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Julio Cámara Cortez/ Consejero Regional – CNCA Tarapacá                       Un importante avance en el abrupto y largo camino que ha recorrido la tarea de lograr... Los caminos de la Región

Julio Cámara Cortez/ Consejero Regional – CNCA Tarapacá                      

Un importante avance en el abrupto y largo camino que ha recorrido la tarea de lograr una mayor autonomía de las regiones, respecto del poder central, lo constituye la elección del gobernador regional, figura que reemplazará a los actuales intendentes. Así, en las próximas elecciones del 2021, la totalidad del gobierno regional, gobernador y consejeros regionales, se conformará a través de las urnas por la voluntad ciudadana.

Si bien en la discusión legislativa aún no se resuelven aspectos importantes de dicha iniciativa, principalmente referida a las atribuciones y competencias con que se dotará la gestión del gobierno regional, me parece que su materialización significa una privilegiada oportunidad para repensar la región y,  a la vez, una responsabilidad de los actores políticos y sociales de estar a la altura de los desafíos que esta nueva condición implica.

De partida, la nueva gestión regional que se iniciará a contar de marzo 2018, se desarrollará en un escenario que deberá preparar las condiciones para los cambios que se vienen,  y exigirá de todos los actores indicados, un mayor esfuerzo y compromiso genuino respecto del desarrollo de la región y las tareas que se deben acometer hacia el futuro. Un compromiso, lo subrayo, no exento de generosidad si se comparte el objetivo primordial de dar respuestas efectivas a las variadas demandas de la ciudadanía que aspira legítimamente a una mayor calidad de vida.

 En esa línea, a mi juicio, una de las tareas más relevantes y prioritarias, que deberá asumir el gobierno regional que se instalará en marzo del 2018, es la elaboración de una nueva estrategia de desarrollo (ERD). Este es un desafío que debe asumirse como  una privilegiada oportunidad que tendremos para debatir y consensuar, con todos los actores económicos sociales y políticos de Tarapacá, en el contexto de una región que tendrá mayores espacios de autonomía, hacia donde enfocarnos hacia el futuro, definiendo ejes de desarrollo y prioridades respecto de la inversión pública, en productiva alianza con el sector privado.

Dicha tarea, por su envergadura, requerirá crear los espacios de diálogo y participación que permita recoger la visión y expectativas de todos los estamentos representativos de la comunidad. En otras palabras, el proceso de elaboración de la nueva ERD debe tener necesariamente el sello de  la  participación y el consenso  a fin que sus conclusiones y las tareas que de ella se desprendan sean una efectiva “carta de navegación” respecto de la ruta a seguir en pos del progreso y desarrollo de Tarapacá.

Nuestra región, y existe amplio consenso sobre ello, tiene enormes potencialidades en diversas áreas: en la minería con el cobre y el litio, atractivos naturales para el turismo,  infraestructura portuaria para el comercio internacional, condiciones geográficas para desarrollar a gran escala la energía solar y geotérmica, y de conexión propicia para fortalecer la integración económica y cultural con países vecinos, solo por mencionar las más notorias.

Pero, al mismo tiempo, hay importantes brechas a resolver: el tema de la disponibilidad de los recursos hídricos, el capital humano avanzado, que permita un énfasis mayor en la investigación científica y en la innovación, potenciar el desarrollo de la cultura y cautelar el patrimonio histórico regional y sus tradiciones, referidos al sentido de identidad y afectos por la región, como el espacio donde construimos nuestros proyectos de vida, también por señalar las más relevantes.  En definitiva, diversas y desafiantes tareas factibles de ir concretando en los próximos años. Pero…

La tarea inmediata, y es uno de los caminos que tenemos como región, es cómo articular y encauzar  las fortalezas con que se cuenta y asumir las brechas y trabajar para superarlas. A mi juicio, como indiqué, el instrumento articulador que defina prioridades es la elaboración de una nueva ERD, y con un horizonte de al menos  unos 15 años, sin perjuicio de las actualizaciones que la marcha del tiempo aconsejen introducir.

 Sin embargo, hay un hecho que, a mi juicio, es fundamental, y es que  para que la nueva ERD, tenga viabilidad y sea efectivamente un instrumento movilizador de las energías y capacidades de la región con miras al futuro,  y capaz de orientar y priorizar eficientemente los recursos públicos en complementariedad con el rol del sector privado,  se requiere, lo reitero, que ésta se sustente en un consenso social y político de todos los actores de la región.

Un instrumento de desarrollo que concite dicho consenso, puede superar incluso, los límites  en los que hoy día actúan, y se mueven políticamente tanto el oficialismo como la oposición, sin desconocer los nuevos referentes que ganan espacios en el espectro político,  contribuyendo ambos bloques a avanzar hacia objetivos y metas que son compartidas y apoyadas por la ciudadanía.

Eso sí sería elevar el nivel y la calidad de hacer política en serio y con visión de futuro, en beneficio de la gente y de la región. El otro camino, el que se ha transitado, es continuar con la refriega cotidiana y desgastante entre los principales actores políticos, con una gestión pública deficiente en muchos ámbitos, con problemas antiguos que no se resuelven, todo ello, frente a una ciudadanía que solo aspira a que quienes tienen responsabilidades en la marcha y futuro de la región, actúen unidos en la resolución de sus demandas.