Edición Cero

Daniel Ramírez G./ Economista. Si el gobierno de Jorge Alessandri fue llamado en su oportunidad “el gobierno de los gerentes”, el gobierno de Piñera,... Debemos Despertar

Daniel Ramírez G./ Economista.

Si el gobierno de Jorge Alessandri fue llamado en su oportunidad “el gobierno de los gerentes”, el gobierno de Piñera, puede ser llamado con toda propiedad “el gobierno de los empresarios”.

Que el gobierno es conservador y representa los intereses de la clase empresarial, está más que claro, pero también está claro que el que tiene el control remoto en sus manos es el empresariado y una vez más lo hicieron notar hace unos días atrás, cuando queriendo congraciarse con la ciudadanía, el Ministro Larraín emplaza públicamente a los empresarios, para que hagan un esfuerzo en generar más y mejores empleos, aprovechando las mejores cifras de crecimiento de la economía. La respuesta de los patrones desde la Confederación de la Producción y el Comercio fue clara:

“Comparto lo del ministro de Hacienda de que es un trabajo en conjunto, todos tenemos que hacernos cargo, pero también hay que entender que el mundo empresarial no invierte por emoción ni por llamados, sino que por realidades … “No nos corresponde hacer llamados a la paciencia, pero sí nos corresponde es llamar a hacer bien las cosas, es a que tengamos una buena reforma tributaria, a que no nos restemos a hacer los cambios laborales que requerimos, que tengamos una buena reforma de pensiones”. Por su parte la SOFOFA remacha “el desafío de emplear más gente no es una cosa de voluntad, es que se den las condiciones estructurales para que se reactive la inversión y que esa inversión sea una oportunidad para muchas personas”.

¿Nos quedó claro? Lo voy a traducir por si acaso alguien no  entendió. Los empresarios no invierten por que los llamen a hacerlo, ni porque haya una necesidad social de hacerlo, ni porque les emocione hacerlo. Los empresarios invertirán “si se hacen las cosas bien” y se dan oportunidades de inversión para que muchas personas hagan buenos negocios, es decir, hay que hacer una “buena reforma tributaria”, lo que significa una reforma que sea favorable para las empresas; hay que hacer una “buena reforma laboral” con los cambios requeridos por los empresarios y hay que hacer una “buena reforma a la ley de pensiones” que fortifique el accionar de las AFP.

¿Cuál será entonces la reforma laboral que buscará el empresariado en el gobierno de su socio Piñera? Una reforma que permita bajar los salarios que ya son bajos, para hacerlos competitivos con economías como las de India, China y Korea. Ya lo  intentaron con el  proyecto de ley que permitía la contratación de estudiantes y si eso hasta ahora no lo han conseguido, están logrando reponerse con los efectos de la inmigración, que está provocando una baja real de los salarios debido a la mayor oferta de mano de obra.

También será importante para los dueños de Chile, seguir manteniendo y si es posible reforzar, la facultad del empresario para minar las organizaciones sindicales, promoviendo organizaciones paralelas a través de Judas sindicales.

Una buena reforma tributaria para ellos, será sin duda aquella que rebaje el impuesto a las empresas, favorezca una depreciación acelerada de los nuevos activos y abra posibilidades de revivir el FUT o cree algo parecido.

Una buena reforma a las pensiones, para ellos significa buscar la manera de trasladar más fondos a las cajas de las AFP, ya sea aumentando los años de cotización a los trabajadores, aumentando los porcentajes a cotizar por trabajadores y empresarios o creando un fondo del Estado, que sea administrado por esta maquinaria inventada para ganar plata usando platas ajenas.

El gran instrumento que tiene la clase dominante para mantenernos adormecidos mientras jugamos su juego, es la propiedad y el uso interesado de los medios de comunicación masiva. El cine, la TV, la radio y la prensa escrita, son los que orientan nuestros gustos, crean nuestras necesidades, dan forma a nuestras preferencias y en definitiva,  generan una cultura que hace que aceptemos que la vida que vivimos es un poco injusta pero tolerable, que quienes nos explotan tienen derecho a hacerlo porque son los dueños de un  capital que permite producir algo, porque tenemos la suerte de que nos ofrezcan un trabajo y un salario. Esto se expresa en la manida frase “No me hablen de cambios, porque sea cual sea la sociedad en que vivamos, yo voy a tener que trabajar igual”.

Nunca nos preguntamos por qué el producto de nuestro trabajo no nos pertenece. Nunca nos  preguntamos por qué ahora existen ricos y pobres si todos los seres humanos llegamos en cueros a este planeta.

En los más de cien años de vida que tiene la sociedad capitalista en Chile, ha permitido, fomentado y desarrollado, los instrumentos socio políticos necesarios para que la clase dominante pueda hacer un manejo óptimo del poder y en lo posible, conservarlo permanentemente.

Los dueños del país han logrado mantener vigente una cultura, que nos hace aceptar ahora distintos significados para conceptos tan importantes como el de libertad. La libertad de educación ya no es como se entendía antes, la libertad de enseñar todas las visiones humanas del mundo. Hoy la libertad de educación es la libertad que tiene  cualquier “emprendedor” de montar una escuela que produzca educación que al  venderse genere rentabilidad. Y eso  lo  aceptamos.

Hoy la libertad sindical, no es la libertad de los trabajadores para organizarse en un  sindicato propio de su clase, para enfrentar la fuerza socio política que tiene el empresario que los contrata, sino, que es la libertad que tiene el empresario para dividir el movimiento sindical, organizando y ofreciendo distintas garantías a distintos grupos de trabajadores. Y eso lo aceptamos.

La libertad de trabajo no es la oportunidad de buscar el trabajo que más nos acomode y que sea mejor remunerado. Es la libertad del empresario de despedir trabajadores por necesidades de la empresa y contratar  otros más baratos en el mercado.

Nuestra cultura ha terminado por clasificar ciertas conductas empresariales como más importantes que las conductas destinadas a proteger el derecho que tiene el ser humano a la educación,  al trabajo, a la salud, a una pensión digna, a la vivienda, al descanso, a la diversión, entonces se nos enseña que si no hay crecimiento económico, estos derechos no pueden existir. Pero la verdad es lo contrario, puesto que el crecimiento económico debe de existir para dar cobertura real a los derechos del ser humano. Entonces podríamos hablar de Desarrollo Económico.