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Anyelina Rojas V/ Periodista, Administradora Pública El comercio establecido y los empresarios, alzan sus voces contra todo tipo de comercio irregular, alegando que la... Comercio ambulante: Una estrategia de sobrevivencia

Anyelina Rojas V/ Periodista, Administradora Pública

El comercio establecido y los empresarios, alzan sus voces contra todo tipo de comercio irregular, alegando que la actividad es ilegal, principalmente porque no pagan sus impuestos; las autoridades, en tanto, deben realizar permanentes esfuerzos de fiscalización para  regular la situación e incluso, aplicar multas y sanciones.

Es este hecho cotidiano, al que los ciudadanos se enfrentan todos los días, el que me produce una profunda tensión. Logro entender los fundamentos y análisis de las autoridades en gran medida; comprensión relativa respecto del comercio establecido. Pero, debo ser sincera, veo con comprensión el esfuerzo de muchos de estos comerciantes, a los que prefiero denominar irregulares y no ilegales.

En ellos destaco su esfuerzo por romper el ciclo injusto de la falta de oportunidades; destaco su capacidad para generar estrategias de sobrevivencias ante el apremio económico. Y su capacidad para mantener una dualidad con la realidad, que implican estrategias de abastecimiento, de generación de utilidades –aunque muchas veces son mínimas-, la forma de burlar los controles, los códigos que utilizan de autoprotección para cuidar su mercadería, etc.

También he constado cómo la actividad es, en la mayor parte de los casos, la que sostiene el hogar y que en torno a la iniciativa, hay una familia trabajando. Eso en términos generales, porque como en todo orden de cosas, hay todo tipo de ejemplos, pero lo que es una motivación masiva en este tipo de actividad es la de enfrentar una situación crítica, de sobrevivencia, ante las injustas oportunidades que la sociedad globalizada y globalizante, entrega a los que están en la base de la pirámide psicosocial.

Por mi propia experiencia en el Servicio Público, conozco de los planes y programas para apoyar estas iniciativas económicas y los esfuerzos que se hacen mediante políticas públicas para apoyar a estos emprendedores iniciales, para que regularicen su actividad económica. Se les califica como “emprendedores”, que es otra nomenclatura que me produce una fuerte tensión, especialmente cuando se asocia la idea del emprendimiento, a un logro económico y no al desarrollo social. Esta visión economicista y financiera del emprendimiento, en nuestro país, recrudeció en el gobierno de Sebastián Piñera.

Al menos, por la realidad que conozco del Fondo de Solidaridad e Inversión Social, FOSIS y la forma cómo se implementan sus programas, hay un evidente esfuerzo por recuperar el criterio social, que es lo que debe primar por sobre una lógica monetaria. Todo emprendimiento, asociado a una iniciativa económica, en el fondo, es una iniciativa de desarrollo social.

Sin embargo, el modelo neoliberal instalado y enraizado se nos impone, acentuando las desigualdades y la falta de oportunidades reales; no sólo de aquellas que ayudan a mejorar las estadísticas en la cuenta de la gestión pública.

Muchos de esos emprendedores, son lo que ejercen el comercio ambulante, mal llamado ilegal. Me pregunto, porqué se aprieta tanto la mano con las personas más vulnerables, con aquellos que no tienen otra alternativa; y la rigurosidad y mano dura, se relaja y emblandece con aquellos, que teniendo todo a su favor, desde el dinero, las empresas, la educación; y lo más importante, las redes de poder, no son sometidos a igual fiscalización.

Definitivamente este es el mundo al revés.