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Guillermo Jorquera Morales Primera Jornada (sábado 10 y domingo 11, febrero 2018). Desde algún lugar del pueblo se escucha el sonido de un bombo de... Quillaguasa; Carnaval de la Luna

Guillermo Jorquera Morales

Primera Jornada (sábado 10 y domingo 11, febrero 2018). Desde algún lugar del pueblo se escucha el sonido de un bombo de una banda de bronces, anuncia la acción inicial, para la primera etapa de la fiesta; bom-bom-bom-bom.

Es la hora de iniciar el rito de subir al Carnavalón, para que con la protección del malku se inicie el carnaval quebradeño, los comuneros se reúnen en torno al morro y empiezan a subir por diferentes senderos; éstos son, algunos más empinados que otros; más duros y más blandos, más cortos y más largos, pero todos llegan a la cumbre, (alguien con una que otra magulladura, como un llamado de atención del malku) en donde ya está preparada la pawa y los alférez junto con challar por la pachamama, invitan a todos los presentes, incluidas las visitas, a participar en este ancestral rito, que los comuneros realizan desde siempre, se challa, se pide por el éxito de la fiesta, se invoca a la pachamama, se bebe, y se le rinde culto, representada por un ara de piedra de años inmemoriales, que recibe las ofrendas como agradeciendo esta manifestación ancestral.

El bombo ritual acompaña los bailes en torno al ara, que realizan los comuneros, vestidos con sus prendas comunes y habituales, a excepción de los alférez pasiri, que lo hacen con el tradicional vestuario del mundo andino, (la warmi a pies descalzos) con el respeto y la solemnidad de iniciar el rito para cumplir con la primera etapa de la festividad, que les permite el sincretismo eclesial, antes de vivir la cuaresma.

Desde esta altura, que no es la cumbre más alta del sector, se puede ver el pueblo re-naciente, instalado en una gran terraza en la ladera del cerro, teniendo en el fondo de la quebrada el río amigo, hasta que no se le ocurra “golpear” estruendosamente, y al frente grandes farellones que resguardan la belleza natural del refundado pueblo.

Con esta alegría y entusiasmo empiezan a bajar el carnaval al poblado, donde seguirá la fiesta, hasta el próximo octavo día, cuando lo vuelvan a subir, y dejarlo al cuidado del cerro Ño Carnavalón, con el compromiso cierto que para el año volveremos.

Se apagan las luces, que por arte de magia han llevado hasta la cima, y descienden, ya con la penumbra como techo, nadie resulta herido, gracias a la luna y al pusy tunga, que corrió generoso.

Al ritmo del mazo del ruidoso tambor, llegan al pueblo a cumplir con la próxima etapa de la festividad. En el parabién, sede de los comuneros, se brindará una recepción a todos los presentes.

Aquí hay serpentinas, chayas y música, ahora a cargo de un técnico musical, se baila, se sirven bebidas, vinos, cervezas  y dulces para completar la alimentación. Ahora el Pusy fue rebajado y servido como té con té. Complementada con la nunca olvidada ofrenda a la pachamama.

Todos bailan, todos ríen, todos gritan;

¡Viva el carnaval!

¡Vivan los alférez!

¡Viva la Reina del Carnaval!

 ¡Viva el pueblo de Quillaguasa!

 ¡Vivan!, ¡Vivan!, ¡Vivan!

Hasta que la música cesa y las luces se apagan, hay que descansar y esperar el próximo día.

Cuculí madrugadora, de nuevo el bombo ritual anuncia el inicio de la festividad; es la hora de servir la tradicional Kalapurka.

 Con el llamado del bombo los comuneros se reúnen para subir a visitar al Ño Carnavalón y así obtener vía libre para seguir con la ritualidad ancestral, con el compromiso de volver al término de la jornada.

