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Haroldo Quinteros Bugueño/ Profesor universitario, Doctor en Educación Con toda seguridad, el 99,9% de quienes votaron por Bachelet en sus dos campañas presidenciales no tenían... Michelle, la  aplicada discípula del imperio

HAROLDO- QUINTEROS
Haroldo Quinteros Bugueño
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Profesor universitario, Doctor en Educación

Con toda seguridad, el 99,9% de quienes votaron por Bachelet en sus dos campañas presidenciales no tenían idea de sus conexiones con los estratos militares del imperio. Cuando fue designada por Ricardo Lagos (2000 – 2004) Ministra de Defensa, todo el mundo progresista estaba feliz. La designación no podía ser más simbólica: Michelle era hija del heroico militar constitucionalista y anti-imperialista Alberto Bachelet, asesinado inmediatamente después del golpe de estado de 1973. En verdad, eso sólo era el cebo del anzuelo. La realidad es otra, y no es de color rosa. Poco antes de asumir como Ministra de Defensa, Michelle Bachelet había partido al corazón del imperio al matricularse como alumna regular en el “Colegio Interamericano de Defensa (CID),” de Washington.

¿Qué es el CID? Es una academia militar norteamericana, situada sólo en territorio norteamericano, sin filiales en ninguna otra parte del continente americano, y cuyos instructores son exclusivamente norteamericanos, tanto militares como de adoctrinamiento político. Según sus principios fundacionales, en el CID se forman tanto militares como “líderes civiles” que respondan a la doctrina del “interamericanismo,” esa vaguedad con que los gringos así gustan llamar a lo que, al fin de cuentas, sólo refleja su dominio en el continente. En uno de sus informes, el CID se jacta de haber graduado a unos 2700 militares y civiles, egresados que en sus países han llegado a ser generales, almirantes o “sus equivalentes civiles,” y, bueno doña Michelle Bachelet, en calidad de “equivalente civil” es la mejor muestra.

Muy sugestivamente, el CID fue fundado en 1962, justamente a sólo meses de la derrota que el pueblo cubano propinara al imperialismo en Playa Girón, y apenas un año antes del inicio de la intervención directa de EE UU en la guerra civil que se libraba en Vietnam, la que más tarde se transformaría en la guerra total que perdiera tan estrepitosamente en 1975. El CID tiene una historia realmente macabra para los pueblos de América Latina. Por años, en grupos de cientos, han partido a formarse allí “militares y civiles”  latinoamericanos funcionales al dominio continental de la super-potencia americana. Allí se formaron militar e ideológicamente los militares chilenos y sudamericanos que protagonizaron los golpes de estado de los años 70, actuando en ellos en calidad de fusileros, comandos de exterminio y torturadores, en los marcos de la Operación Cóndor, aquella conspiración criminal fraguada íntegramente en Washington.

Según informes del propio CID, esta institución constantemente “realiza viajes a América Latina” y “es financiada por la OEA y la Junta Interamericana de Defensa (JID),” una especie de brazo militar de la OEA, que en su declaración de propósitos, señala que éstos consisten “la defensa en el Hemisferio…”¿defensa hemisférica ante quién? ¿De los rusos comunistas, de los chinos, de los marcianos? Por cierto, EE UU es un país que está en permanente estado de guerra en todos los continentes, pero los latinoamericanos,  ¿con quién lo estamos?

Hasta hoy, como pantalla, el CID, este invento yanqui por donde se lo mire, exhibe su condición de instituto “interamericano”, y para esta farsa le viene a las maravillas aparecer también co-fundado por la OEA, esa patética extensión del imperio hacia su patio trasero que no ha hecho más que seguir sus designios. En efecto, en el acta de fundación del CID figuran como firmantes Dean Rusk, Secretario de Estado de EE UU del gobierno de Kennedyy, José Antonio Mora, el entonces lacayuno Secretario General de la OEA.

Como desde los años 90, el ala “progresista” de la Concertación, con Lagos a la cabeza, había pensado en Michelle Bachelet como la titular ideal del Ministerio de Defensa en alguno de sus gobiernos para desde allí proyectarla hacia la presidencia de Chile, la aún joven hija de Alberto Bachelet se matriculó como alumna de “Estrategia Militar”en la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos de Chile (todo en secreto, obviamente… ¿o lo sabía usted, lector?) Eso, al fin y al cabo, podría ser digerible, aunque a duras penas, sabiéndose que por entonces Pinochet estaba vivo y el Ejército era más que nunca conservador y todavía golpista con sus “ejercicios de enlace”, los “cara pintadas”, etc.

Aun así, era digerible, porque al fin y al cabo, esa academia es chilena. Pero, ¡demonios!, ¿puede alguien explicar por qué Michelle Bachelet partió a “educarse” al CID, academia de guerra yanqui cuyo único fin, como la Escuela de las Américas y otras, no es otro que aplastar toda resistencia en el continente al dominio imperialista? El diario inglés TheGuardian, según nota escrita por Karen Calabria, para la “Oficina del Departamento de Estado de EE UU sobre Programas de Información Internacional,” Bachelet  viajó al CID hace exactamente tres meses, el 30 de marzo pasado, invitada a recibir dos galardones otorgados por el CID a sus más conspicuos ex – discípulos, el título de “Master Honoris Causa” y la “Medalla del Consejo de Delegados.”

Además le requirieron que hiciera un discurso. Según el diario inglés, la Presidenta, entre otras acotaciones, dijo: “Observé que una de las barreras para la democracia plena era la (carencia de) comprensión entre el mundo militar y el mundo civil. Hablaban idiomas diferentes. Yo quería ayudar en eso. Yo podía ser un puente entre esos dos mundos.” Idílico cuadro de amor entre los pueblos de América Latina y sus verdugos, los militares lavados cerebralmente  precisamente en el CID, y entrenados para repetir la Operación Cóndor y la experiencia chilena de 1973 cada vez que sea necesario. Por lo demás, la alusión a las contradicciones existentes entre “mundo militar y el mundo civil” son sólo efecto de algo más profundo, el hecho empíricamente probado que la mayor parte de las instituciones armadas latinoamericanas, al fin de cuentas, han servido y siguen sirviendo los intereses de las transnacionales estadounidenses y, obviamente, los de sus cómplices, las oligarquías nacionales. En otras palabras, la gran barrera para la democracia en el sub-continente latinoamericano no es otra cosa que la pobreza y las enormes desigualdades sociales, producto de la dominación política y económica del imperio estadounidense sobre nuestros países, con la complicidad de la clase dominante criolla.

Finalmente, The Guardian anota que Bachelet hizo estas declaraciones “comentando sus estudios de Ciencia Militar (en el CID), los que condujeron a su nombramiento en 2002 como la primera mujer que ejerció el Ministerio de Defensa en Chile.” Ergo, más que Lagos, la nombró Ministra el Departamento de Estado de EE UU.

La continuidad del sistema neo-liberal impuesto a Chile por el imperio, la postura anti-latinoamericana de los gobiernos chilenos frente a la hermana Venezuela, el apoyo inmediato que dio Lagos a los golpistas venezolanos de ultra-derecha pro-yanquis en 2002, la reciente firma de Bachelet del TPP, etc., etc., son, al fin de cuentas, situaciones perfectamente coincidentes con lo que realmente ella encarna.