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Quien entrega este testimonio, Luis Alberto Caucoto Ortega, periodista y con estudios en el área de la Sociología,  estuvo detenido tras el golpe militar,... TESTIMONIOS: Luis Caucoto recuerda su paso por el campo de prisioneros de Pisagua

carcel de pisaguaQuien entrega este testimonio, Luis Alberto Caucoto Ortega, periodista y con estudios en el área de la Sociología,  estuvo detenido tras el golpe militar, con sólo 23 años. Cuando sobrevinieron los trágicos sucesos, era estudiante de Sociología en la Universidad de Concepción, pero retornó a la Oficina Salitrera Alianza, para reunirse con sus familiares. Acá fue detenido, primero en el Regimiento de Telecomunicaciones y luego en Pisagua, el periplo que seguían casi todos los presos políticos. Posteriormente  fue relegado a puerto Aguirre al interior de Aysén, en el extremo sur del país. Y, al concluir la pena, partió al exilio, en Ecuador, donde permaneció hasta 1981.

De regreso a Chile, decide volver al norte y se instala en Iquique con  el Centro Profesional de Asesoría y Asistencia Técnica, CEPAAT, que realizaba una destacada laboral junto a los trabajadores pesqueros y mineros y cumple un rol fundamental en la recuperación de la democracia.  Durante esos primero años  fue nombrado Seremi del Trabajo. También trabajó en el FOSIS y en el Departamento de Relaciones Internacionales del Gobierno Regional. Hoy se desempeña como profesional del Municipio de Iquique.

Junto a los demás presos políticos, Luis Caucoto desfila hacia la cárcel de Pisagua, para el encierro.

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Este es su testimonio:

SOLDADO PEDRO PRADO: UNA HISTORIA DE MONTAJE

 “El dos de octubre del 73, cuando me traían a Iquique después de mi segunda detención en el Campamento Alianza, los carabineros que me custodiaban se detienen en el retén de Alto Hospicio y preguntan al oficial de guardia sobre cómo estaba el ambiente en Iquique. El oficial le cometa -anoche hubo jaleo y mataron a un soldado y se fugaron unos presos-. Yo pensé, al escuchar el informe, que me estaban asustando, por lo cual no le di importancia a ese hecho.

 Una vez en el Regimiento de Telecomunicaciones, en la noche, se produce un hecho  que cobraría relevancia meses más tardes. Se apagan las luces y muchos ruidos de armas, en la oscuridad, aparecen, entre garabatos y amenazas, un grupo de compañeros que estaban siendo trasladados al galpón donde estábamos nosotros. Diviso entre el grupo a varios amigos que estaban en el polígono, les llamaban el grupo “chanavayos”,  nombre con el cual motejaban a los compañeros socialistas porque meses antes habían sido detenidos y acusados de estar preparando guerrilleros en el  balneario “Chanavayita”, localidad ubicada al sur de Iquique.

En el grupo, al parecer y de acuerdo a lo que se comentó más tarde, habrían estado Marín y Miller, pero en situación de “incomunicados” o separado del grupo, pero en el mismo lugar.

En  esos días, al interior del galpón se elucubraba bastante sobre lo que había pasado esa noche del 1 de octubre, matizado con los resultados de las torturas a las cuales ya eran sometidos varios compañeros que días y meses más tarde, serían fusilados en  Pisagua.

Diviso en el galpón a  Palominos que está en una especie de corralón, a Haroldo Quinteros  y Juan Antonio  Ruz que llegan golpeados y con quemaduras de cigarrillos en partes del cuerpo. También a Torito y Juan Hervas, el primero fusilado y el segundo trastornado por las torturas… Y así hay varios que desfilaron por las manos, seguramente, del guatón Fuentes o Aguirre, entre otros  torturadores.

Días después, en el Telecomunicaciones y Pisagua, los militares corren la voz que escucharon a Marín y Miller, en radio Habana, relatando cómo huyeron del regimiento telecomunicaciones, donde destacan que se fugan después de matar a un soldado y huir hacia los cerros… caminar por el desierto de noche y se enterraban en el día, hasta llegar a la frontera con Perú.

Cabe aclarar que, por información que entregaban los mismos militares, en el desierto de Tarapacá, en esa época había más de 20.000 efectivos, entre los cuales muchos eran comandos que recorrían cada espacio de esa árida zona.

 Esto último sin duda, formaría parte del montaje que buscaban para dar credibilidad a la versión oficial, y de esa manera ocultar el crimen del soldado Pedro Prado,   de Miller y Marín. Situación que más tarde repetirían con un grupo acusados de narcotráfico, a quienes se les fusiló, informando posteriormente a las familias que habían sido dejados libres, en el cruce de la panamericana y que habrían salido del país, supuestamente hacia Perú. Sus restos fueron encontrados años después en la fosa de Pisagua.

Y así, podría seguir relatando muchos episodios terribles de la historia de nuestro país, vividos en Iquique y Pisagua, pero como ejemplo y para contribuir con mi testimonio me referí al caso del soldado Pedro Prado y al de las personas acusadas de narcotráfico. Pero el horror fue mucho más…

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Luis Caucoto, a la derecha, junto a su amigo de toda la vida Juan Gómez, al momento de la relegación, en 1975

EL HOY: “SIGO SOÑANDO COMO CUANDO TENÍA 20 AÑOS”

 Son demasiados los recuerdos que me han perseguido todos estos años, pero pese a ello, he tratado de ser una persona íntegra junto a mi familia. No guardo rencor, me he integrado a la sociedad con todos los costos que tuve que pagar por estar preso, relegado y exiliado. Y al volver al país, la situación no fue fácil. Decidí ser consecuente con mi pensamiento y me sumé a la lucha por terminar con la dictadura. Me siento satisfecho de haber contribuido en algo a ese proceso que nos permitió recuperar la democracia, que con todas sus imperfecciones, nos impone nuevos desafíos.

 A 40 años del golpe, acá estoy, de pie, convencido de mis pensamientos. Un ciudadano como tanto otros que aportamos a nuestra ciudad y a nuestro país. Y con una familia con la que hemos sorteados penas y alegrías, también como tantas otras. Y felices. ¿Qué puedo decir? Ganamos, porque no me destruyeron y como cuando tenía 20 años, sigo soñando…  y sigo siendo un  hombre de bien.

Por: Periodista Anyelina Rojas V.