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Después del fatídico 11 de septiembre de 1973, de inmediato comenzaron las detenciones de militantes y simpatizantes de los partidos de la Unidad Popular... Hector Marín: “Cuarenta años hubo que esperar para ver una luz de justicia”

hector-marín comentarioDespués del fatídico 11 de septiembre de 1973, de inmediato comenzaron las detenciones de militantes y simpatizantes de los partidos de la Unidad Popular o de todo aquel que resultara sospechoso. En Iquique, los presos pasaban primero por el Regimiento de Telecomunicaciones, en la calle Pedro Prado con Thompson; para luego ser trasladados, en su gran mayoría, al campo de prisioneros de Pisagua.

De hecho, las primeras ejecuciones ocurren a 18 días del golpe militar, sin que los detenidos accedieran a una mínima defensa. Así encontraron la muerte de manos de sus carceleros, Juan Calderón Villalobos, Marcelo Guzmán Fuentes, Luis Lizardi Lizardi,  Michael Nasch Sáez, Nolberto Cañas Cañas, ocurridas el 29 de septiembre. Y Juan Jiménez Vidal, Julio Cabezas Gacitúa, Mario Morris Barrios, Juan Valencia Hinojosa, Humberto Lizardi Flores y José Córdova Croxato, ejecutados el 11 de Octubre, tras el mal llamado primer Consejo de Guerra.

La primera querella por la muerte de los detenidos desaparecidos y los ejecutados políticos de Iquique y Pisagua, se presentó en 1987 por el abogado de la Vicaría de la Solidaridad, Carlos Fresno, es decir, 14 años después de ocurridos los crímenes. La causa pasó a la Justicia Militar y fue sobreseída.

El 2 de junio de 1990, fue descubierta la fosa clandestina de Pisagua, donde aparecieron los restos de osamentas, que daban cuenta de muerte por impactos de bala, vista vendada y ataduras de mano, de prisioneros de quienes se dijo oficialmente, incluso, que habían sido dejados en libertad.

Este hecho conmocionó a la ciudad de Iquique, a Chile y el mundo entero, porque desde las entrañas de la tierra, salía a la luz una verdad sistemáticamente negada por las autoridades militares y el Ejército de Chile, que administraba el campo de prisioneros de Pisagua.  Y da pie, para que se presente una segunda querrella, con las evidencias a la vista.

Se designa como Ministro en Visita, al ministro de la Corte de Apelaciones de Iquique, Hernán Sánchez Marré, pero pese a los avances logrados en esta primera investigación, que se da en los albores de la recuperación de la democracia, nuevamente pasa a la justicia militar. El juez debió declararse incompetente, ya que había militares involucrados, por lo tanto la causa era competencia de los tribunales militares.  De esta forma, nuevamente se amagaron los deseos de verdad y justicia.

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Entre los años 1995-96 nuevamente se retoma la investigación, ya que se empiezan a abrir los casos en la justicia ordinaria.  Uno de los investigadores fue el juez Guzmán, que en varias oportunidades se constituyó en Iquique y Pisagua, en búsqueda de nuevas osamentas. La mayoría de los datos proporcionados en el curso de la investigación, no eran fehacientes y se logró avanzar relativamente poco.  Pasaron otros investigadores hasta que hace 4 meses, se designó como ministro de fuero a Mario Carroza Espinoza. En 4 meses logró avanzar, lo que no se pudo –o no se quiso- en 40 años.

Héctor Marín, hermano de Jorge Marín Rossel, ultimado cuando tenía 19 años, señaló que se sentía feliz por este histórico avance de la justicia. “Hoy el ministro se reunió con todos los familiares, antes, lo hice yo, con él en Santiago y hemos constatado que es un hombre que tienen gran sensibilidad por el tema y que tiene un genuino interés por hacer justicia”, señaló emocionado.

Más aún, contó Héctor Marín –que ha dedicado su vida a la causa de los Derechos Humanos- que el juez Carroza reconoció que “la justicia fue cómplice de la dictadura, porque no hizo justicia. Ahora el ministro se ha comprometido con nosotros, para llegar a la verdad e ir avanzando en los casos, según la fecha en que los crímenes fueron ocurriendo”.

El próximo caso que será incorporado en la etapa de las acusaciones, es por el de Marín y Miller, es decir, el proceso que investiga la muerte de Jorge, su hermano.

  Autora: Periodista Anyelina Rojas Valdés