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Iván Vera-Pinto Soto/ Cientista Social, pedagogo y escritor Hace poco los estudiantes y profesores secundarios y universitarios volvieron a colocar en la palestra la polémica... La tensión de la Filosofía como asignatura obligatoria o electiva

Iván Vera-Pinto Soto/ Cientista Social, pedagogo y escritor

Hace poco los estudiantes y profesores secundarios y universitarios volvieron a colocar en la palestra la polémica desatada a nivel educacional, en relación a la medida que pretende aplicar el Ministerio de Educación sobre la no obligatoriedad de la asignatura de filosofía en el currículum escolar. Efectivamente, minutos antes de la parafernalia denominada  “piscinazo” que iba a realizar la nueva reina del Festival de Viña, un grupo de jóvenes llegó hasta el Hotel O’Higgins irrumpiendo la actividad con pancartas alusivas a su demanda.

Lo cierto que en todos ellos, al igual que muchos ciudadanos, no asalta la pregunta: cuáles son los alcances de esta reforma, más aún cuando creemos que hoy la educación pública debe ser fortalecida.

Vamos por parte. El año 2014 el MINEDUC planteó el diseño de una propuesta de nuevos planes de estudio de enseñanza media, en el que se esboza la posibilidad de eliminar a la asignatura de filosofía dentro del plan común de la modalidad humanístico-científica, todo ello en el proceso de modificaciones de las bases curriculares de 3º y 4º medio. La reacción por parte de los profesores de esa área del conocimiento no se hizo esperar. Todos alegaron en torno a  la importancia que tiene la formación en filosofía, por ser ésta la ciencia madre y tronco del conocimiento del mundo occidental, el debate acerca de cómo se encuentra predestinada en el currículum no puede apartarse de los objetivos de la educación media y del diagnóstico del currículum vigente.

Está claro que cualquier determinación no puede ser parcelada y aislada, pues hemos visto que en esa dinámica, sistemáticamente, se ha ido reduciendo la formación humanista y artística, en base a una mirada tecnócrata y cuantitativa de centrar los aprendizajes en supuestos saberes fundamentales que hegemonizan los esfuerzos y desplazan la integralidad del currículum. La duda que tenemos es saber si estos cambios apuntan a cambiar el paradigma en el diseño formativo de la educación escolar o, simplemente, son una continuidad de las políticas establecidas desde la promulgación de la Ley General de Educación.

En la praxis observamos que las modificaciones que se han llevado a cabo en los últimos tiempos no han sido fortuitas, ya que la controversia se reduce a horas más y horas menos y no al fondo que es la evaluación del currículum prescrito y la reflexión sobre si existe la necesidad de cambiarlo. Ese debate sustancial se soslaya cuando solamente se discute sobre la permanencia de una asignatura u otra, como si ellas estuvieran al margen del todo, y esto, a nuestro juicio, es estéril tanto desde la política educativa como desde el debate en los centros educativos y la sociedad civil.

Para los profesores e investigadores educacionales no cabe duda que la asignatura de filosofía tiene una importancia vital en la formación de los estudiantes, por ser ella la ciencia madre y tronco del conocimiento. Por otro lado, la disputa acerca de cómo se encuentra aplicada en el currículum, creemos que no puede separarse de los objetivos de la educación media y de la evaluación del currículum actual. En ese terreno, debemos reconocer que cada gobierno ha hecho cambios que pueden tener diferentes ponderaciones, pero que en la base adolecen de una política curricular vista como política de Estado, pese a todos los esfuerzos, los debates, elaboración y las transformaciones al currículum por parte de los actores involucrados.

Al respecto, el ministerio del área parte del supuesto de la desigualdad en el plan común de las tres modalidades de Enseñanza Media (humanístico-científico, técnico-profesional y artística). Desde esa óptica, el considerando resulta congruente, pues uno de los puntos críticos de nuestro sistema educativo es la igualdad de oportunidades que no sólo se expresa por la condición socioeconómica, sino también en las itinerarios educativos. Por ende, la equidad, integralidad y la pertinencia formativa desde la perspectiva territorial y de los estudiantes es algo significativo, y el homologar el plan común de las tres modalidades de educación media resultaría ser algo beneficioso, en tanto de alguna manera se lograría asociar la filosofía con los intereses de los estudiantes y la realidad en la que ellos viven. El quid de la discusión es cómo se integraría la ciencia, el arte, la historia y la filosofía en una sola asignatura común. En eso creo que hay que tener cautela, pues se necesita de un profesional distinto que hoy en Chile no existe.

