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Luis Espinoza Garrido / Periodista La irrupción de una nueva fuerza política en la región requiere intercambiar ideas entre quienes no sentimos convocados a constituirla,... Ideas programáticas para un Frente Amplio en Tarapacá

luis-espinozaLuis Espinoza Garrido / Periodista

La irrupción de una nueva fuerza política en la región requiere intercambiar ideas entre quienes no sentimos convocados a constituirla, buscando solidez, seriedad y permanencia en el tiempo. En este sentido, la elaboración de un programa es esencial para el fortalecimiento de nuestra opción, porque será el cemento que nos unirá vigorosamente, si bien este deberá abordarse desde la única vertiente válida: la voz del pueblo que en la calle levanta una extensa plataforma reivindicativa que las organizaciones políticas están obligadas a asumir. En dicho plano, son cuatro las grandes áreas en que debería subdividirse el programa popular alternativo: económica, política, social y cultural. Entendiendo que desde ellas derivan numerosas medidas a implementar en lo regional, complementadas a las plataformas nacionales, proceso al cual nos adherimos desde nuestra especificidad nortina.

En este sentido, aunque apoyándolas decididamente, no abordamos las medidas que los movimientos sociales levantan a lo largo del país como el término de las AFPs, asamblea constituyente, educación pública, gratuita y de calidad, el derecho al uso del cuerpo, salud garantizada, seguridad ciudadana y otras, porque creemos que urge elaborar colectivamente y desde abajo, un programa regional que interprete a la totalidad de los integrantes del futuro Frente Amplio local.

En el primer lugar, en Tarapacá se deben nacionalizar las riquezas naturales lo que significa que deben pasar a poder del Estado lo minerales metálicos y no metálicos, , todos ellos en poder de las corporaciones transnacionales, lo que constituye una medida insoslayable y a partir de la cual progresaremos sólidamente. No obstante, la gestión de los productos nacionalizados no puede estar en Santiago, debe existir una corporación regional del cobre, el litio u otros, que administre los recursos y cuyos fondos serán la base de un banco regional de desarrollo que financie proyectos productivos estatales, mixtos, privados y, sobre todo, de tipo cooperativos. Es necesario atender urgentemente el problema del agua, su privatización es intolerable, además la explotación minera desregulada está secando los sistemas fósiles irrecuperables y nadie atiende tamaña aberración, por lo que todo recurso hídrico debe ser considerado un bien estratégico y público.

Debemos construir una nueva economía regional, solidaria, sustentable, con gestión concentrada en lo local, que priorice la producción de bienes y servicios materiales e inmateriales, contextuada en la macro región norte chilena como en los países del Sur y que privilegie la industria del futuro basada en el conocimiento.

En segundo lugar, otra parte de lo acumulado debe redistribuirse resolviendo los graves problemas sociales que nos aquejan, priorizando lo educacional en sus tres líneas esenciales: producción de saber, formación y aprendizaje. La principal riqueza de la región debe ser el conocimiento democratizado, lo que significa cambios drásticos como terminar la primacía del mercado en todos los niveles de la enseñanza y en lo referente a la superior estatal, fusionarla en una sola gran universidad regional del norte que más allá de la docencia, desarrolle investigación científica y tecnológica, en el marco de un fuerte compromiso social. Asimismo, debe constituirse un sistema de salud regional adecuado a los requerimientos locales y a las urgencias o previsión que requieren las distintas localidades. De la misma manera necesitamos un régimen de construcción habitacional que priorice tamaño, diseño, entorno, áreas verdes, servicios y seguridad, acorde con el habitar en una zona desértica.

En tercer lugar, en el plano político, es necesario construir una instancia de gobierno que abarque la macroregión norte, desarrollar el máximo de estructuras democratizadas y de participación directa, desarrollando las estructuras de poder popular que sean la base de un nuevo Estado Democrático, estableciendo una versión regional constituyente basada en la soberanía popular y con reconocimiento de los pueblos originarios. En este contexto, la descentralización política será crucial en cualquier estrategia de desarrollo regional a implementar, no sólo en la gestión estatal interna, sino también en las relaciones con los países vecinos. No podemos ser una región limítrofe con cero influencias en decisiones que nos afectan directamente.

Por último, en lo concerniente a lo cultural, tenemos que reconstruir un sistema valórico que ubique en el ser humano y no en el mercado y el lucro, el eje del desarrollo como sociedad regional, complementando lo científico con lo artístico. La drogadicción, delincuencia, abusos, corrupción, atropellos y explotación descarada, son productos directos del modelo capitalista neoliberal impuesto a sangre y fuego por los grupos empresariales que para reconquistar sus privilegios utilizaron a las fuerzas armadas como fuerza de choque. Profundizar la democracia y recuperar la convivencia sustentada en una nueva ética social y con igualdad de género, son elementos claves para que emerja un nuevo régimen de valores y sobre dicho cimiento formar las nuevas generaciones, más integrales y solidarias, abiertas a las distintas expresiones humanas y así construir una sociedad diversa, tolerante y con apego a la tierra que habitaron nuestros antepasados.