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Guillermo Jorquera Morales, Profesor normalista Hoy, muchos chilenos no conocen, no saben que es, o que era un profesor o profesora normalista, hoy los... Día del Profesor Normalista

Guillermo Jorquera Morales, Profesor normalista

Hoy, muchos chilenos no conocen, no saben que es, o que era un profesor o profesora normalista, hoy los educadores se forman en Universidades o Institutos superiores. Y los normalistas, están sólo en el recuerdo de los que ya avanzan a las puertas de su tercera o cuarta edad.

Evidentemente los profesores normalistas somos aquellos que egresamos de una Escuela Normal de nuestro país. Formadoras de los inolvidables Profesores Primarios.

No es la intención  hacer una historia de la creación de las Escuelas Normales, sin embargo hoy celebramos el Día del Profesor-(a) normalista y es bueno referirse a aquello que se guarda en el fondo de la memoria, y también en el corazón de muchos. No solamente profes, sino también alumnos de profesores normalistas.

Baste señalar algunos datos de su creación, para actualizar la memoria: la Primera Escuela Normal, o de Preceptores fue la “José Abelardo Núñez”, en el año 1842 en la capital, bajo la presidencia de Manuel Bulnes Prieto, su primer director fue el argentino Domingo Faustino Sarmiento. (Once años más tarde, 1853 ¡Albricias, albricias! se crea la Escuela Normal de Preceptoras, dirigida por las Monjas del Sagrado Corazón de Jesús).

Luego, posterior a 1842, se crearon escuelas normales en diferentes regiones, Ciudades como Valdivia, Antofagasta, Copiapó, La Serena, Curicó, Talca, Victoria, Chillán, Angol, Ancud, Viña del Mar, Iquique. (Como anexo de la Normal de Antofagasta).

(Posteriormente en la década del 60 se fundó una Escuela Normal Particular en Santiago, con el nombre del ilustre educador argentino, Domingo Faustino Sarmiento, hay varios normalistas o profesores primarios de Iquique formados en esa escuela).

Los primeros profesores normalistas iquiqueños debieron formarse fuera de la ciudad, generalmente en la Abelardo Núñez en Santiago, o en otras provincias, y, en los sesenta en alguna Universidad o Instituto Superior; la Escuela Normal “Maximiliano Errázuriz” de la Universidad Católica, por ejemplo.

La Escuela Normal de Iquique, se fundó en el año 1963 y uno de su directores fue don Sergio Flores Ternicien; se recuerda a maestros como don Julio Suárez, al profesor Péric, y las destacadas maestras; Arcadia Castillo, Teresa Lizardi e Iris de Caro, que invadieron de artes, de música y poesía a sus alumnos, y la querida profesora Yolanda Diomedi.

Las escuelas normales, dejaron de existir en Chile en el año 1973, post golpe militar, los alumnos normalistas que estaban estudiando en ese año recién recibieron sus títulos el año 1975. Así lo recuerda la maestra Adelina Albornoz Rivera.

Pero las Escuelas Normales, no sólo están en las páginas de la historia de la educación en Chile. Donde mejor nido tienen, es en el de los recuerdos, en la memoria, flotando en emociones y sensaciones que no se han podido olvidar; ni a profesores primarios ni a los alumnos de estos profesores primarios; Maestros de Maestros.

También está en las creaciones de los artistas, que siempre están atentos a registrar aquello que muchos se niegan a recordar; creadores de poemas y de música, de literatura, que recuerdan con emoción la existencia de los maestros primarios.

Recuerdo, que a mi corta edad, solía escuchar una poesía en la escuela, justamente para el día del Maestro, que decía en una de sus estrofas:

“Allá va el maestro, lleva de la mano a un grupo de niños como el buen Jesús, se dice su amigo, se dice su hermano y abriendo sus brazos los baña de luz”.

