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Haroldo Quinteros Bugueño/ Profesor En Chile, los medios de comunicación de masas no prestan debida atención a temas que por su dramatismo realmente la... Francisca Linconao y la causa mapuche

Haroldo Quinteros Bugueño/ Profesor

En Chile, los medios de comunicación de masas no prestan debida atención a temas que por su dramatismo realmente la merecen. El Estado tampoco abre ni menos aun fomenta su discusión y trato público, con el fin, desde luego, que la sociedad se sensibilice sobre ellos y así, entre todos, se los resuelva. Uno de estos temas es la vieja causa mapuche, cuya extrema gravedad sigue siendo intencionadamente ocultada por los gobiernos y la mayor parte de la prensa escrita, oral y visual, aunque actualmente es relato en toda la prensa internacional importante y gran preocupación de los organismos mundiales que se ocupan de los problemas de los pueblos originarios y de los Derechos Humanos.

En estos precisos instantes, Chile está en tela de juicio. El dramático caso de la machi Francisca Linconao sólo sirvió para agudizar más la crisis de credibilidad internacional de nuestro país en materia no sólo del trato a las etnias originarias, sino de los Derechos Humanos. A la anciana indígena se la implicó en el incendio intencional de la casa del matrimonio Luchsinger Mac Kay en la zona de la Araucanía, que terminó con la repudiable y lamentable muerte de éste. Sin embargo, quien la implicó en el hecho fue otro mapuche inculpado, que hace unos días declaró que había sido sometido a sesiones de tortura con el único fin de involucrar a la machi en el hecho. Por lo tanto, evidentemente, no había ninguna prueba que justificara la reclusión carcelaria de Francisca Linconao.

Lo único que pedía ella era cumplir la sentencia preliminar de reclusión en su hogar, pero como había sido acusada con cargo a la Ley anti-terrorista (que, en verdad, es sólo una ley anti-mapuche), se necesitaba el voto unánime del tribunal de alzada competente. Un dato importante en el caso es que un solo juez impedía ese traslado, y la machi optó por la huelga de hambre. Finalmente, fue la movilización de cientos de miles de chilenos, de organismos internacionales y de la prensa y opinión pública mundial, la que consiguió que la machi, aunque a todas luces inocente, por lo menos cumpla la reclusión en su hogar.

La verdad sea dicha, hoy no existe país, salvo Chile, en que una etnia completa esté siendo tan brutalmente atropellada en sus derechos, en tanto tal. La tierra para los mapuches es Dios, o la diosa madre. Cuando el imperio español intentó arrebatársela, ese pueblo resistió heroicamente durante tres siglos, hasta vencer. Los españoles se fueron, y los Padres de la Patria, especialmente O’Higgins, respetaron plenamente sus derechos y hasta le hicieron importantes concesiones territoriales.

Pero los patriotas de la independencia fueron finalmente derrotados por la oligarquía terrateniente, la que re-editóla guerra y el despojo contra ese pueblo. Desde la independencia hasta hoy, pasando por el brutal genocidio que los políticos e historiadores conservadores llamaron “La Guerra de la Araucanía,” esta situación continúa sin cese. Toda la región en que se concentra la mayor parte del pueblo araucano está ocupada militarmente desde hace ya varios años, sobre todo en sus regiones limítrofes, a las que los choznos de Lautaro han debido marchar luego que les fueran usurpadas sus tierras.

El actual gobierno, que se hace llamar de centro-izquierda, cada día exacerba más y más la ocupación de guerra en la Araucanía, introduciendo en la zona modernas armas pesadas y livianas importadas desde Israel. Oscuro panorama, por cierto.

¡Con qué orgullo cuando niños oíamos de nuestros maestros los heroicos episodios de la Gran Guerra Patria que protagonizaron los mapuches en defensa de su tierra y su libertad. Los mapuches se suicidaban antes de caer prisioneros, y luchaban hasta la muerte. Los nombres de los jefes guierreros Lautaro, Galvarino, Caupolicán, Angol, Gualemu, Lebopia, Lemo-lemo, Lientur y tantos otros, cubrieron las páginas de la obra de Ercilla “La Araucana,” que llegó hasta los últimos confines del mundo.

Lo que está ocurriendo en la Araucanía no puede ser más grave. La usurpación, la contaminación y la depredación de la flora y fauna de sus tierras continúa sin tregua, y ante ello, sólo ocurrió lo inevitable:  un sector –el de los más jóvenes- se ha organizado con el objetivo único de recuperar lo que indiscutiblemente es suyo, y, así, se re-edita la antigua guerra de Arauco. Digámoslo con claridad: un enfrentamiento armado está teniendo lugar en nuestras propias narices, entre un pueblo aplastado y el Estado de Chile.

Ese pueblo es, desde el punto de vista de la Sociología y la Antropología modernas una “minoría nacional,” o una “nacionalidad subyacente,” como la llaman algunos cientistas sociales, y debe ser respetado. Es un pueblo distinto a nosotros. Amante de la libertad, nunca admitió ser absorbido por otra cultura, como la que fue introducida por los hispanos en Chile,  conocida comúnmente como “occidental.” Los mapuches tienen un idioma, religión y modos diarios de vida propios. Poseyeron tierras que les fueron reconocidas, primero, por los patriotas de la Independencia, y luego, constitucionalmente por nuestros primeros gobernantes. Pues bien, esas tierras les fueron usurpadas. El Estado chileno, de modo sistemático, a lo largo de los años, ha venido elaborando y aplicando diversas estrategias de guerra, y no todas son de táctica militar abierta. Una de ellas es la denominada “falsa bandera.” Me explico:

Veamos esta noticia de prensa: “En el Tribunal de Angol, un tal Raúl Castro reconoció haber realizado atentados incendiarios y otras acciones que la magistratura calificó como “terroristas.”Pues bien, más tarde se descubrió que este Raúl Castro es un individuo experto en bombas y armas incendiarias y pertenece a  la Dirección de Inteligencia Policial de Carabineros. ¿Cuántos más de estos “terroristas” no han sido sino agentes infiltrados de la policía? ¿No es acaso posible que el incendio de la vivienda del matrimonio Luchsinger Mac Kay no haya sido perpetrado por agentes de la policía, como Castro?

Es urgente dar solución al grave problema mapuche. De otro modo, la situación empeorará. La ira de ese pueblo no podrá ser contenida jamás, y eso es seguro, aunque en ello le vaya el exterminio.