Al bajar se reúnen en la entrada del pueblo, en la Cruz del Calvario, y desde allí se inicia, como en procesión, la bajada hasta el parabién, apreciando el plano regulador del pueblo, se han trazado calles, se han tendido cables eléctricos, se trabaja en una red de agua potable, existen una pequeña capilla, frente a una plaza, rodeada de cuidados jardines, en ella se ha construido un escenario al aire libre, no solo para eventos, sino también para algunas liturgias que convocan a mucha gente y atiborran la capilla. Al frente cruzando una calle está el parabién, que los comuneros llaman sede del pueblo.

Hasta allí debe llegar la alegría caminada del pueblo, siempre al ritmo del bombo, que ahora acompaña los antiguos cantos de carnaval:

 “…Por los carnavales ay pera, y pera

He venido a verte, por la libertad

Mañana me voy ay pera, y pera…”

 “…Armemos la rueda

Ay pera y pera

Por los carnavales

Por la libertad…”

“…Quién es el que canta

ay pera y pera

Emilio yo soy

Ay pera, ay pera…”

 “… Por los carnavales

Por la libertad…”

Llegando a la sede hay una mesa central que los comuneros e invitados rodean para servirse esta ancestral comida, que llega en embases de un kilo de peso, y vinos, y cervezas, y bebidas, y música y gritos:

 ¡Viva el carnaval!

 ¡Vivan los alférez!

¡Viva la Reina del Carnaval!

¡Viva el pueblo de Quillaguasa!

¡Vivan!, ¡vivan!, ¡vivan!

La cuculí madrugadora emprende el vuelo, a reponerse para la hora del almuerzo.

Acercarse a la sede del pueblo, es comprometerse a concho con el juego carnavalesco, ahora todo vale, no hay excusas para no ser carnavaleado, challado; con harina, agua, y música, mucha música que emerge de los altos parlantes instalados para la ocasión. Por supuesto el baile es el protagonista principal de esta fiesta, lo hacen en la calle, en la sede, en la plaza, todo el pueblo parece moverse al ritmo de la música que invita, aturde y contagia.

Como el almuerzo se ha demorado, algunos tratan de ayudar y se acercan al lugar, donde una parte de este banquete se prepara, y llegan a la casa del Beto y la Charo, el Hogar de Cristo le llaman; el Pedro, la Meche, el Pato, el Cala-cala y todos, todos por allí desfilan.

Es una casa que está sostenida solo por la solidaridad, amistad, y el carisma que irradian los Quiroga. Todo el mundo es bienvenido, hasta allí llegaron los supuestos ayudantes de cocina, pero lo cierto es que siguió el carnaval, avivado ahora por las cocineras que calladitas siguieron challando; mojando a todo el que vino; ni los alférez, ni la Reina, ni los curiosos y ni el ejecutor del bombo convocante que anuncia los momentos principales de esta festividad. El carnaval estaba vivo, la chaya reinaba en ese día de fiesta.

Y llegó el almuerzo; medio pollo asado que ocupaba todo el plato – el arroz era sólo de compañía-, que cada comensal atacó con unción; vinos, cervezas, bebidas y música acompañó el banquete. Luego siguió el baile, ahora con ritmos tradicionales y luego a descansar para la siguiente etapa.

Pero ni la cuculí madrugadora y ni el bombo ritual, tuvieron eco, no hubo fuerzas para realizar la visita al Ño Carnavalón. Quedó para el día siguiente.

Y luego esperar ocho días para volver al pueblo a vivir el remate de los carnavales y a prometer que para el año volveremos.

La programación para el remate del carnaval, contempla; baile de disfraces, ahora incluido el tradicional cachimbo tarapaqueño, caravana de autos adornados hasta el pueblo del Santuario del “Lolo” deTarapacá, Patrono de la quebrada, para culminar con la quema del rey Momo, en el malku Carnavalón.

Al terminar ésta fiesta, deben estar elegidos los alférez del próximo carnaval, para la primera y segunda etapa, en el naciente pueblo del privilegiado Quillaguasa, porque dicen los aymara que allí vive la luna.