Edición Cero

Leonor Quinteros Ochoa/ Socióloga. Magíster en Teoría Social Luego de estallar la Segunda Guerra Mundial,  el psicoanalista judío Bruno Bettelheim fue arrestado por los nazis.... La importancia de contar cuentos

Leonor Quinteros Ochoa/ Socióloga. Magíster en Teoría Social

Luego de estallar la Segunda Guerra Mundial,  el psicoanalista judío Bruno Bettelheim fue arrestado por los nazis. Fue llevado a Auschwitz, donde prestó especial atención a los niños internos en aquel campo de concentración.  Al finalizar la guerra, Bettelheim decidió trabajar con niños abandonados en hospitales, enfocando sus estudios e investigaciones en un fenómeno de especial interés en la psiquiatría actual, el “hospitalismo”, rara condición física y psíquica que sufren los niños abandonados o que sufren las consecuencias de traumas severos.

el niño que sufre de hospitalismo, se produce la paralización de los músculos de los brazos y piernas, adquiriendo el aspecto de un “fantasma viviente”. Bettelheim, en su calidad de psicoanalista especializado en la infancia, advirtió que estos niños presentaban mejoría cuando se les contaba cuentos. Dedicó gran parte de su trabajo a investigar el poder de la lectura y de los cuentos y publicó entre otras obras “Los Niños Necesitan Libros”, “Alegría y Alma del Ser Humano” y “No basta sólo el Amor,” entre otros.

Quisiera referirme brevemente a una obra suya llamada “The uses of enchantment” (La utilidad del encantamiento). En él, Bettelheim da cuenta de sus  investigaciones sobre los cuentos de hadas tradicionales más importantes, y el significado e importancia que tienen éstos en el cuidado médico y formación del niño. En el libro señala,

Como para el niño su propio mundo le parece algo enredado, hay que darle la posibilidad de que pueda entenderse a sí mismo en este mundo enredado para que así pueda dar un significado al caos de sus sentimientos. Necesita estímulos para comprender su mundo y el exterior.

Todos los niños tienen temores, y todos ellos exploran el significado de la vida de los adultos; sobre todo a través del juego. Estos temores, que surgen en la vida cotidiana y en la interacción del niño con los adultos y otros niños, pueden parecernos ridículos, absurdos,  dada nuestra condición de adultos. Por ejemplo, el miedo a ser “comidos.” Aunque esos temores no son “tema” en nuestra conversación con los hijos, sí lo son en los cuentos de hadas tradicionales. Dentro de nuestro contexto cultural y social, dicho temor comienza en la medida que el niño se hace independiente de la madre y supera la fase oral.

Uno de los cuentos que presenta muy bien el temor a ser comidos es el clásico relato “Hansel y Gretel” de los hermanos Grimm. El cuento es la historia de dos hermanitos, una niña y un niño,  que son abandonados por su madrastra en el bosque. Para el niño. la madrastra representa el lado oscuro de la figura materna, y en el cuento, precisamente con el propósito de no afectar el concepto tradicional “relación madre-hijo,” extraordinariamente fuerte en todas las culturas, los autores recurren a este expediente (“madrastra”), uno de los peores villanos de los cuentos tradicionales europeos. La historia cuenta que la siniestra madrastra abandona a sus hijos porque ya no los quiere alimentar. Esta situación se da realmente en la vida del niño, cuando deja de estar en el vientre de la madre, como también en la fase del destete.  Es más, en virtud de esto, Bettelheim sostiene que todo niño acusa un sentimiento de frustración y rabia hacia la madre durante la fase edípica.

En “Hansel y Gretel” los niños, vagando en el bosque, llegan a casa de una bruja que les ofrece toda clase de delicias, vale decir, los niños vuelven de manera “artificial” a la fase de dependencia con la madre, que ahora se da en un contexto que podemos llamar “gula”. La casa de la bruja estaba hecha de golosinas, lo que bien puede representar el cuerpo de la madre que alguna vez les brindó todo alimento y cariño. Pero el cuento advierte sobre el peligro de dicha tentación:  así como los hermanitos comieron de la casa de la bruja, ésta los hace sus prisioneros para ser comidos por ella. Lo justo y la victoria del bien, que siempre subyace en los cuentos infantiles, hacen que los niños se den cuenta de su error, y, además, tomen la iniciativa para encontrar una solución al grave situación en la que encuentran.

Así, después de haber eliminado a la malvada bruja, descubren que ella guardaba grandes tesoros. Estos tesoros son de alto valor, y los niños tienen así un nuevo argumento para volver al hogar. Esta vez, sin la madrastra, y con un padre que los espera. Han superado su temor oral al liberarse de la imagen malvada de la madre. El relato es impecable desde el punto de vista literario. Se desarrolla en un in crescendo que culmina en un nudo que finalmente es resuelto positivamente. La bruja fue muy buena con los niños el primer día, luego se vuelve estricta, da órdenes, los maltrata, y finalmente, se propone devorarlos. Este es solo un ejemplo de cómo Bettelheim retrata los cuentos como testigo de los conflictos infantiles.

El libro analiza varios de los cuentos tradicionales más conocidos; uno por uno,  dando cuenta del significado de cada uno de ellos para los niños y niñas. Muchas veces los niños piden una y otra vez el mismo cuento. Según el psicoanalista, esto es señal que en dicho cuento está presente un conflicto o temor que está viviendo el niño. Además es frecuente ver que el gusto por un cuento cambia mucho de una etapa a otra en la vida de un niño.

Bettelheim pudo establecer, tras años de observación, que los niños internados pedían a menudo el cuento de “Rapunzel,” que aquellos que estaban por tener un hermanito pedían el cuento de la Cenicienta, o los que atravesaban por períodos de conflictos con sus madres, pedían escuchar el cuento de “Blanca Nieves.”

Es interesante anotar que Bettelheim fue extraordinariamente crítico con las películas y cortos cinematográficos de dibujos animados de Walt Disney,  puestos que éstos inhibían la imaginación del niño y su facultad de crear, al no poder construir personajes y escenarios, y también por la distorsión que hacía Disney de los cuentos originales.

Para Betteltheim, los cuentos con finales trágicos, como varios de los cuentos de Perrault y algunos de Andersen, no ayudan en el trato terapéutico del niño. Los finales felices sí lo hacen, puesto que no niegan una “solución” al temor o conflicto que sufre el niño. En varios de sus libros, Bettelheim insiste que lo mejor es contar a los niños los cuentos en voz alta, acompañándolos y animándolos a que expresen sus ideas sobre ellos.

Siguiendo esta lógica, deberíamos considerar a los cuenta-cuentos populares como sanadores o terapeutas. A los niños y niñas les encantan los cuentos, los disfrutan y los piden una y otra vez. Así que ya saben madres y padres: Si su hijo o hija le pide a menudo el mismo cuento, es porque dicho cuento está apuntando a un conflicto o temor del cual es preciso liberarlo. Siga contándole el mismo cuento, y cuéntele muchos más, pues le ayudarán a crecer y comprender su mundo y el de los adultos. Converse con ellos, pregúntele y anímelo a expresar sus emociones y pensamientos respecto a su cuento favorito.