Edición Cero

Julio Cámara Cortez/  Consejero Regional CNCA – Tarapacá   Se le echa de menos, don Clota. Se echa de menos su figura, su modesto overol azul... Se le echa de menos don “Clota”…

Julio Cámara Cortez/  Consejero Regional CNCA – Tarapacá  

Se le echa de menos, don Clota. Se echa de menos su figura, su modesto overol azul  y su barba de profeta de otros tiempos.  Se echa de menos su austeridad, su sencillez, y su humildad…Pero, sobre todo, se echa de menos su palabra y su acción consecuente, que nunca transó, fundada en su compromiso de toda una vida en defensa de los trabajadores, junto a los marginados y excluidos, hombres y mujeres de Chile.

Incansable articulador y activo dirigente de diversas organizaciones laborales y sociales. Trabajó con ahínco en organizar a los trabajadores, y en fortalecer sus entidades representativas, primero con la Asociación Deportiva de Instituciones Públicas (ADIP), para continuar luego, en 1943, con la fundación de la Asociación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF).

Pero, sin duda, su mayor aporte organizacional, fue contribuir decisivamente a la creación en 1953, de la Central Única de Trabajadores (CUT), entidad que encabezó hasta 1961, y con la que reconoció, con su habitual sencillez, que  su labor como organizador había culminado.

La CUT representó el nivel más elevado del desarrollo de la conciencia de clase de los trabajadores expresada a través de una organización laboral, y sustentada en una sólida declaración de  principios que no eludía su objetivo de transformación de la sociedad chilena, por un Estado donde los intereses y demandas históricas de los trabajadores alcanzaran plena justicia, a través de un rol protagónico en dichas transformaciones de los propios asalariados de la ciudad y el campo.

Y como suele ser la constante para quienes incomodan y desafían, desde el mundo laboral y social, a los detentadores del poder político y económico en Chile, don “Clota” vivió en carne propia los rigores de la represión, siendo detenido y encarcelado infinidad de ocasiones, situación que, lejos de amilanarlo, le confería nuevos briosa y mayor convicción acerca de su misión de trabajar  en el fortalecimiento de la organización sindical de los trabajadores del país.

Clotario Blest Riffo nunca ocultó su profunda adhesión al catolicismo, lo que le llevó, incluso, en una etapa de su vida  a ingresar al seminario, iniciando un camino al sacerdocio que luego abandonaría. Pero, el no fue un creyente conservador y contemplativo, a la usanza de las tendencias internas predominantes en la Iglesia chilena de su época. Por el contrario, la práctica consecuente de su fe y creencias, las asumió en el compromiso concreto de trabajar por los postergados y marginados de una sociedad edificada en la injusticia y la desigualdad social, que el denunció y combatió siempre.

Sus principios y convicciones, inspirados también en la solidaridad con los postergados más allá de nuestras fronteras, lo inclinaron sin tapujos a defender la opción guerrillera del sacerdote colombiano Camilo Torres, como también a reconocer y admirar el proceso revolucionario cubano.  Y en la efervescencia política y social de los 60, los años de ascenso de las luchas reivindicativas desplegadas en el contexto político de la “revolución en libertad” que encabezó Frei Montalva, participó activamente en la fundación del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR).

Durante los años de la dictadura cívico-militar, y pese a su avanzada edad, no abandonó su compromiso y siguió desafiando a los nuevos detentadores del poder, denunciando los atropellos y la feroz represión ejercida hacia las mayorías del país, en contra  de las organizaciones políticas y sociales y sus dirigentes.   Era habitual verlo, en acciones y jornadas de denuncia pública, con su figura frágil, debilitada por los años, pero, sostenida en una férrea convicción de defender los derechos humanos avasallados, aportando con su ejemplo y tremenda fortaleza ética y moral, a la recuperación de la democracia.

Por eso decía al inicio de esta columna, que se le echaba de menos. Porque apenas recuperada la democracia, con “transición” incluida, don “Clota” se marchó definitivamente, sin aspavientos, como si una vez derrotada la dictadura su voz y su presencia ya no hicieran falta entre nosotros.

Cuando su intensa y fecunda vida se apagó, en mayo de 1990, y derivado de su precaria situación económica, vivía de «allegado» en el Convento de los Franciscanos, que lo acogieron como un hermano más.  Así pasó sus últimos días, en la mayor austeridad, y sin distinciones ni privilegios especiales,

En estos días se echa de menos en el ámbito sindical –y político también – a líderes de la integridad ética y moral de Clotario Blest. No es que no existan, pero, escasean, y no constituyen referentes con suficiente fuerza para provocar o incentivar un proceso de necesaria reunificación de los trabajadores, como lo hiciera él, y retomar la senda fijada con decisión en la declaración de principios de la CUT de 1953.

Hoy día cuando enfrentamos un panorama político donde campea la desconfianza y la carencia de principios y de ética en el ejercicio de la función pública, vaya que hace falta trabajar en pos de recuperar la unidad de los asalariados de la ciudad y el campo, y transformarla en protagonista de los cambios que las mayorías de Chile demandan.

Como supo hacerlo don “Clota”.  En su memoria le debemos esta tarea…