de septiembre, sino que negó sistemáticamente el regreso a la Patria al Libertador Bernardo O’Higgins, el héroe de Chacabuco.