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Haroldo Quinteros Bugueño / Profesor En nuestra región, luego del golpe de estado que puso fin a nuestra antigua democracia en 1973, fueron asesinados muchos... Visita del Papa: Carta de la AFEPI y presos de Punta Peuco

Haroldo Quinteros Bugueño / Profesor

En nuestra región, luego del golpe de estado que puso fin a nuestra antigua democracia en 1973, fueron asesinados muchos dirigentes sociales y políticos que adherían al programa del gobierno constitucional del Presidente Salvador Allende. También fue el caso de otras personas de izquierda e, incluso, sin ninguna militancia política.Como es sabido, los cuerpos de muchos de ellos desaparecieron y nunca fueron encontrados, toda vez que quienes perpetraron esos crímenes han guardado silencio desde entonces sobre el paradero de aquellas víctimas.

La Asociación de Familiares de Presos Políticos Desaparecidos, que hoy preside don Héctor Marín, desde hace mucho tiempo, no sólo ha pedido a los militares, tanto en dictadura como en democracia, la información sobre dónde fueron enterrados o arrojados los cuerpos de sus seres queridos, sino, además, los ha buscado afanosamente a lo largo y ancho de nuestra región, hasta hoy de manera infructuosa. La petición de Héctor Marín de entrevistarse con el Papa para solicitar su intervención en este asunto corresponde simplemente a un acto de Humanidad y de justicia elementales.

Ha trascendido en algunos medios de comunicación que el grupo de ex-militares condenados en Punta Peuco, muchos de ellos causantes de esas muertes, que suman miles en todo el país, quieren aprovechar la visita del Papa a Chile, para conseguir lo imposible: ser liberados, lo que la justicia tanto nacional como internacional no admite, en tanto se trata de delitos de Lesa Humanidad que son inexcarcelables e imprescriptibles. Lo más revelador de su petición es que estos individuos están demostrando que no han cambiado nada, por cuanto en su petición al Papa de su libertad sólo ratifican su ideologismo político de ultra-derecha. Aunque admiten que – dicho en buen chileno – ” se les pasó la mano,” alegan que el gobierno constitucional de Salvador Allende “llevó a nuestra patria a un camino de confrontación y violencia para intentar imponer una ideología alejada de Dios y del respeto por la dignidad y la libertad de las personas.”

Esto, obviamente, es absolutamente falso, ridículo y profundamente deshonesto. De partida, ese grupo sólo se hace eco del mismo discurso de lo más granado de la derecha y ultra-derecha pinochetistas  de hoy y de siempre. Jamás el Gobierno de Salvador Allende persiguió a nadie por su ideas, menos aun por su religión. Fue el gobierno de su jefe e ídolo, el dictador Pinochet, el que persiguió, asesinó, encarceló y exilió a cientos de curas católicos y pastores protestantes, lo que en Iquique confirma el asesinato en tortura del sacerdote católico salesiano Gerardo Poblete.

Por cierto, en cuanto la “confrontación” que aluden, ésta, sin duda, existió, pero la inició la derecha política y la dictadura, desde el asesinato del comandante en Jefe del Ejército René Schneider Chereau hasta el del propio Presidente Allende. Durante la dictadura, estos criminales, sin ninguna conmiseración, actuaron como sus sicarios en contra de miles de chilenos. Su petición al Papa revela su justificación del golpe de 1973 y sus crímenes, más que arrepentimiento.

Desde el punto de vista netamente teológico, el arrepentimiento de un cristiano debe ir acompañado de una acción concreta (“por sus frutos los conoceréis”) y éste no es el caso. Si el Papa se encuentra con estos criminales para concederles perdón por sus tropelías en su calidad de intermediario entre ellos y Dios, y no les exige y consigue a cambio un acto reparatorio por sus crímenes, que, por supuesto, sólo puede ser el fin a los pactos de silencio, visitarlos y perdonarlos no tendría ningún sentido pastoral.