Ahora bien, pareciera que la integralidad es un máxima compartida de manera transversal, empero desde el punto de vista estructural sabemos que es complicado poder ponerlo en práctica, considerando la supremacía que existe del paradigma de especialización en el ámbito educativo, cultural y científico. La integración de las asignaturas pertenecientes a un ámbito del conocimiento a través de la conjunción de ellas sería un cambio radical en los planes de estudio y del currículum en general, cuyas implicancias podrían impactar en la formación inicial docente, el ejercicio de la docencia, el desarrollo profesional docente y, mayormente, en los aprendizajes de los estudiantes. En todo caso, una reforma de esta característica demanda, entre otros aspectos, ejecutar cambios a nivel de financiamiento, de infraestructura y de profesores capacitados en la orientación que se propugna.

Desde nuestra óptica, los ajustes, reformas y cambios que se propongan a nivel curricular corresponderían tomar como matriz los objetivos y valores que sustente el sistema educativo, más aún cuando en la actualidad se discute sobre la posibilidad de generar una nueva Constitución Política. En ese contexto, no cabe duda que la filosofía como fundamento del saber y del estudio de un conjunto de temas esenciales para la formación ciudadana, es protagonista en la construcción de la sociedad que pensamos para el futuro de Chile. La incógnita es si permaneciendo como una asignatura en el plan común o en un plan integrado (Asignatura de Formación Ciudadana), puede influir significativamente en el currículum. Esa una cuestión que está por zanjarse.

Lo que sí nos parecería descabellado desde todo punto de vista es que la asignatura se descartara del currículum o se dejará como una simple materia electiva. La primera acción de la autoridad iba por ese sendero (eliminar la obligatoriedad), luego del debate con los profesores y paros de protesta, se retrocedió en su intencionalidad, pues al parecer se dieron cuenta que ello significaría relegar la asignatura como un cuerpo de conocimiento inútil y las ideas filosóficas que son una fuente y un legado cultural histórico, por un lado; y un compendio de destrezas y habilidades, por otro, sin ninguna pertinencia educacional ni social. Si ello ocurriera, entonces, su estudio se reservaría, exclusivamente para las elites.

El tema da para muchas interpretaciones, pues conjeturamos que el sacar filosofía del currículum obligatorio, en tanto es un conocimiento que no tendría vínculo con lo técnico-productivo, por consiguiente, poco pertinente, entonces, podríamos leer que la inexistencia de esta asignatura en las carreras técnicas profesionales sería orientar al educando y al futuro profesional a una actitud pasiva, adaptativa y menos reflexiva y crítica.

Sabemos que la filosofía, en cuanto estudio que implica la construcción de un corpus histórico, por su propio perfil hace posible la apertura de canales de cuestionamiento de la realidad en el mundo de los estudiantes y los docentes. Esa situación, que parece congruente con la noción “currículum para la vida” propuesta por el ministerio de Educación, resulta más conflictivo para los objetivos curriculares oficiales desde el momento en que la filosofía como disciplina puede poner en conflicto instituciones que los modelan y los ordenan políticamente. Para algunos, tal vez, ese podría ser el trasfondo de las medidas adoptadas. Aquí, surge otra pregunta. ¿Por qué se quiere evitar que los jóvenes piensen y filosofen? La filosofía es un vínculo con el saber y en esa relación en donde se construye conocimiento es esencial esta materia no sólo para lo científico-humanista sino que para todos.

Al final nos quedamos con la declaración de Carlos Peña, Rector de la Universidad Diego Portales, que dice: “No es la suerte de la filosofía y de sus cultores la que se juega en una decisión como la de suprimir la enseñanza de la Filosofía del currículum escolar; es la fisonomía de la cultura pública en Chile la que, siquiera en parte, se arriesga en esa decisión. Uno de los rasgos de la cultura moderna es la autonomía que enseña a sus miembros, pero una autonomía que no está acompañada de capacidad reflexiva, de la insolencia de preguntar hasta el límite –todas cosas que la enseñanza de la filosofía puede ayudar a adquirir- es una autonomía meramente formal, es una autonomía indefensa frente al prejuicio y al poder”.