Edición Cero

Haroldo Quinteros Bugueño/ Profesor universitario, Doctor en Educación La oposición al gobierno se ha anotado un nuevo gol. No hay que ser muy astuto como... La querella de la Presidenta

Haroldo Quinteros Bugueño/ Profesor universitario, Doctor en Educación

La oposición al gobierno se ha anotado un nuevo gol. No hay que ser muy astuto como para no darse cuenta que todo el problema iniciado por la revista conservadora e hija putativa de la UDI «Qué Pasa» no ha sido sino una ingeniosa trampa en la que la Presidenta y sus asesores, tan ingenuos como ella, cayeron como niños. El ardid no pudo ser más elaborado. Consistía en hacerla cometer estos errores:

1. Cualesquiera que sean los argumentos que tenga Bachelet sobre su derecho a defender su honra personal, ella no puede aducir que se querella como una “ciudadana” más del país contra una publicación; es decir, desprendiéndose de su condición de Jefa de Estado. Eso, aunque legalmente sea posible, no lo es en la realidad política, que es lo que realmente importa. Un Jefe de Estado es siempre tal, trátese de un Presidente o un Primer Ministro, aquí y en todo el mundo.  Sólo como muestra, aunque la Presidenta alega que se querella como “ciudadana,” ha debido inevitablemente declarar La Moneda como su domicilio, pues, por supuesto, debe seguir cumpliendo funciones de Jefa de Estado. Además, cada día sus ministros y jefes de los partidos de la coalición de gobierno que encabeza le reiteran su respaldo, etc., etc. En suma, todo lo que haga Bachelet es político e inherente a su condición de Presidenta del país; por lo tanto, la suerte que corra la querella afecta mucho más al Poder Ejecutivo del país que a la ciudadana Michelle Bachelet.

2. Ni Doña Michelle ni sus asesores se dieron cuenta que el estigma que le han colgado sus enemigos políticos es que ella encarna hoy al Primer Jefe de Estado en democracia que se querella formalmente contra un medio periodístico en nuestro país.

3. Tampoco calcularon que el solo hecho de querellarse tendría que forzosamente levantar una polvareda nacional e internacional tanto por parte de la prensa conservadora de derecha, como de la generalidad de los organismos que agrupan a las asociaciones periodísticas de todos los colores y países.

4. Otro error es NO haber hecho lo que hacen los jefes de Estado normalmente en todo el mundo cuando se los acusa infundadamente; esto es, primero, expresar su molestia; segundo, demandar aclarar las cosas, y, finalmente exigir las consiguientes disculpas a los ofensores. La primera reacción de la Presidenta fue correcta,firme y propia de un Jefe de Estado. Calificó el ataque a su persona no sólo como una falsedad y un montaje, sino, además, como una “canallada.”

Luego de ello, «Qué Pasa» se disculpó, lo que le daba a la Presidenta y al gobierno la gran oportunidad de desbaratar definitivamente la estratagema que se urdía en su contra, dejando a la revista opositora, ante los ojos de todo el país, como tendenciosa y mal intencionada. Luego de las disculpas de “Qué Pasa,” el gobierno pudo haber centrado sus ataques –incluso querellarse- contra un individuo, el ciudadano Juan Díaz, la personas indicada como la iniciadora de la intriga, aunque no su real  autora.  No puede olvidarse que Díaz es uno de los formalizados en el caso Caval. Si bien es cierto que involucró a la Presidenta en él, no es menos cierto que lo hizo en  conversaciones telefónicas que fueron captadas por la policía. De modo que, si se asume que la Presidenta es inocente, no debió querellarse.

Si hubiese seguido los pasos mencionados, habría asestado un duro golpe a “Qué Pasa” y, además, castigado al falsario; y todo, sin haber irrespetado el derecho a la libertad de prensa. Como esto no se hizo, lo ocurrido fue un regalo que la oposición y “Qué pasa” aprovecharon muy bien, y siguieron felices con su plan. La revista retiró sus disculpas y volvió al ataque.

5. Bachelet y su equipo tampoco calcularon los efectos políticos de la querella. Cuando los abogados de la revista deban hacer su defensa ante los tribunales,lo harán con argumentos que nadie hasta hoy conoce, ni siquiera el gobierno. No sería extraño que esto complique más las cosas para la Presidenta, puesto que se verá obligada a nuevas respuestas e interminables contra-contra-contra- respuestas

6. El último error es el siguiente: la defensa de la revista alargará el trámite del libelo extendiéndolo indefinidamente, pasando por tiempos de elecciones y tomas de decisiones de Estado; vale decir, la querella estaría tramitándose en medio de la incertidumbre sobre su validez y su resultado final. Para entonces, en una atmósfera cargada de dudas, los enemigos del gobierno tendrán la mar de temas para la cotidianeidad politiquera, como todo lo que se destape en el juicio del caso Caval,  y las peripecias que en élla, la nuera de la Presidenta todavía tiene que jugar.

No puede ser más raro que Natalia Compagnon ha dicho nada sobre la forma en que Juan Díaz la involucra en todo el caso, y que, además, no es testigo clave en favor de la Presidenta en la querella.En fin, la Presidenta y sus asesores no calcularon nada, ni la bomba que muy sospechosamente hizo estallar “Qué Pasa,” ni lo que desde ahora sucederá en los tribunales. De seguro, la derecha no descansará en presentar a “Qué Pasa” como una dulce mártir de la causa de la libertad de prensa. Imagínense, una de las revistas más emblemáticas de la derecha política, la misma que controla más del 80% de los medios de comunicación de masas del país (de los cuales “Qué Pasa” es uno), que gobernó en una dictadura en que la obligación era callar… ahora exhibiéndose ante el mundo como mártir de la libertad de expresión.

En suma, Bachelet no debió jamás querellarse. Así como se están dando las cosas, si la Presidenta no gana la querella en un 100%, el libelo no será más que un boomerang. Dicho más claramente, si la causa se sobresee, Bachelet (y, obviamente su gobierno) habrá perdido la querella porque en tales casos no hay culpables; y si la querella es admitida sólo en parte, y “Qué Pasa” recibe una sanción mínima, quedará la sensación que, al fin de cuenta, la revista (y Juan Díaz) no estaban faltando del todo a la verdad. Y, bueno, ni hablar si la pierde. Presidenta, por su bien ¡retire la querella!