Pero también hay constancias de poemas no tan místicos, sino más bien de carácter valiente. Y creo que es la mejor manera de recordar y homenajear a los maestros primarios, porque estos poemas están en la memoria patrimonial, cultural, poética de la Educación Chilena, me refiero a temas escritos por connotados poetas chilenos, Quelentaro y  Don Nicanor Parra, entre muchos. De ambos puedo rescatar algunos versos que a continuación comparto con ustedes:

“El cortaba el otoño cuando le conocí, desde mi banco azul de niño y esperanza. Sufría por entonces un libro bajo el brazo y una clara sonrisa. Hoy le vi ceniciento de respirar la harina de la tiza, enemiga brutal de su existencia.Mi profesor primario, aquel pequeño dios de mis horas de niño. Cómo imitar aquella vez, su letra fresca y redondita. Cómo abarcar como él las fechas de todas las batallas. El porqué del rocío y todas las provincias.

Lo tenía olvidado porque uno olvida al profesor lejano que nos llenó de luz y nos trazó un camino.

No nombro al ganapán, Hoy nombro a mi maestro. Aquel que me llevó la mano dibujando aquella letra rara que tenía colita. Aquel que se mató la vista con mi caligrafía.

No quiero que todos los alumnos le hagan una gran ronda con canciones de cuna. Pido hacerle una hoguera, para entibiar el frío de su vida y cantarle un himno que toque a rebeldía. E ir con él de la mano arrollando la vida, en carrera loca por las avenidas.

Cómo quisiera llevarle de la mano y al salir de la escuela caminar tantas vidas y apoyados los dos darle frente a la lucha de su sueldo mezquino; mejor digo jornal, porque mi profesor es forjador de vidas y hacedor de destinos.

Hoy tiene su mirar lejano, negro de pizarrones, tranquila la sonrisa. De tanto ver pequeños se empezó a sentir niño. 

Me fui una tarde como todas las tardes. Me enredaron los vientos y el camino. Y desde acá, lejano, por edades que me fueron cayendo, mi copla es un saludo pleno de reconocimiento:

Hoy, en su día, nombro a mi maestro; Don Alfredo Rosales Alarcón”

Estos versos son partes del poema: “Mi profesor Primario”, de Gastón y Eduardo Guzmán; Quelentaro.

Yo también quiero nombrar a mis profesores primarios de la Oficinas Bellavista, Iris, y de los pueblos de Huara y Pozo Almonte. En Iquique a mis profesores primarios de las Escuelas; Centenario N°6 y la Universidad del Morro, la Escuela N° 3.

Y También quiero nombrar a todos los Normalistas, Profesores Primarios, que ejercieron su apostolado en los más lejanos e inhóspitos lugares de Chile, sembrando sabiduría, en lo Educacional, cultural, artes: (teatro, música, literatura, poesía),  en deportes y en política. Ellos hicieron crecer a Chile, desde caletas, islas, caseríos, oficinas salitreras, quebradas, pre-cordillera, cordillera, comunas, provincias, regiones y en la capital.

Pero el profesor normalista, con el tiempo también debió reinventarse y con estudios necesarios debió hacerse profesor “idóneo” para enseñar alguna asignatura en los liceos, donde su vida profesional, tampoco nunca fue mejor económicamente que antes, por eso Nicanor Parra, lo recuerda en un poema que llamó “Autoretrato”, y que les cuenta a sus alumnos en clases:

           “Considerad, muchachos,
            Este gabán de fraile mendicante: 
            Soy profesor en un liceo obscuro, 
            He perdido la voz haciendo clases.
           (Después de todo o nada
            Hago cuarenta horas semanales). 

En materia de ojos, a tres metros
No reconozco ni a mi propia madre.
¿Qué me sucede? -¡Nada!
Me los he arruinado haciendo clases:
La mala luz, el sol,
La venenosa luna miserable.

Y todo ¡¿para qué?!
Para ganar un pan imperdonable
Duro como la cara del burgués
Y con olor y con sabor a sangre.

Sin embargo yo fui tal como ustedes,
Joven, lleno de bellos ideales
Soñé fundiendo el cobre
Y limando las caras del diamante:
Aquí me tienen hoy
Detrás de este mesón inconfortable
Embrutecido por el sonsonete
De las quinientas horas semanales”.

Amigas, amigos; La tarea nuestra, la tarea de los profesores normalistas, que aún están en las lides de la educación, como en este significativo Departamento de Profesores jubilados;  siga perpetuando y enraizando la memoria de la valiosa existencia del Profesor Normalista, el mítico Profesor Primario.