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Haroldo Quinteros Bugueño, Profesor La OTAN fue producto de la ya extinta Guerra Fría. La Organización del Tratado del Atlántico Norte (de ahí la... La OTAN ya está en América Latina

Haroldo Quinteros Bugueño, Profesor

La OTAN fue producto de la ya extinta Guerra Fría. La Organización del Tratado del Atlántico Norte (de ahí la sigla OTAN) es una alianza militar interestatal que fue suscrita en 1949, ideada, organizada, financiada y liderada por Estados Unidos. En la actualidad, la organización está conformada por 29 países: 2 de América del Norte, Estados Unidos y Canadá; 27 de Europa, todos ellos miembros de la Unión Europea (UE), con excepción de Turquía, Albania y Montenegro; y, finalmente, 9 “socios globales,” a los cuales me refiero más adelante.

objetivo oficial de la OTAN fue contener una posible invasión soviética en Europa Occidental, aunque en Yalta, en 1943, cuando era evidente que Alemania nazi perdería la guerra, se trazaron las nuevas fronteras y se delimitaron las zonas y esferas de influencia de las potencias triunfadoras. Como respuesta a la OTAN, la ex – Unión Soviética formó el Pacto de Varsovia con los países de Europa Oriental que ocupó después de la guerra, y apenas ella desapareció en 1990, tal pacto fue desahuciado para siempre. Entonces, ¿por qué la OTAN sigue en pie, aunque ya no hay Guerra Fría, ni Unión Soviética ni Pacto de Varsovia? La respuesta no puede ser más simple: el propósito de contención del socialismo no sólo debía abarcar Europa, sino todo el mundo.

La Historia se ha encargado de probar este aserto, porque la OTAN tiene hoy filiales en todos los continentes, incluso en el nuestro. El asunto es serio porque la OTAN es la maquinaria de guerra más costosa del planeta. El gasto militar combinado de todos los países miembros supera el 76 % del gasto total militar mundial, y todo bajo la suprema dirección del alto mando militar estadounidense.

A la discusión sobre política internacional, ahora se ha agregado un nuevo concepto: “la OTAN latinomericana.” Esta es la última “gracia” del presidente estadounidense Donald Trump, que ha conseguido que Colombia sea hoy miembro de la OTAN, aunque con ello se ha violado la declaratoria de la ONU sobre Sud- América como Zona de Paz en el mundo. Partiendo del probado hecho que la OTAN es un organismo de origen hemisférico norte, como su propio nombre lo indica, ¿por qué, además de haber arremetido en todos los continentes, ahora lo hace en América Latina? Esto sólo puede deberse al evidente ascenso de los movimientos que aspiran cambios profundos sociales en prácticamente todos los países latinoamericanos, cuestión que conlleva naturalmente la lucha por la independencia del imperio norteamericano.

Además, ante la creciente presencia en Latinoamérica de las otras dos superpotencias del mundo, Rusia y China, con buenas relaciones bilaterales (incluso militares) con varios países, Estados Unidos no podía tolerar que la enorme región sub-continental americana se les escapara de las manos. “América para los norteamericanos” decía Monroe; es decir, ningún país del sur continental se atreva a tener relaciones del tipo que quiera y con quien le plazca.

En verdad, hay sobradas razones para estar preocupados, sobre todo los países limítrofes con Colombia, particularmente Venezuela. No puede olvidarse que desde sus inicios la OTAN se ha caracterizado por ejecutar operaciones armadas en el mundo siempre orquestadas desde Washington, y Venezuela ha tocado seriamente sus intereses.

La OTAN , de hecho, no es más que una agencia militar de Estados Unidos. En una de sus partes el texto del Tratado, se lee:

“Cualquier estado que sea invitado a la OTAN puede ser parte del Tratado depositando el instrumento de adhesión correspondiente ante el gobierno de los Estados Unidos de América. Este gobierno informará a cada una de las partes de haberse efectuado el depósito de dicho instrumento de adhesión.”

Imposible mayor sumisión a la superpotencia norteamericana. No ha habido intervención de la OTAN en donde no haya ido a proteger los intereses de su creador. Ha sido cómplice de Estados Unidos, directa o indirectamente, en todas sus incursiones imperialistas, desde la guerra de Corea, a comienzos de los años cincuenta del siglo pasado, hasta hoy. La OTAN ha participado en todas las invasiones ejecutadas por Estados Unidos a la cabeza en los últimos treinta años, sobre países que no sólo no le habían hecho jamás daño ni ataque militar alguno, sino que ni siquiera había amenazado con hacerlo, como es el caso de Irak, en 1991; Somalia, en 1993; Bosnia, en 1995; Afganistán y Sudán, en 1998; Yugoslavia, en 1999; Afganistán, desde el 2001 hasta el presente; Irak, en 2003, y Libia, en 2011. Es importante destacar que en todos estos casos la OTAN actuó en desacato a resoluciones expresas de la ONU, o al menos sin el apoyo de esa organización.

