Edición Cero

Daniel Ramírez G. / Ingeniero Comercial –  Economista. La soberbia inherente a la clase empresarial, quedó una vez más de manifiesto en el encuentro... Esto es el lucro

drgDaniel Ramírez G. / Ingeniero Comercial –  Economista.

La soberbia inherente a la clase empresarial, quedó una vez más de manifiesto en el encuentro “gremial” organizado por ese sector. Refiriéndose al proyecto de reforma tributaria del programa presidencial, el presidente de la Sofofa, prácticamente amenazó al gobierno en la persona del ministro de hacienda que estaba presente. Si Uds. nos bajan las utilidades con la reforma tributaria, nos llevaremos las inversiones a otro país.

Esta es la cara sin capucha de los grandes empresarios nacionales.

La clase empresarial chilena, está tan acostumbrada a gozar y usufructuar, de los privilegios excepcionales que nuestro país garantiza a los dueños de la propiedad privada productiva, que no conciben disminuir sus tasas de rentabilidad a lo que socialmente corresponde, dada nuestra realidad, o a lo que los mercados internacionales o los países desarrollados, ofrecen a la inversión privada.

Hay Bancos que han recuperado el capital en 5 años y mineras que lo han hecho en dos. Nuestros empresarios están acostumbrados a tasas mayores al 20 % anual. No les importa lo que tengan que hacer para lograr esos beneficios. Está en el ADN del empresario nacional.

Un famoso economista nacional de la década de los 60, en su análisis sobre el desarrollo de Chile, postulaba que nuestro problema, para avanzar en el desarrollo capitalista, fue que no teníamos empresarios industriales. Solo teníamos comerciantes y dueños de fundo, de ahí que fue necesaria la creación de la Corfo para reemplazar esa deficiencia y lograr así la industrialización de nuestro país. Lo malo fue que esa clase empresarial inepta, después de ver las industrias nacionales creadas, les entró el apetito y se las apropiaron.

Está claro que una nación no puede descansar ni ser liderada por un sector social que no tiene el más mínimo sentido de nacionalidad, porque no lo tienen quienes amenazan con irse de Chile, a invertir en otro país donde puedan ganar más plata, sin considerar en absoluto, la necesidad de la creación de empleos y la producción de bienes y servicios necesarios a la población de su patria. No tiene ninguna significación para ellos, que esos mayores impuestos a pagar, servirán para mejorar la calidad de vida de su nación.

Queda claro también, lo que es el lucro en su esencia y cómo obliga culturalmente, a quienes lo reverencian, a ser intransigentes en la voracidad personal y en la nula capacidad de estimar un significado social a su trabajo, conducta o patrimonio. Esta es la razón principal por la que el lucro y quienes lo profesan, no pueden ser parte de un sistema educacional, de salud o previsional.

En una sociedad de mercado, de la cual el lucro es su columna vertebral, absolutamente todo se resuelve buscando o creando la oportunidad de hacer negocio, si algo no tiene opción de generar lucro, sencillamente el problema no se resuelve o se le pasa el “cacho” al Estado subsidiario.

Si existe una necesidad social de viviendas, se arma un paquete incluyendo subsidios del Estado, que sea atractivo para Bancos y empresas constructoras. Si se necesitan hospitales, cárceles o carreteras, se inventan las concesiones. Cuando se conoce la cantidad de dinero que el Estado y los trabajadores colocan en los sistemas de salud, educacional y previsional no pueden resistirse a la necesidad patriótica de sacarles “eficiencia” a estos sectores. Las entretenciones que se ofrecen a la sociedad, sea deportes, cine o televisión, existen, como todo lo demás, porque son un excelente negocio, no porque la sociedad las necesite.

El empresario es el hombre que busca por sobre todas las cosas el lucro y que como consecuencia de ello genera empleo y ojala, el mínimo y al mínimo costo. Así lo ordena la cultura del lucro. No podemos permitir que estos hombres manejen la educación, la salud y la previsión de nuestro país.