¿Cuál es el papel de Colombia en la OTAN? Estados Unidos, para no aparecer como burdo y cínico, propuso en la OTAN la categoría “socio global”. Bajo esta categoría, 8 países extra-europeos, todos parte de la esfera global de influencia estadounidense, ingresaron a la OTAN, y así, lo hizo Colombia el pasado 31 de mayo, completando de esta forma el grupo de los 9 “socios globales”: Afganistán, Australia, Irak, Japón, Corea del Sur, Mongolia, Nueva Zelanda, Pakistán y ahora, Colombia. Todos tienen algo en común: albergan enormes bases militares estadounidenses dentro de sus fronteras, sólo con la excepción de Mongolia, por presión de Rusia, que le es vecina. Obviamente, la superpotencia rusa no admitiría bases militares norteamericanas en sus fronteras.

Hay algo que no puede dejar de sorprender en cuanto estos “socios globales.” El tema ya no es sólo militar, sino de drogas, y de las más duras. Entre estos “socios globales” se encuentran los primeros productores y exportadores de las drogas fuertes más consumidas a nivel planetario: Colombia, en el caso de la cocaína, y Afganistán, para los casos de la heroína, el opio y la morfina. Pakistán también juega su rol en este macabro juego. Es el mayor cultivador mundial de la Adormidera o planta del opio, la base para la elaboración de las tres últimas drogas anteriores. Vale decir, desde Pakistán parte a Afganistán gran parte de la materia prima para su fabricación.

El valor total del mercado del opio y sus principales derivados (heroína y morfina) alcanzó en 2017 la astronómica cifra de 95.000 millones de dólares estadounidenses, haciendo de las drogas el tercer producto comercial más importante del mundo, sólo superado por las armas y el petróleo. Así, entonces, se podrá comprender claramente el gran interés del imperio y en general de todos los países desarrollados de la OTAN en participar activamente de este negocio, que además de lucrativo (al fin y al cabo “business is business”) les provee de un eficaz medio de control social y les permite financiar acciones encubiertas que dada su naturaleza terrorista no podrían pasar con facilidad los controles legales, éticos y presupuestarios de sus respectivos gobiernos.

Es un hecho comprobado que la OTAN ha estado intensamente involucrada y de manera directa en la producción y el tráfico de drogas en Afganistán, desde el propio inicio de la llamada “Operación Libertad Duradera,” a pocos días de los supuestos atentados a las Torres Gemelas, en octubre de 2001. Es con este pretexto que Estados Unidos aún no abandona Afganistán. Debía hacerlo en 2014, después que Obama anunciase oficialmente que la guerra había concluido, pero allí aún permanecen tropas estadounidenses, y para quedarse, según dice Trump, hasta 2024.

Para mediados de 2017 permanecían estacionados en Afganistán 8.400 efectivos militares estadounidenses, entre ellos una buena cantidad de… mercenarios colombianos. ¿Por qué? Porque Colombia tiene una triste historia de servilismo al imperio yanqui. De partida, no es raro que haya ingresado a la OTAN. Hubo batallones colombianos en la guerra de Corea, (1950-53) con la diferencia con aquellos que participaron en la II Guerra Mundial como parte de los ejércitos de Estados Unidos, que en Corea fueron aniquilados todos. Hoy día, hay soldados colombianos de tropa regular en Afganistán, en Irak, Libia y probablemente en Siria. Mientras tanto, el gobierno de Colombia hoy continúa incrementando su gasto militar.

Aun después de suscritos los acuerdos de paz con las FARC, es el país latinoamericano que más invierte en el área militar, con un gasto en el rubro equivalente al 3,4 % de su Producto Interno Bruto (PIB), mientras no cesan los asesinatos de campesinos y luchadores sociales perpetrados por los paramilitares, las policías y los efectivos del ejército.

En suma, la OTAN ya está instalada en Sudamérica. Ello sólo puede tener como objetivo contener los movimientos de independencia nacional que hoy encabeza Venezuela, seguida por Ecuador, Bolivia y Nicaragua. Chile no queda atrás, aunque de manera más lenta, pero segura, y con la anuencia y colaboración de los gobiernos de la ex – Concertación, en los que han participado socialistas y comunistas, partidos que, en la letra, se declaran aún “anti-imperialistas.” En 2004, Michelle Bachelet, ministra de Defensa del presidente Ricardo Lagos, firmó un complejo acuerdo militar con Estados Unidos, muy poco después de haber sido brillante alumna del “Colegio Interamericano de Defensa,” órgano militar estadounidense que tiene su sede en Washington.

Este año 2018, nada menos que el comandante en jefe del Ejército chileno Edmundo Villarroel, asume el cargo de “Subcomandante  General de Interoperabilidad del Ejército del Sur de Estados Unidos,”  y para rematar, se abre en la sede del Estado Mayor Conjunto de las FF AA de Chile la oficina del “CUMSEC CUSTODIAN,” organismo de coordinación militar que controla el Ejército de Estados Unidos. Finalmente, Chile acaba de sumarse a RUMPAC, ejercicios navales dirigidos por Estados Unidos, que justo ahora se están realizando en la costa norte del país; es decir, ante nuestras propias narices.

La incorporación de Colombia a la OTAN, así como todas las intervenciones estadounidenses en los ejércitos latinoamericanos, son el primer paso para la intervención de la OTAN en América Latina, partiendo, obviamente, con la invasión de Venezuela, el archi-enemigo actual del imperio norteamericano. Para ello el imperio estadounidense y la OTAN usarán de pantalla a sus aliados latinoamericanos más incondicionales, porque tal como ha sido siempre en todos los continentes, el imperio se cuida de no invadir solito, utilizando a algún país cómplice de la región. Colombia le serviría a las maravillas en este siniestro juego.